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El Huésped

Después de un divorcio hace algunos años, la verdad lo único doloroso fueron los hijos. Y como fue divorcio exprés, salí de la casa familiar sin tener a donde ir y solo con la ropa que llevaba puesta. Aunque tenía un buen trabajo en lo que fue hasta hace poco tiempo una gran empresa. Me encantaba mi trabajo, sin embargo, no tenía un lugar donde vivir.

La primera noche la pase en un hotel de pésima muerte, al día siguiente acudí a ver a su notaria a mi amigo y hermano el licenciado Manuel Calero quien me ofreció una casa que no usaba sin ningún servicio, situada en donde posteriormente cuando ya no vivía ahí Eugenia Montalbán abrió un centro cultural llamado ULE (unas letras). De nuevo sin techo y sin carnaval ni comparsa me vi en la calle de nuevo. Por entonces todos los días acudía al jamás olvidado café exprés enfrente al parque Hidalgo donde hoy se ubica el restaurante la Parrilla. Dicho  café se llenaba todos los días por los mismos clientes habituales. Estaba la mesa de los pintores, la mesa de los escritores, la mesa de los aficionados a los toros, la mesa de los aficionados al béisbol, la mesa de los políticos etc.

Aquel día me senté en la mesa en que se encontraba mi también amigo y hermano Jorge Xacur a quien le planteé mi situación de vivienda. El era dueño de un edificio de departamentos en la calle 60 norte justo a lado de la tienda comercial Costco. Me ofreció un magnifico departamento en el segundo piso ya que en la planta baja había comercios y exactamente debajo de mi cuarto un restaurante de hamburguesas muy concurrido.  El dueño era mi amigo. Por azares del destino, acudí a tomar una cerveza al bar “la negrita” cuando de pronto se asoma un ex condiscípulo de la escuela Modelo al que no veía hacia muchísimos años. Nacido en un pueblito de España fue traído aquí y adoptado por un tío suyo de la misma nacionalidad que tenia un negocio que supongo dejaba muy buen dinero cuando niños ya que tenían una hermosa casa en la glorieta de San Fernando enfrente a Bancarios hoy hotel Fiesta Americana. Haya me platicó que se habían arruinado y que el estaba si un quinto. Al mirar entonces donde yo vivía, me pidió de favor que yo le dejara pasar esa noche. A lo que accedí y ahí se tendió en la sala a dormir. Y así fue pasando el tiempo y como a mi no me perjudicaba su presencia nunca le dije nada y lo seguí dejando vivir en el mismo departamento. Cabe aclarar que durante el tiempo que viví ahí Jorge Xacur jamás me cobro un centavo. Este amigo era de esa especie muy común en Yucatán que vive de la labia. No sé cómo le hacía pero seguido llevaba unos cuantos pesos para comer o tomar los tragos. Todos los días un siniestro sujeto nos pasaba a buscar para tomar los tragos en el bar ya que quien sabe como le hacia pero siempre tenia dólares en la bolsa. Digo esto porque no tenia trabajo. La cuestión es que infaliblemente los días eran de vino y rosas, el arrimado ya se bandereaba por el rumbo como Pedro por su casa.

Cierta ocasión en que me encontraba sin un quinto, bajé al restaurante y le pedí fiada una hamburguesa a mi amigo el dueño. Este se me quedo mirando como con estupor y lastima respondiéndome que no podía darme fiado (llevaba yo consumiendo ahí casi un año) que solo me daría crédito si me autorizaba don Fernando (mi huésped) ya que este había esparcido el rumor de que el departamento se lo había prestado Jorge a él y tenía que ayudar “al pobrecito Conrado”, entonces le tuve que explicar al de las hamburguesas la verdad de las cosas, las cuales le tuve que recalcar ya que no daba crédito. Tal era su capacidad de convencimiento. Aquí en Mérida existen muchísimas personas que jamás han trabajado en su vida y toman, comen y viven de su personalidad y labia. Cuando él regreso al cuarto le reclamé y lo eché no sin antes avisarle a todo el vecindario la realidad de las cosas. Este mentecato estuvo con la mentira aproximadamente seis meses.  Tiempo después me enteré que el tipo estaba muy mal de una enfermedad terminal. Entre sus antiguos compañeros de la escuela y otros que lo creían una buena persona ya que me había “ayudado”, juntó porque quería ir a morir a su tierra, y logró una buena cantidad de dinero …. y desapareció del mapa. El comentario general fue: pobre que valiente¡ junto para morir en su tierra natal. Pocos años después fui con unos amigos a un recien descubierto paraíso: la isla de San Pedro, la de la canción de la Isla Bonita de Madonna. Y saben ustedes a quien me encontré vivito y coleando? Al muerto!, es decir no estaba muerto estaba de parranda, chupando con una bola de gringos muy campante.

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