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El quinto concierto de la OSY fue una avalancha de alegría

Juan Carlos Lomónaco dirigiendo a la OSY.

La trigésima octava temporada de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, ha marcado una ruta ascendente en su trayectoria. Cada programa ha ido superando al anterior, lo cual ha traído como resultado un aumento en su poder de convocatoria, y por ende, conciertos llenos de un público que sigue fielmente la trayectoria de una orquesta que siente como suya. Es hermoso y gratificante ver el Teatro Peón Contreras lleno en todos sus niveles, y algo más gratificante aún, que una parte muy importante de ese fiel público, está compuesta por niños y jóvenes, lo cual hace de la OSY, el proyecto cultural más importante del Estado de Yucatán. El movimiento sinfónico en Yucatán, es un proyecto y un sueño de tres siglos de historia, de intentos, de realidades, de frustraciones; y ahora, al fin, una orquesta con gran calidad y, sobre todo, una presencia con continuidad, ha venido a materializar en una pujante realidad, ese sueño acariciado largamente por el pueblo yucateco. Hoy por hoy, la Orquesta Sinfónica de Yucatán es una realidad cultural emblemática del Estado de Yucatán.

El quinto programa de la temporada estuvo constituido por tres obras, cada una de ellas una manifestación de alegría, cada una en su tipo, con sus características particulares. La primera de ellas, la Obertura “Guillermo Tell”, de Joaquín Rossini, que es el preludio de la ópera del mismo nombre, es un caudaloso raudal de entusiasmo desbordado, que arrebata las almas de los espectadores. La “Pequeña Serenata Nocturna”, de Wolfgang Amadeo Mozart, es un remanso del alma, en la obscuridad de una noche brillante; si bien es una obra llena de equilibrada serenidad, los brotes luminosos de alegría saltan a cada momento por todo el desarrollo de la misma, que es cómo una pequeña sinfonía para cuerdas. Completa el programa la primera Sinfonía de Beethoven, la cual es popularmente conocida como “La Haydiana”. Las dos primeras sinfonías de Beethoven aún no tienen el sello característico de este compositor, aún no ha encontrado su voz propia. La primera se le llama “La Haydiana”, y a la segunda “La Mozartiana”. Esta obra es también un raudal de emociones desbordado.

Abre programa la Obertura “Guillermo Tell” de Joaquín Rossini, como ya dijimos es la obertura de la ópera del mismo nombre, y es una obra muy gustada por los públicos de todo el orbe, muy popular y tremendamente emotiva. Inicia con una remanso de paz que canta gravemente el chelo principal, y que Veselín Dechev ejecuta con gran maestría, y que los demás chelos acompañan con sobriedad, los timbales marcan un redoble y los chelos siguen cantando con el acompañamiento de los bajos, el chelo principal da aguda nota y las demás cuerdas se suman, el pícolo da agudas notas con la flauta y arranca el tutti con gran fuerza, los trombones cantan con gran brillo y el bombo da fuertes notas, el trombón canta brillante y el tutti lo acompaña, y sube la música con brillo, pícolo y flauta de nuevo y la flauta inicia sentido canto, el corno inglés, diestramente ejecutado por Mahorni Abán, levanta la voz y canta y la flauta le responde, de nuevo el corno inglés y le responde la flauta y se desarrolla el tema suavemente; con la brillante voz de la trompeta arranca el conocido tema que los cornos cantan con gran brillo acompañados por las cuerdas, entra el tutti en pleno en un sonoro estallido, el conocido tema se repite varias veces y va subiendo para llevarnos a brillante y desbordado final. La sala se cae en tremenda, larga y sonora ovación que se prolonga, el director tiene que salir varias veces y los solistas se llevan también entusiastas ovaciones muy sonoras.

