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Entre ferias te veas

El pueblo en feria. Miles de personas venidas de haciendas y comunidades circunvecinas inclusive algunos que ya vivían en Mérida, los nativos, prósperos, ricos, regresaban cada año al origen. Población pequeña atiborrada de juegos mecánicos, la carpa del circo, enervantes olores de los panuchos, salbutes, codzitos, elevaban la gastronomía yucateca casi a un estado espiritual, esas fechas constituían el ombligo de la vida tanto de la comunidad como de las personas. las jovencitas coqueteaban con los muchachos mezclándose por entre los puestos con los mestizos (indios mayas) y jugando como niñas. Ese día la misa seria oficiada por el arzobispo de Yucatán. El templo repleto. Combinación de olores de las mujeres en sus respectivas clases sociales. Entre las señores locales, las extranjeras y las autóctonas con olor agradable a humo. Era el momento cumbre de Cirilo el sacristán ya tocando la campanita y esparciendo el incienso. Se encontraba en la gloria. Hombre de cincuenta años que desde los quince había vivido y ejercido como sacristán. Guardaba en el pecho con gran orgullo un escapulario que le bendijo y regalo en anterior arzobispo Luis Solórzano. Por la noche, en el palacio municipal los señores bailarían con sus esposas el ritmo de moda ejecutado del swing ejecutado por la propuesta de Ponciano Blanqueto.

Al día siguiente se volvieron a reunir los tatiches en la cantina. Se notaba gran agitación entre ellos. A una señal acudieron en tropel al parque dirigiéndose al tiro al blanco. Iban con los ojos muy abiertos mirando a la joven que lo atendía. Esta era un monumento. Morena clara, mas alta que la mayoría, y muy voluptuosa. Desbordaba sexualidad en su ajustado vestido. Por ratos les daba la espalda a los señores y se inclinaba a recoger las municiones disparadas que caían a una lona. A estos tipos casi se les saltaban los ojos y ella lo hacia cada vez mas seguido mostrando su grande y hermoso trasero. Ellos como chavitos se andaban dando codazos y es que aun mas que las corridas de toros que se efectuarían en los pueblos ella era la máxima atracción. Sucede que su “padrino” iba de feria en feria y efectuaba una rifa de diez números cuyo premio era aquella joven. Por su puesto todos compraban boleto.

Después de a ver dado el visto bueno y que superaba todas la expectativas de la sensualidad de la chica regresaron todos al bar. Ahí entre copa y copa se efectuó la rifa. El ultimo numero que saliera sería el premiado. Y no era cualquier premio. La mujer era realmente era monumental. Dzipona. El dueño del rifle fue sacando los números. Sin embargo los nueve señores miraron que faltaba un numero, el numero siete que ninguno tenia. El padrino protesto y juro que el vendió los diez números. En ese instante entro a la cantina el objeto de la burla de todos: el sacristán, ya que era de todos sabido que a sus cincuenta años era virgen. Mostrando el famoso numero siete ¡ este hombre había sido el afortunado! Así entre las risas y el asombro de otros, el padrino se llevo al sacristán a una pequeño cuarto en el que le esperaba aquella esplendida mujer. El estaba nervioso y se sentó a lado de ella sin saber que hacer ni que decir. La niña-mujer con su experiencia pronto se entero de su virginidad y que nunca había estado con una mujer. El pensó entonces que la dama se burlaría, pero ella misma lo desvistió con mucha suavidad y cariño ya que el no sabia en que parte de su biología haría su primera “comunión”, con todos los cuidados lo dirigió hacia el sitio indicado. El tipo que jamás había sentido algo como aquello, al tener el orgasmo sintió que llego al cielo. Literal vió juegos artificiales, alcanzo las estrellas, pensó que se iba a morir de placer y que se le salía el alma y con un beso ella lo despidió, él iba muy agradecido, y aun mas fue su felicidad cuando ella le dijo: muchas gracias me hiciste muy feliz y es que el tipo en su naturaleza y es el tipo tenia kilos de testosterona. Mientras tanto afuera lo esperaban todos los demás quienes pensaban que habría hecho un gran papelón. Sin embargo cuando ella les hizo saber lo “bien” que había estado todo, en un principio quedaron asombrados pasando luego a gritar ¡viva! y haciendo aplausos, cargando al en ese momento superior a ellos mestizo que por un momento se sintio Dios hasta las puertas de su hogar la iglesia.

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