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Yo soy lo que el público ha hecho de mi: María Félix (1914-2002)

María Del Alma

    Amada, odiada, admirada y vilipendiada, la imagen de María Félix dio y da para eso y mucho más, todavía…Propietaria de una belleza descomunal, María de los Angeles Félix Güereña deslumbró al mundo cinematográfico como uno de los animales más bellos de la creación.

 Sabedora de esa su naturaleza monstruosa, María estaba cierta que contaba también con un carácter fuera de serie entre las mujeres de su época: ¿feminista?, tal vez, a su modo, pero más bien fue mujer que luchó y defendió su derecho a ser un ser humano de primera clase, en un México donde, todavía, la mujer no accedía al voto, los políticos no se quitaban la chamarra del madrugadazo, la mayoría de los hombres portaba pistola y sabían gritar fuerte en la casa familiar, pero en la casa chica el segundo frente les gritaba a ellos…

 En un mundo masculino por excelencia es donde florece esta belleza salvaje y exquisita. En ella la imaginación del mexicano encarnó a la diosa azteca Tlazoltéotl con todo y sus contradicciones.

 Esto es obvio ya que la estrella viene a suplir en el mundo moderno al chamán tribal, su fuerza hace menos gris la existencia de los simples mortales. La estrella realiza por el espectador todos aquellos actos que no se atreve a realizar más que en sueños. La estrella encarna en la realidad, los sueños…María Félix encarnó esos deseos ocultos, esos sueños. Materializó el deseo y el sueño,  y el público la volvió diosa ancestral, telúrica y terrible.

 Sortilegio de mujer

 Sus dones los pregonan todos los que la conocieron y los que no, también.

 Un año después de su debut cinematográfico, el dramaturgo, escritor y guionista Edmundo Báez publicaba en Cinema Reporter:

 “ …hablar de la belleza de una mujer es siempre peligroso para ella. Nada hay más trágico para una mujer que ser bella. Una mujer bella siempre tiene la amargura de ser tomada únicamente en un sentido físico, sin que se le conceda nunca ninguna cualidad espiritual, y el terrible peligro del narcisismo. Y pocas cosas destruyen tanto como el narcisismo; por eso elogiar continuamente la belleza de una mujer es perjudicial para ella.

 María Félix es la estrella mexicana a la que más se le ha calificado de bella; siempre que se le nombra, su nombre va acompañado de un adjetivo elogioso para su físico; siempre que se habla de mujeres bellas, se pone como ejemplo su belleza; la belleza de María Félix se ha hecho clásica en nuestro cine. Y éste es precisamente el peligro de María; y la prueba es que, en cambio, nadie, o muy pocos, dicen que María Félix es actriz; ni siquiera se le reconocen posibilidades de llegar a serlo.” 1

 Moisés Viñas en su Historia del Cine Mexicano traza un nítido perfil de María Félix la estrella de cine:

 “Sólo María Félix pudo dar mínima respuesta a las reducciones impuestas a la condición femenina. Tal cosa sucedió mediante el encuentro de la actriz con su personaje ideal y en su conversión en el tema mismo de sus películas, y aún así su respuesta tuvo que ser encima de los argumentos.

 Para tener voz María Félix primero hubo de convertirse en mito, piedra de escándalo, admiración y envidia, y aún hubo de restar femineidad a su extraordinaria belleza asumiendo actitudes masculinas. Sin embargo el sistema de estrellas nunca estuvo mejor representado y fue mejor aprovechado. Le bastaba lucir pantalones en la vía pública para provocar conmociones nacionales. Se le atribuían amoríos con altos políticos y sus matrimonios con Jorge Negrete y Agustín Lara fueron acontecimientos que superaron la trivialidad de las conversaciones ociosas para convertirse en asuntos de verdadero interés público. Algo representaba María Félix que no era la típica vida dispendiosa y disipada de las estrellas. Era lo que por encima de los argumentos expresaba en las películas, el rechazo al prototipo femenino establecido y la aceptación franca del comercio sexual en términos contables.

