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El incendio del Teatro Peón Contreras, una desgracia para la cultura yucateca

El incendio del Teatro Peón Contreras, una desgracia para la cultura yucateca (3)
Vista del fuego en el segundo nivel.

El Día de Muertos en Yucatán ha tenido un mal fario este año 2022. Por causas aun no determinadas, un incendio ha dañado el venerable inmueble, que es el recinto primordial de la cultura en el estado. El suceso no es un hecho menor, y es necesario que se tenga un dictamen que no deje el más mínimo resquicio de dudas sobre si hubo o no responsables de tan lamentable infausto. A lo largo de su historia, el Teatro Peón Contreras ha sufrido algunos incendios, algunos de ellos no pasaron de ser unos conatos. Nunca antes uno de esta magnitud. Lo increíble es qué sucedan estas cosas con todos los avances técnicos con los que se cuenta en la actualidad, en caso de haber sido un corto circuito la causa del siniestro. Hay que analizar causas y posibles responsables de lo sucedido, pues está en juego la supervivencia de un inmueble que es patrimonio de todos los yucatecos. Pasemos a analizar circunstancias de las instalaciones, y los riesgos que éstas implican.

El Teatro Peón Contreras, es un inmueble de altísimo riesgo. ¿Por qué afirmamos esto? Muy sencillo, porque está lleno, de arriba a abajo, de materiales de alta naturaleza combustible. Telones, telares, sillas, alfombras, toda la complicada estructura de la tramoya, que es totalmente de madera y que tiene muchísimos años de uso, el gran telón de boca, el escenario mismo que es de madera también; todo este bagaje de accesorios e instalaciones, son como una enorme yesca que, al calor de una chispa, se transforma en un infierno, en un abrir y cerrar de ojos. Lo cual, en este caso, afortunadamente no sucedió, pero puede llegar a suceder. Estas circunstancias de altísimo riesgo, deben estar contempladas en la visión de quien o quienes sean los responsables de la guarda de este inmueble – patrimonio. Debe haber siempre, en las instalaciones, una persona encargada de velar por la seguridad permanente del inmueble, y no una, sino varias, pues por su tamaño y complicación de su estructura, no puede ser cubierta esta función por una persona sola. Es necesaria una vigilancia permanente y eficaz. Ignoramos si este personal existe o no. Desde luego, debe existir.

Nos han llegado varias versiones de la causa del siniestro. La más coherente es que, un corto circuito, sucedido en la cabina de luces del segundo nivel, haya sido el origen del infortunado incendio; el cual se contagió a los muebles más próximos, y así se propagó como un carril de fichas de dominó. Otra versión que nos ha llegado es que, el incendio se inició en el techo. No encontramos una razón lógica y fundada de que pueda ser así. El techo, si hablamos del de la sala, el cual está coronado por la cúpula, no tiene materiales altamente inflamables. Si se trata del techo, sobre el escenario, el que cubre las instalaciones de la tramoya, eso es otra cosa. Ahí si hay material con la capacidad de arder a la menor circunstancia favorable al fuego. También se dice que, la lámpara monumental se vino abajo, sobre las butacas del lunetario; como si de la historia del Fantasma de la Ópera se tratara. Pero, tanto unas como otras versiones, son tan sólo especulaciones. Es necesario esperar el informe oficial de lo sucedido realmente en el recinto.

El Teatro Peón Contreras, ha existido desde siglos atrás, desde luego no con este nombre. Su origen se remonta a los tiempos de la colonia, con el nombre de Teatro de San Carlos. El Lic. Gonzalo Cámara Zavala, en su docta obra “Historia del Teatro Peón Contreras”, lo describe como un edificio de palos amarrados y techo de huano; esto en los tiempos más remotos de una ciudad naciente. Posteriormente, es ya un edificio de madera y techo de láminas, por cuyas ventanas laterales se colaba el olor de las fritangas, de los puestos que rodeaban el inmueble. A fines del S. XVIII o inicios del XIX, se convierte en un edificio de mampostería. Su fachada no ocupaba la extensión total que hoy tiene, sino tan sólo una parte de la extensión de la cuadra. En el último tercio del S. XIX, es adquirido por un empresario, el Sr. Antonio Bolio Guzmán, quien lo renombra como “Teatro Bolio”. Al Sr. Bolio, se lo compra Don Francisco Zavala, un hombre culto, quien toma la decisión de honrar al máximo dramaturgo yucateco, el Dr. José Peón Contreras, y le impone su nombre al teatro. Muere Don Francisco Zavala, y su viuda, Doña Adelaida Castillo Cámara, sostiene el recinto cultural contra viento y marea. Cuando su economía ya no le permitía sostener el teatro, aparece Aurelio Portuondo, rico azucarero cubano, quien integra la Sociedad Regil y Portuondo, la cual lo compra y compra también los predios contiguos para ampliar el teatro. Portuondo trae de Italia a unos arquitectos que proyectan el nuevo edificio, para dejarlo como hoy lo conocemos. Enrico Deserti y Pío Palentini son los autores de esta magna obra. Completó la belleza del recinto la pintura al fresco de la cúpula, obra de Nicolás Allegretti.

El incendio del Teatro Peón Contreras, una desgracia para la cultura yucateca
Los bomberos en acción.

Desde ese momento, el Teatro Peón Contreras se convierte en el principal recinto cultural del Estado de Yucatán. Eventos como los conciertos de la Orquesta Sinfónica de Yucatán que convocan a una cantidad muy significativo de gente, son una delicada responsabilidad para las autoridades en cuya responsabilidad recae el resguardo de la seguridad de esta comunidad que concurre a los eventos culturales. Por fortuna, el incendio ocurrió en un momento en el que el recinto no estaba activo; otra cosa muy distinta hubiera sido si esto ocurría en un evento como los conciertos dominicales, en los que, el teatro está totalmente ocupado en todos sus niveles. Un imprevisto que requiera la evacuación del multicéfalo podría tener consecuencias trágicas. Además, es indispensable plantear algunos cuestionamientos. ¿Por qué el Teatro Peón Conteras no cuenta con un sistema eléctrico con medidas técnicas de seguridad? Para nadie es un secreto que, actualmente se puede tener un sistema de pastillas térmicas que, en caso de un corto circuito, se botan y cortan el paso de la corriente evitando los incendios. ¿Por qué nuestro principal coliseo no tiene telones y butacas de calidad no inflamable? En años no lejanos se invirtió una cantidad muy respetable en la mejoría del recinto, que dilató varios meses. ¿En ese tiempo, no se pudo resolver estas necesidades?

En estos momentos, el infortunado incendio nos ha privado de nuestro principal recinto cultural. No sabemos a ciencia cierta qué tan graves fueron los daños. Si el humo y el calor dañaron o no los frescos de Allegretti en la cúpula. Si el monumental candil sigue colgando en el recinto o se vino al suelo, sobre las butacas. Son muchas las especulaciones que están circulando. Realmente, en su historia, se han registrado varios incendios, algunos terribles, cuando el recinto era totalmente de madera, y se consumió todo. En los tiempos contemporáneos, recordamos un ligero incendio en la galería de la calle 57; y una amenaza al telón de boca, pero nada de importancia. Este grave siniestro debe ser un campanillazo de alerta, pues algo semejante, con teatro lleno, podría tener consecuencias incalculables, y podría poner en entredicho a las autoridades del estado, a todos sus niveles.

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