La orquesta cambia de formato, pues la obra siguiente está escrita sólo para cuerdas. La “Pequeña Serenata Nocturna”, de Wolfgang Amadeo Mozart, es, junto con la Canción de la Reina de la Noche, de La Flauta Mágica, el tema más conocido y popular del autor. Su formato es semejante a una sinfonía, pero de pequeño formato. Está compuesta por cuatro movimientos: Allegro, Romance: Andante, Menuetto: Allegretto y Rondó: Allegro. El primer movimiento tiene un entusiasta inicio que se desarrolla con gran alegría, el tema es muy conocido, va variando siempre con alegría, se retoma el inicio y sube ligeramente para volver de nuevo al inicio y remata en dulce final. El segundo movimiento, tiene un plácido inicio en el que todo es serna tranquilidad, se desarrolla y va teniendo variaciones, se cambia a un pasaje intenso y ligero a la vez, que se marca en stacatto, se retoma el tema inicial con gran suavidad y se ejecutan ligaras variaciones para llegar a un suave final. El tercer movimiento, tiene alegre inicio a ritmo de danza que se desarrolla con entusiasmo, cantan los violines primeros y responden los chelos, y sube con alegría que nos lleva a entusiasta final. El cuarto movimiento, tiene un alegre inicio que sube con fuerza y se desarrolla, se retoma el tema inicial y de inmediato se aborda una variación y sube la alegría que juega se desarrolla y se repite para llevarnos al alegre final de la obra. De nuevo, sonora y larga ovación premia al director y la orquesta, y así nos vamos al intermedio.

Cierra programa la Sinfonía No. 1 de Ludwig van Beethoven, una obra que transita entre la serenidad del rococó clásico y el arrebato romántico. Sus dos primeros movimientos pertenecen al clásico, y los dos últimos ya dejan sentir la fuerza arrolladora del romanticismo con su dosis de abrumadores sentimientos arrebatados. Consta de cuatro movimientos: Adagio molto. Allegro con brío, Andante cantabile con moto, Menuetto: Allegro molto vivace y Adagio. Allegro molto e vivace. El primer movimiento, se inicia con una larga nota que se repite y se aborda suave pasaje con acentos brillantes, se aborda el tema y se desarrolla con entusiasmo con acentos de los timbales, cantan oboe y flauta y las cuerdas responden, entra el tutti alegre y sonoro, va subiendo y se retoma el tema inicial, sube con alegría y de nuevo flauta y oboe, cantan los chelos y el tutti responde, se aborda un cambio y se retoma el tema por el tutti que lo va subiendo con fuerza para llevarnos a fuerte final. El segundo movimiento, tiene un delicado inicio con ritmo marcado, la flauta toma la voz y el tema se desarrolla, la flauta canta y el tutti la acompaña, los violines segundos toman el tema y lo van replicando violines y chelos, las cuerdas todas lo abordan y se va variando, la trompeta canta con gravedad, la flauta entra y el oboe levanta la voz, dialogan oboe y flauta y el tutti responde, la música sube con fuerza y nos lleva a sonoro final.

El tercer movimiento, es un menuetto poco convencional, porque es fuerte y enérgico; en este movimiento, Beethoven nos levanta la punta del tapete y nos da muestra de lo que llegará a ser su estilo propio; tiene un fuerte inicio y sube con fuerza y se desarrolla; las maderas cantan con los cornos, responden los violines primeros y la música sube con fuerza inusual para un minueto, se aborda un pasaje muy sonoro y alegre que nos lleva a un entusiasta final. El cuarto movimiento, suena una fuerte nota y las cuerdas cantan con alegría y se une el tutti fuerte y sonoro, se desarrolla el tema con gran alegría, el entusiasmo va subiendo y se hace más sonoro, sube aún más y la alegría crece, a estas alturas es ya Beethoven en pleno el que se apodera de la escena, el tema se repite varias veces para subir y subir y se desborda en tremendo y sonoro final de la obra. La ovación es tremenda, sonora, larga, inacabable, el respetable obliga al director a salir muchas veces a escena, los solistas se van poniendo de pie, y se les brinda sonora ovación también. Un fin de fiesta sin comparación.

Salimos del Peón Contreras con la avalancha de alegría desbordada en el alma.

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