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El Carnaval de 1900 (16)

Una extensa y detallada crónica dividida en dos partes –la primera reseña las fiestas de El Liceo de Mérida y la segunda hace lo mismo con las de La Unión—confirma que el reinado de Momo en Mérida no era en realidad un acontecimiento popular sino marcadamente clasista: la participación de la mayoría de los yucatecos se limitaba a observar cómo se divertían las élites conservadora y liberal.

El texto describe los paseos del corso y del bando de ambas sociedades y de ninguna otra más. El argumento fue que únicamente ellas eran las que organizaban “las más bonitas fiestas”. Recordemos que las autoridades municipales habían dispuesto claramente que durante las carnostolendas no debía hacerse alusiones a cuestiones políticas o religiosas, pero como veremos a continuación ambos grupos ignoraron ese acuerdo y, al parecer, sin mayores consecuencias. Los carros alegóricos fueron el vehículo perfectopara hacer públicas sus críticas al poder.

El Liceo de Mérida

Corso

            […] Como anticipadamente se anunció, y siguiendo el derrotero marcado, partió del local de la sociedad y recorrió nuestras principales calles, acompañado de una banda de música, el carro del Corso en forma de caprichoso trono, en el que, figurando el Rey del Carnaval, se ostentaba la voluminosa y simpática figura de nuestro amigo D. Juan Toledo. Precediendo a este carro, una cabalgata con antorchas abría la marcha, y detrás de la cabalgata, del carro del trono y de la banda de música, desfilaba una larga hilera de carruajes abiertos, ocupados por bellas y elegantes señoritas caprichosamente vestidas, que a la luz de las rojas antorchas y de los rojos fuegos de artificio, que ellas mismas quemaban, daban a aquel paseo la apariencia de un cortejo del Dios del fuego […] (1)

Bando

            […] A las nueve de la mañana, después de organizado, partió, como el Corso, de las puertas de “El Liceo”, recorriendo también nuestras principales calles que desde horas antes estaban henchidas de gente ávida de divertirse.

            Numerosa y bonita cabalgata abría la marcha, precediendo a las músicas.

            Venía en seguida el carro de “El Liceo” en el que la sociedad, representada por la bella Srita. Mary Monsreal, en nacarina y hermosísima concha, cual preciada perla, bogaba en medio de un mar de blanquísimas espumas, llevada por una pareja de blanquísimos caballos, como Neptuno no pudo tenerlos mejores.

            Otro carro figuraba un pabellón morisco coronado por la histórica media luna. Bajo la artística cúpula, y entre lujosas colgaduras, la sultana favorecida (La Srita. Manuela Medina Ayora), negligentemente sentada en lujosos almohadones, escuchaba, como embelezada, las trovas que al son de su guzla cantaba un gentil y arrogante moro (D. Bernardo Cervera).

            Seguían a estos dos carros otros tres de carácter carnavalesco, críticos, representando, el primero, un “Matrimonio por Interés”. Don José E. Marín Carrillo, vestido de mujer, con muchos y lujosos atavíos que no conseguían hacerla atractiva, figuraba una rica heredera que ofrecía su enflaquecida mano al que codiciara sus millones, representados por unos talegos que inclinaban de su lado un platillo de una balanza, de la cual, el otro platillo, estaba ocupado por un cupido negro.

El segundo de estos tres últimos carros fue el del Corso, de la noche anterior, llevando a D. Juan Toledo, en traje más ligero que el de la noche, y el tercero y último, parodia carnavalesca del Nacimiento de Cristo, poniendo en caricatura intencionada ese pasaje bíblico, San José y la Virgen arrullaban al niño con canciones arregladas a la música tradicional de “los pastores”.

            Numeroso cortejo de coches particulares y de alquiler cerraba el paseo, y, en muchos de ellos, simpática, bellas y elegantes señoritas lucían trajes de capricho. […] (2)

La crónica también menciona la serie de bailes organizados por El Liceo en su local artísticamente decorado e iluminado en esta ocasión por lámparas de cristal, candelabros y focos eléctricos, que hicieron que resplandecieran aún más “los elegantes y ricos trajes” de las damas pero, sobre todo, sus “costosas y deslumbrantes joyas”. (3)

La Unión

Bando

            […] Una vanguardia de caballería precedía a los carros, llevando el estandarte de la sociedad, y seguía inmediatamente una banda de música.

Carros Alegóricos

            1º.- “Impotencia de la Fuerza contra la Libertad” – fue el pensamiento desarrollado en la alegoría de este carro; alegoría bien comprendida y artísticamente manifestada. El león, el rey de las selvas, de gran tamaño, empuja pesada y gran esfera de plata sobre La Libertad; ésta, tranquila, sin esfuerzo, detiene con solo una mano el tremendo empuje, sin siquiera darse cuenta del tamaño de la mole, ni fijar su atención en el material de la esfera. Ingeniosa, bien concebida y bien interpretada fue la alegoría: la Fuerza, representada por el león, amenaza con su doble poder a La Libertad; con su poder material: la pesadumbre de la mole y con el no menos grande poder moral: con el metal codiciado que halaga y que fascina. Pero, ni la fuerza bruta ni la fuerza moral pueden nada ante la sublime y celeste Diosa, alma del mundo y alma y esencia del hombre.

            La Diosa Libertad estaba caracterizada perfectamente por la bella señorita Delta Ponce, quien llevaba dignamente, con la conciencia de su valer nuestros colores nacionales.

            Este carro, según nos informan, fue obsequiado a la sociedad por su Comisión de Bando, y debemos consignarlo, el león, hecho de papier maché, es la primera obra de su género que se ejecuta en Mérida.

            2º.- “Bellas Artes”.- Al pie de un artístico torreón coronado por una lira de oro, en la parte anterior del carro, la bella Srita. Leonor Cámara Milán, vestida de blanco, con una pluma en la mano, como disponiéndose a fijar en el papel su celeste inspiración, representaba la Poesía. En la parte posterior del carro, del otro lado del torreón, la encantadora Julia Cervera Fuentes, cubierta con nítido ropaje, y con los pinceles y un tiento en la mano y a su lado una paleta manchada de colores, representaba la Pintura. La Música estaba representada por la lira que remataba el torreón, y la Escultura: ¿por quién? ¿Por quien, sino por la obra maestra de la naturaleza personificada en las bellas señoritas, que iban en el carro simbolizando la Poesía y la Pintura? ……. […] (4) (Continuará)

Referencias

(1) / (2) / (3) / (4): Recuerdos del Carnaval. (1900, 1º de marzo). El Eco del Comercio, p. 2.

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