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Azteca y Maya, historias artísticas y culturales comparadas

Azteca y Maya, historias artísticas y culturales comparadas

En nuestro país se desarrollaron grandes culturas. Todas, con personalidad propia y expresiones artísticas maravillosas, deslumbrantes y fraguadas en la inteligencia del hombre, lo que es de si, universal.

Monte Albán, Tenochtitlán, Chichén Itzá, Uxmal, Palenque, Tajín o Tulum, son hoy, débiles sombras, de lo que fueron en su realidad temporal.

En cada uno de estos lugares, el hombre tuvo dominio de su entorno, adquirió conocimiento pleno de él y supo sacarle obras de esplendida belleza artística, belleza artística que hasta en nuestra era digital, cuántica e intergaláctica, causa asombro a los sentidos.

Esas culturas ancestrales fueron transformadas al tener contacto, y mezclarse con lo extranjero. Entonces, sonidos, olores, esencias, especias, texturas de los textiles, colores, fauna, flora y la piramidal arquitectura, trocaron.

Al fraguarse la dominación española en el orbe azteca, sucedieron nuevos modos culturales, en los que tuvieron un papel preponderante las artes, debido a su eficacia para acomodarse en los modelos artísticos de aquella cultura ancestral desarrollada en las aguas del lago de Texcoco.

Toda dominación colonial, para conseguir todos sus fines, debe lograr el cambio más trascendente de todos: el psicológico, en cuyo mundo habitan ideas y los conceptos del universo.

El cristianismo y sus patrones artísticos, basados en el sufrimiento, las heridas y la sangre de cristo, nada tenía que ver con los generados a partir de la serpiente emplumada (Quetzalcóatl o Kukulkán), o Tláloc y Chaac (Dios de la lluvia, entre mayas aztecas y mayas).

Una cruz de la que colgaba un hombre ensangrentado, fue la nueva imagen de una divinidad que tuvieron ante sus ojos todos aquellos nativos de estas geografías tutelares. Ese nuevo Dios, vino acompañado de una estética, apabullante en el canto, esplendorosa en la plástica, y de textos impregnados de glorificación.

Nada más obtener el dominio de las instituciones e instalaciones fundamentales del imperio azteca, los españoles estructuraron lo necesario para penetrar en la psique de estos, y sacar de su pensamiento ancestral, las Serpientes Divinas y los elementos de la naturaleza consagrados en sus conceptos religiosos. La praxis religiosa anterior era borrada de la psicología de los habitantes del valle de México para tomar un nuevo orden como pensamiento mestizo.

Así, flores, sahumerios, rezos, cantos de alabanza, sonidos instrumentales, adornos en los altares, vestimentas sacramentales, y el idioma para decir todo ello, revivieron en el cambio lingüístico, con una nueva forma de expresión de las ideas artísticas.

Sabemos que la música y el rezo, -habitantes de la casa del canto-, y la teatralización de ello, dieron estirpe a un arte que trató de ser implantación del castellano, pero que salió acorde a la sensibilidad del habitante ancestral de estas tierras. Los españoles trajeron el azahar y obtuvieron a cambio el cempaxúchitl y el pujuc.

Fue fray Bernardino de Sahagún, -con la fundación, el 6 de enero de 1536 del colegio de Tlatelolco-, quien contribuyó a que los aztecas asimilaran la nueva realidad, y lo hizo a través del arte. En ese plantel escolar se estudiaba gramática, lógica, retórica, aritmética, geometría, astronomía y música y canto. Gracias a ese colegio se pueden seguir los pasos de la historia mestiza de México.

En el sureste del valle de México, la expansión del arte religioso por la península maya, se inició en 1535, cuando llegaron los primeros franciscanos a Champotón. Se dice que pisaron playa tocando chirimías y entonando cantos. El arte llegaba del mar y lo expandía el viento porteño.

Jacobo de la Testera estuvo en esas tierras acompañado de cuatro frailes más. Fracasó en su intento.

Para 1537, llegó un nuevo grupo de cinco franciscanos para trabajar en la evangelización, sin frutos evidentes. Montejo el viejo hacía incursiones en esos lugares y su fama de cruel, impedía el contacto racial y artístico.

Después de los contactos de 1535 y 1537, en 1540 los españoles llegaron a Campeche y en 1542, el hijo y el sobrino de Francisco de Montejo inician la dominación de la península maya.

