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Deportes y otras diversiones (19)

Las tradicionales cucañas (palo ensebado), sortijas y dzopsandías, motivos de recreación para las clases populares durante gran parte del siglo XIX, y que tenían lugar casi siempre en las calles, a finales de este comenzaron a ceder terreno ante otras diversiones importadas de otras latitudes, como el béisbol, por ejemplo.

En noviembre de 1900 se informó que un grupo de jóvenes se habían animado a formar tres nuevos clubes de béisbol con los nombres de Mérida, Cuba y Yucatán. Los integrantes del primero vestirían trajes en blanco y negro, los del segundo, en azul y blanco, y los del tercero llevarían los colores de la bandera nacional.

Los equipos de Mérida y Cuba comisionaron al Sr. José García Fernández, capitán del segundo equipo, para que viajara a La Habana con el fin de comprar trajes y demás implementos nuevos para ambos clubes.

Los integrantes de la Junta Directiva del Cuba eran los siguiente: Guillermo Sanjenís, presidente; Bernardino Alonzo, vicepresidente; Mario Loret de Mola, tesorero; Augusto Molina Figueroa, protesorero; José Oliva, secretario; Marcos Valencia, prosecretario; Alfonso Peón Zetina, Arturo Zavala, Carlos Guzmán O., Francisco Gutiérrez Ávalos, Luis Améndola, Miguel Espinosa E., Enrique Lluch y Cloridano Betancourt, vocales propietarios; Félix Fernández, Anastasio Novelo, Clodoaldo Sacramento, Cecilio Marsol, José María Espinosa, Domingo Rodríguez, José María Villanueva y Miguel Carranza, vocales suplentes; José García Fernández era el capitán y organizador del club y Rafael Govantes, director de práctica.

            El domingo 11 de noviembre, de una a seis de la tarde, en la plazoleta de Itzimná, frente al local que ocupaban los Recreos, tuvieron lugar los primeros ensayos del juego de pelota entre los miembros de los nacientes clubes. (1)

            […] Reinó el mayor entusiasmo jugándose varios matchs con muy buenos resultados, pues en su mayor parte, los jugadores, son poco más o menos prácticos, por haber sido componentes de los anteriores clubs de pelota […] (2)

El domingo 18 de noviembre por la tarde, en el mismo terreno de Itzimná, hicieron sus ensayos los componentes de los clubes Cuba y Pablo González (3). En los siguientes años se sumarían más equipos hasta convertirse en un deporte de masas.

En el casino de La Unión se instalaron dos salones: uno de boliche y otro de tiro al blanco para uso exclusivo de sus socios (4). En La Lonja Meridana, que operaba en el hotel Peninsular, había mesas de billar y carteados lícitos. (5) En Motul y en Temax también había pequeños casinos. (6).

A mediados de enero, cerca del parque Hidalgo, Juan Rendón y Cía. abrió la Gran Tómbola La Mexicana con una enorme variedad de objetos curiosos “de gusto y de lujo”.

            […] ¡¡¡ Tres números por una peseta!!!

            Con solamente ocho centavos se puede obtener un objeto hasta de oro de primera clase.

            No se admiten menores de edad […] (7)

Para aprovechar la gran afluencia de personas a la feria de Santiago, Benigno Palma Moreno abrió en su domicilio otra “elegante tómbola” con multitud de objetos preciosos:

            […] Pero lo más precioso de allí y lo que más atrae la vista (la mía cuando menos) es un grupo de bellas señoritas correctamente ataviadas y que sonriendo amablemente hacen de dependientes. El cuadro es encantador y, la verdad, para echar la suerte, no iría más que allá […] (8)

Otras diversiones eran las peleas de gallos (9), así como la ruleta, juego de barajas y dados; para estos últimos se utilizaba un simpático eufemismo: las muelas de santa Apolonia; los juegos de azar eran demonizados, ya que además de ilícitos los opinantes consideraban que tenían un impacto moral negativo en la comunidad.

            […] Nos informan que en el interior del Hotel Concordia, hay establecida desde hace algunos días, una ruleta que funciona con pasmosa regularidad todas las noches de 7 a 12.

            El inmoral y pernicioso juego de la ruleta no se ha permitido nunca ni en muchas de las tradicionales fiestas de Santiago, y nos extraña de veras que en plena plaza de armas, lugar en donde está ubicado el hotel al que aludimos, se hubiese instalado con positivo derroche de impunidad.

            ¿Estará al tanto de esto el C. Jefe Político?

