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Excentricidades

Edith_Sitwell

En palabras de Edith Sitwell: “La excentricidad no es, como se suele pensar, una forma de locura. Habitualmente es una clase de orgullo inocente, tanto el genio como el aristócrata a menudo son recordados como excéntricos porque ambos actúan sin temor y no son influenciados por las opiniones y los caprichos de la muchedumbre”.

La poeta Sitwell, miembro de una aristocrática familia inglesa de escritores “estaba interesada sobre todo en la distinción entre la poesía y la música, un asunto que exploró en Fazade (1922), una serie de poemas abstractos cuyos ritmos imitan los de la música. Fazade fue interpretada detrás de una cortina con un agujero en la boca de un rostro pintado y las palabras se recitaban a través del agujero con la ayuda de un megáfono. El público recibió la primera interpretación con desconcierto, pero hubo muchas reacciones positivas”.

Conocido por sus extravagancias, el cronista Carlos Monsiváis, vivió rodeado de veinte gatos y por consecuencia, falleció por aspirar el pelambre que soltaban. Los amaba por encima de las personas, y los bautizaba con nombres como: Pío Nonoalco, Carmelita Romero, Nina Ricci, Chocorrol, Fray Gatolomé de las bardas, Miau Tse Tung, Catzinger, Copelas o maúllas, y otros por el estilo.

Carlos Monsiváis

La presencia de Salvador Novo causaba expectación donde fuera, no sólo por su elevada estatura y corpulencia, sino por sus diversos peluquines y anillos arzobispales, así como por su maquillaje facial y cejas pintadas, que solía elevar con coquetería.

Para no ser menos que los escritores mexicanos anteriores, Juan José Arreola gustaba de usar el cabello largo, alborotado, capas y sombreros de ala anchísima, para complementar su histriónica imagen saturada de gestos interrogantes.

En el mundo de la nobleza, una ex ayudante de la reina Isabel II de Inglaterra, sostenía que su majestad toma dos baños al día: en la mañana, con agua fresca para activar la circulación, y en la noche otro, con agua caliente para conciliar buen sueño. Hasta aquí, un magnífico hábito cotidiano, lo excéntrico es que en la bañera flota un patito amarillo, de goma.

Según el récord Guinness, Cayetana, Duquesa de Alba, era poseedora legal del mayor número de títulos nobiliarios en Europa: cinco veces duquesa, dieciocho veces marquesa, veinte condesa, vizcondesa, condesa-duquesa y condestablesa, además de ser catorce veces Grande de España. Ella disfrutaba vestir los más estrafalarios atuendos, rayanos en lo ridículo, tal vez para disimular las múltiples cirugías plásticas que llegaron a deformar su rostro hasta conseguir parecido con un felino doméstico.

Menos aristocrática, la princesa Estefanía de Mónaco tiene la plebeya extravagancia de casarse con muchachos de modesto oficio: en 1995 contrajo nupcias con su guardaespaldas Daniel Ducret, con quien procreó dos hijos; divorciada de éste, en 1998 tuvo una hija fuera de matrimonio con otro guardaespaldas, Raymond Gottlieb. En 2002 vivió un tiempo con un domador de elefantes circense, Franco Knie, y en 2003 se casó con un acróbata de circo, Adans López Peres, del que también se divorció.

María Félix tuvo su momento de extravagancia cuando comenzó a usar espectaculares joyas Cartier, como aquella víbora de platino y diamantes enroscada al cuello.

La más lastimera extravagancia de Michael Jackson fue cuando, repudiando su color de origen, se sometió a tratamientos para blanquear la piel. Ya todo lo demás: sus simios, sus residencias, sus espectáculos, vienen siendo minucias.

Un pianista valioso fue Liberace, pero su forma de ataviarse con trajes de brocado en tonos dorados o plateados, plumajes, pieles finas y enormes anillos en ocho de sus dedos, disminuyó su imagen de artista para convertirlo en el personaje extravagante que recordamos.

Supongo que también debe ingresar en esta categoría el vestuario de Elvis Presley en su última etapa artística, en Las Vegas: capas bordadas con pedrería y fastuosos anillos, pero considerando que fue y seguirá siendo El Rey, no lo incluiré en este catálogo de personas que han trascendido, independientemente de sus talentos, por esa forma totalmente extrovertida de ser, y que disfrutaron con protagonizar el escándalo ante una sociedad ansiosa de figuras que tal vez fantasearon imitar, pero que su temor o su conformismo, se los impidió.

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