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SURGEN LEYENDAS URBANAS EN ESTOS DÍAS DE FINADOS EN VALLADOLID

Escritores y Asociaciones en Valladolid Yucatán, ocupan espacios como el parque principal, el cementerio general y las redes sociales para dar a conocer relatos y leyendas que les han contado por amigos, familiares o conocidos.


El amigo Freddy Aguilar narra que cuando se acercaba la fecha de fecha un día antes de los fieles difuntos o sea a los adultos, bromeando le dijo a su esposa que seguramente el día de mañana vendría su suegra a visitarlos, por lo que ella le contesta un poco enojada que con ello no se juega y que cuando venga sin duda alguna le dará un susto.


Al llegar la noche y olvidando el cometario, Francisco sale con los amigos a tomar un café y llega a su casa cuando el reloj iba a dar las 12 de la noche; se prepara y se acuesta, pero no conciliaba el sueño, cuando de repente escucha que la mesa de la cocina se movía continuamente provocando un ruido al arrastrarla, por lo que se cuestionó de que era lo que estaba pasando, se levantó fue al baño y al pasar por la cocina se da cuenta que todo está tranquilo, así que se regresa a su cuarto y nuevamente al acostarse, vuelve a escuchar los ruidos y entonces vino a su memoria lo que dijo de su suegra, recordando que cuando ella vivía y acudía a su casa a ayudar a su esposa, siempre hacia ruido con los trastes, imaginándose que era ella la que había llegado a su vivienda, siendo el día de los fieles difuntos, comentando que en voz alta habló dirigiéndose a ella diciendo: suegra le agradezco que venga a visitarnos, es usted bienvenida y después de ello dejó de escuchar ruidos y se durmió.


Agrega que cuando amaneció al día siguiente, su esposa le preguntó que si él había movido la mesa de la cocina pues estaba ubicada de manera contraría a como siempre estaba, contándole lo que había experimentado la noche y madrugada de ese día. Ella le externó que estas cosas suceden cuando jugamos o no creemos que las ánimas de nuestros familiares ya fallecidos, regresan en estas fechas a visitarnos.


Un amigo que ahora D.E.P. y que en vida trabajaba de taxista con destino a Cancún Quintana Roo y que viajaba desde muy de madrugada, refiere que uno de esos días precisamente de los finados en que no encontró pasajeros para salir de la Valladolid, confió en que en el camino llenaría su cupo, por lo que emprendió el viaje y en un entronque de carretera a la mitad del trayecto, vio que una muchacha le indicaba parada y así lo hizo, diciéndole que se pasara al asiento trasero ya que traía una camioneta grande tipo van.


Como la joven se notaba que era muy callada, cuenta que no le buscó platica y al divisar que se acercaban a su destino, volteó para indicarle a la muchacha que a donde la dejaría y solo vio un bulto que cargaba cuando se subió a su carro, paró inmediatamente y la empezó a buscar y nada, por lo que revisó el bulto y en él solo encontró un montón de huesos, entrándole un escalofrío y de allí le empezó una calentura que solo se le quitó cuando fue a la iglesia y pidió por el alma de esa pobre jovencita, que quien sabe en qué condiciones había fallecido.


A un servidor su padre le contaba que alado de su casa llegó a vivir un matrimonio de personas muy jóvenes que tenían un bebé de apenas un año de edad, pues sus padres que vivían en otra ciudad, se las habían prestado; señala que los terrenos de esas viviendas en aquella época eran muy extensos y en el centro de ellos había un pozo comunal donde todos agarraban agua para lavar, regar, bañarse, beber, etc. y eso era un trabajo muy cansado, sobre todo para la muchacha que se quedaba sola toda la semana, pues su marido trabajaba en Quintana Roo.


Dice que siempre escuchaban que se quejaba que era mucha la carga, preparar comida, lavar, ir por el agua hasta el pozo, cuidar al bebé y limpiar la casa y algunas veces oyeron que regañaba a un perro que su marido le había traído desde su lugar de trabajo, el cual encontró con hambre y sed y sin dueño. Ella siempre le decía al animalito: ¡en buena hora te trajeron! ¡no me ayudas para nada¡ ¡ solo me estorbas, cuando me ayudaras ¡ y así era todos los días, hasta que uno de ellos en estos día de los pixanes, cuando iba a ir por agua al pozo, tropezó con el perrito y molesta le dijo que ya la tenía harta, gritándole que ojala y cuidara a su hijito mientras regresaba y si no lo hacía al regresar lo correría a la calle.


Cuenta su familia que al acercarse a su chocita, escuchó que alguien cantaba “a la rorro niño, a la rorro amor, duérmete mi niño, duérmeteme ya, que se acerca el coco y te comerá” y al asomarse lo que vio la dejo sin habla y muda para siempre, pues el perrito era el que estaba cantando y meciendo al bebé en la hamaca donde se encontraba durmiendo.

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