Este hecho acontece oficialmente El 6 de enero (misma fecha de la fundación del colegio de Tlatelolco), cuando el joven Francisco de Montejo lee el acta de la fundación de Mérida y reparte algunos terrenos para uso de sus acompañantes. De inmediato se funda Valladolid y luego Salamanca de Bacalar, Chetumal.

En 1546, provenientes de las Misiones de Guatemala, llegó a Yucatán un grupo de franciscanos compuesto por Luis de Villalpando, Juan de Albalate, Ángel Maldonado, Lorenzo de Bienvenida, Melchor de Benavente y Juan Herrera.

El Mozo Montejo recibió entusiasmado a los religiosos y mandó llamar a los caciques para informarles de la labor de estos, recomendándoles que aprendieran el cristianismo que los redimiría.

Después de 1546 -y durante cien años-, llegaron a Yucatán 348 franciscanos. Entre estos, fray Diego de Landa quien lo hizo en 1549, desarrollando a partir de esa fecha, una carrera vertiginosa en la cual asumió los cargos más importantes de entonces, Guardián de convento, Custodio, Provincial y Obispo.

Posterior a su nombramiento como Primer Provincial, continuó severamente, la persecución de la idolatría, imponiéndose como meta la erradicación total de la cultura de los naturales. La manera de proceder de este joven fraile de Cifuentes, no tenía nada que ver con los actos inteligentes de Fray Bernardo de Sahagún.

El Auto de Fe de Maní, es una prueba de lo anterior, pues destruyó obra gráfica, literaria, pictórica, de astronomía, histórica y escultórica. Ciencia y arte se volatizaron entre las lenguas del fuego y la ferocidad de la ceguera de Diego de Landa.

Al revés de los aztecas, los mayas utilizaron la estrategia de huir, alejarse del centro de dominio español. Surgieron muchos calificativos: mayas tepiches, cimarrones, de reserva, costeños y un etcétera al gusto de cada historiador.

Lo fundamental aquí es la huida por parte de los nativos. Detrás de cada columna humana maya quedaban en el abandono la ciencia, el arte, y todas las costumbres domesticas de esos fugitivos.

Los historiadores aseguran que los mayas fueron indoblegables. Al parecer, actuaron de manera lógica para la conservación de su propio organismo físico y social. Aquellos grupos humanos en desbandada, se hicieron tribales y no hay documentos que nos muestren algún tipo arte desarrollado en tales circunstancias.

Así fue la historia nuestra en los siglos XVII Y XVIII. A través del archivo de indias en Sevilla, podemos enterarnos de las estancias ganaderas, de la economía de los encomenderos y los pleitos por linaje.

En Nueva España, los frailes utilizaron los conocimientos de los tlahuiches, de los ancianos, de las fiestas y rituales para desarrollar la implantación de la nueva psicología.

Mérida y Yucatán no tuvieron a un Bernardino de Sahagún o un Toribio de Benavente, menos a un Juan de Palafox y Mendoza.

Los murales conventuales en Yucatán fueron ejecutados por las manos de los franciscanos, los retablos -al igual que las imágenes sacras-, fueron traídos de Guatemala, indicándonos que no hubo talleres de talla en madera, mientras en Nueva España, hasta sindicatos de esos trabajadores existieron.

Como continuadores de esa historia, en la Mérida contemporánea, la dirección de cultura del ayuntamiento de Mérida, compra sus ideas artísticas en Colombia y Cuba. Esto nos muestra que seguimos caminando sobre el mismo sacbé.

La música colonial en Yucatán esta referida en que a un alcalde le gustaba tocar la vihuela, o por los redobles de los tambores y los sonidos de las chirimías, al momento de la toma de Mérida.

En el México virreinal de los mismos años de Yucatán, encontramos el esplendor de la música barroca, sus retablos, los autos sacramentales y la ciencia floreciente. El desarrollo de la música llegó a grados tan exagerados que hubo una prohibición para tocarla en la calle.

¿Son desmesuradas estas comparaciones? Me parece que no, especialmente si vemos que nuestra gran cultura maya fue semejante a las desarrolladas en las aguas del Anáhuac. Nuestra bifurcación viene a partir de la dominación española.

Destruir para existir parece la premisa que hubo en Yucatán desde la época de la dominación española y la vimos vigente con la destrucción de la catedral de San Ildefonso y muchos conventos de Yucatán, durante el gobierno alvaradista. Y daría otros del hoy, 2022, pero los dejo para la siguiente nota.

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