            ¿Los rematadores de los juegos ilícitos están facultades para instalarse en la mismísima plaza de la Independencia?

            La moral pública está amenazada de cerca y deben las autoridades locales evitar el que se le escarnesca […] (10)

El llamado del periódico a las autoridades fue estéril, pues a mediados de abril la ruleta seguía operando sin problemas. (11) La abierta tolerancia de las autoridades era duramente criticada, sobre todo cuando se involucraba a menores de edad:

             […] En efecto, antes, respetando unos artículos que figuran en nuestro cuerpo de leyes penales y respetando también a la sociedad, a quien se ultraja con la tolerancia del vicio, no cabía el juego más que clandestino, a hurtadillas: los tahúres, diezmados por la tenaz persecución, huían, siempre formaban pequeños corrillos que, burlando ansiosos seguros escondites donde pudiesen jugar más o menos tranquilos, y no era remoto que la justicia cayera sobre ellos, sorprendiéndolos en torno de la mesa que irrisoriamente denominan tálamo los que junto a ella han perdido la dignidad y la vergüenza o han empeñado su nombre y sacrificado el decoro de su hogar.

            Antes, el juego era huésped recatado. Como la prostitución, buscaba los rincones, la soledad, el aislamiento… Hoy el juego tiene la desfachatez de la impudicia.

            Ahora bien: ¿A quién le toca corregir tamaño mal? Acaso sabría respondernos el Gobierno que es a quien incumbe educar al pueblo y velar por la moral pública, cosas contra las cuales ostenta el juego […] (12)

La mala imagen que se tenía de los juegos de azar y de quienes los practicaban, así como de las consecuencias personales y sociales de esta afición, quedan patente en este soneto de español Carlos Valverde López, publicado en La Revista de Mérida:

[..] El Jugador

Sin Dios, porque le olvida en su locura;
Sin ley, porque atrevido la vulnera;
Sin hogar, porque infame le perdiera;
Sin hijos, porque pan no les procura;

Sin salud, porque tiene calentura;
Sin fe, porque del cielo desespera;
Tal es del jugador la verdadera,
Imponente fatídica figura.

Vedle: llega al tapete, su atonía
En sorda excitación se cambia luego,
Late su corazón con furia impía;

¡Ay! Se siente morir, olas de fuego
Azotan su cerebro…. y todavía
Con cavernosa voz exclama: ¡juego! [..] (Continuará)

Referencias

(1).- Tres clubs de Base-Ball. (1900, 10 de noviembre). La Revista de Mérida, p. 3; véanse también: Tres Clubes de Pelotaris. (1900, 8 de noviembre). El Eco del Comercio, p. 2; Diversiones para hoy. (1900, 11 de noviembre). La Revista de Mérida, p. 2.

(2).- Los ensayos de Base-Ball. (1900, 13 de noviembre). La Revista de Mérida, p. 2.

(3).- Ensayos de Base-Ball. (1900, 18 de noviembre). La Revista de Mérida, p. 2.

(4).- Tiro al Blanco y Juego de Bolos. (1900, 5 de abril). El Eco del Comercio, p. 2; véase también: En el Casino. (1900, 10 de mayo). El Eco del Comercio, p. 3.

(5).- Sobre estas diversiones véase. (1900, 26 de abril). El Eco del Comercio, p. 2.

(6).- Sobre estos establecimientos véase: (1900, 21 de enero), El Eco del Comercio, p. 1 y  Tres decretos del Ejecutivo. (1900, 11 de noviembre). El Eco del Comercio, p. 2.

(7).- La Gran Tómbola “La Mexicana”. (1900, 16 de enero). El Eco del Comercio, p. 3.

(8).- La suerte entre rosas. (1900, 24 de julio). El Eco del Comercio, p. 2.

(9).- Peleas de gallos. (1900, 18 de noviembre). El Eco del Comercio, p. 2.

(10).- Ruleta en la Plaza de Armas. (1900, 30 de enero). El Eco del Comercio, p. 2.

(11).- Notas del domingo. (1900, 17 de abril). El Eco del Comercio, p. 2.

(12).- Grandes efectos sociales y su único remedio posible. (1900, 21 de junio). El Eco del Comercio, p. 2; véase también: Menores que juegan. (1900, 6 de abril). La Revista de Mérida, p. 2.

(13).- Valverde López, Carlos. (1900, 27 de mayo). El Jugador. La Revista de Mérida, p. 2.

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