 Ambas cosas fueron puestas en sus películas, pero a lo primero se le condenó con redoblado rigor y respecto a lo segundo se le negó y aun despojó de su retribución. No importa, la presencia y la actitud de la actriz superan las conclusiones de los autores. “ 2 

 Y Gabriel  Figueroa en su conversación con Alberto Isaac, afirmó contundente:

 “María era –es- otra cosa; es el porte, la arrogancia de una mujer que se sabe supremamente bella y que lo asume. Pisa como mujer bonita. Esa es su personalidad, que curiosamente se transmitió a sus papeles. Lamentablemente, a momentos se convirtió en la marimacho devoradora de hombres.” 3

LA REVOLUCION MEXICANA TIENE UN ROSTRO EN MARIA

 Acusada de marimacho, por altanera, agresiva y respondona, María Félix representa más la virago, o sea: a la mujer fuerte y decidida que es capaz de defender a su ciudad o su país: su pueblo, como en La Cucaracha (1958), o en Juana Gallo (1960).

 Por representar mujeres bragadas de la revolución desde el inicio de su carrera y reafirmadas en la saga revolucionaria del cine mexicano de finales de los cincuenta hasta principios de los setenta, se convirtió en el icono de la revolución mexicana: la revolución encarnó el gesto agresivo de María Félix.

 Esta saga en la filmografía de María se inició con Enamorada (1946), se reafirmó con Río Escondido (1947) y llegó a su final con La generala (1970).

Genio y figura hasta la sepultura

  Desde su primera película selló su territorio y perfiló su personaje al destrozar a tijeretazos el vestuario que se le había asignado, así como sin ningún pudor exigió camerino dentro del set. Fue la primera en el cine nacional en exigir algo similar. Después en María Eugenia (1942) se atrevió a lucir un traje de baño en color blanco, igual que lo hiciera Dolores del Río durante su estancia en  Hollywood y después de ellas Elizabeth Taylor en De repente en el verano de Tennesee Williams.

NACE LA DEVORADORA DE HOMBRES

 El escándalo se repitió cuando Salvador Elizondo el productor de la cinta  Doña Bárbara (1943) la impuso a Fernando de Fuentes director de la misma, sobre la actriz Isabela Corona.

 Esta película en que el paisaje se acopla a la belleza y el temperamento de María, y no al revés,  la marcó con la estrella del triunfo. Ahora si podía decirse que había nacido una estrella, tan fue así que el público y la prensa la comenzaron a llamar La Doña.

 Ese mismo año la dirige de nuevo Fernando de Fuentes en la cinta que marcaría el estilo, puro y prístino de María Félix en su primera época: La mujer sin alma.

 Esta cinta la vuelve a los ojos del público como la primera y definida vampiresa mexicana.

 LA QUE JUGO CANASTA URUGUAYA CON EL DIABLO

 En su película número 17, María llega al clímax de su despiadado corazón, y luciendo berrendo interpreta a su segunda y consagratoria Doña: Doña Diabla (1949). Ya antes, en La diosa arrodillada (1947), no se sustrae al ritmo tropical y, en una pasarela de tugurio panameño camina cadenciosa como follies de Ziegfield, mientras en una mesa del local Arturo de Córdova se emborracha tratando de borrar nubarrones de su pasado.

 Ya para ese momento, la Félix es todo un mito en el firmamento cinematográfico de México e Hispanoamérica. Las mujeres se peinan, maquillan y fuman a lo María Félix, y su nombre y apellido son puestos como nombre de pila a miles de indefensas niñas que cargarán por el resto de su vida con el antecedente de la belleza de donde salió su nombre.

 ALCE MI COPA Y BRINDE POR ELLA

 Y si María Félix abrió su ciclo de devoradora, vampiresa, destroza corazones y sedienta de carne humana al igual que el muralista Diego Rivera, con la adaptación de una obra de Alphonse Daudet, lo cierra en Safo, otra obra del mismo autor y que en el cine se subtituló como Amor y sexo (1963). 

A MANERA DE COLOFON

 Desde la pantalla María nos mira y sentencia: ningún hombre se mata por una mujer. Se mata por cobarde.

                                              Fernando Muñoz Castillo.

NOTAS

1.- Edmundo Báez. María Félix, mujer, Cinema Reporter No. 274 del 16 de octubre,

     México, 1943, p. 14

3.- Moisés Viñas. Historia del Cine Mexicano, UNAM/UNESCO, México,  1987,

     pp. 130, 131

4.- Alberto Isaac. Conversaciones con Gabriel Figueroa. Universidad de

     Guadalajara/Universidad de Colima/CIEC, México, 1993, p. 73

Fernando Muñoz Castillo

Escritor, hacedor de libros objeto, dramaturgo y director de teatro. investigador e historiador de teatro y cine. curador y museógrafo. periodista cultural. ha publicado varios libros.

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