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El Carnaval de 1900 (15)

La sociedad coreográfica más liberal de todas las que existían en Mérida a fines de 1900 mandó a imprimir un folleto que tituló Recuerdos del Carnaval de 1900. Bando de “La Unión”, gracias al cual podemos tener una idea de los temas de coyuntura que se abordaron ese año, así como del tono que se utilizó para hacerlo. Aunque, como era de esperarse, prevalecía un espíritu jocoso en los textos, también era obvio que la intención era subvertir convenciones sociales y religiosas y mofarse de personas conocidas e incluso de las autoridades. El bando comienza con una exhortación a dejar de lado la morigeración de la vida ordinaria y disponer el espíritu para gozar de las fiestas:

[…] Es la Comisión de bando

de la alegre sociedad

de “La Unión”, quien está hablando,

y quien dice: “Ordeno y mando

con toda formalidad,

y á todos, sin distinción,

que confiesen que LA UNIÓN,

lazo de fraternidad,

tiene un lema: la igualdad,

y una norma: la ilusión.

Conste que los congregados

para estas carnestolendas,

no son hombres de polendas

ni tampoco potentados;

son jóvenes agraciados

capaces ……de hacer fortuna,

si se tropiezan con una

joven ó vieja heredera

que, además de henequenera,

sea de baja ó alta cuna.

¡Que renazca la franqueza!

Viva la sinceridad,

y rinda la humanidad

santo culto á la belleza.

¡Vade retro! La tristeza,

hoy por hoy, no sienta bien:

¡está de alza el henequén,

gocemos con loco empeño,

que al cabo la vida es sueño,

como dijo no sé quién!

Con nosotros no hay falsía,

somos rendidos amantes

y adoradores constantes

del placer y la alegría.

¡Atrás la melancolía!

Brote chispeante la idea

de gozar, y que la fea

y la bonita, al igual,

luzcan en el carnaval

como Torcuata ó Andrea.

¡A gozar, corta os [es] la vida!

Olvidemos los pesares,

de Momo ante los altares,

ya que el clima nos convida!

Terpsicore enaltecida

en los radiantes salones,

hará arder los corazones

en los magníficos bailes,

que al cabo, ni somos frailes

ni huimos las tentaciones.

No tan sólo el propietario

de las fincas de henequén,

debe ver como un edén

este mundo; no, canario!

que también el proletario

que gana con noble afán

para su familia un pan,

debe gozar venturoso

en este suelo ardoroso

del atole y del chanchan.

Tenéis tiempo demasiado

para rezos y atriciones,

y misas y comuniones,

cual la iglesia lo ha ordenado.

Divertirse no es pecado,

no señores, ni venial:

corta es la vida mortal

y mientras la muerte llega,

en jacarandosa brega

gocemos del Carnaval. […] (1)

En un relato, titulado Taurina, se habla de un lance amoroso entre un hombre y una mujer en el que se emplean términos propios de la tauromaquia; tangencialmente implica que al menos algunas féminas también eran aficionadas a aquella diversión controvertida, desde el punto de vista de los reformadores sociales; en otro texto se dice que un inteligente joven, que era acosado por cobratarios ingleses, contrató a un bóer como guardia y lo colocó a la puerta de su negocio, con lo que se libró de aquellos; en ¡A mis prójimos!, firmado con el seudónimo de Justo Cámara Lizárraga, se reproduce una cómica alocución en palabras esdrújulas.

En La vida es carnaval se da a entender que la hipocresía social es una y la misma cosa que las mascaradas carnavalescas:

[…] Es la vida un carnaval

y los hombres en comparza (sic)

viven sólo de la farsa

en la escena mundanal.

Aquel que toma á lo serio

la existencia, yo les juro

que es candidato seguro

para el triste cementerio.

Todos llevan un disfraz,

y así, de distintos modos,

todos engañan a todos

con la máscara en la faz.

¡Viva la zambra, el jaleo!

¡Que muera el romanticismo,

la clausura, el misticismo

y el tedio asqueroso y feo!

Que los que llevan el alma

en dolorosa tortura,

finjan en su desventura

gozar de apacible calma.

Y en cambio, que los marcados

por lo triste y defectuosos,

se finjan que son hermosos

y empiecen á ser amados.

¡Que todo sea confusión;

que á la que ha nacido chata

la salve una fé de errata

con una nueva impresión!

Que entone unas aleluyas

y rezos de sacristía,

la turva (sic) llamada impía,

haciendo una de las suyas.

Que los tímidos beatos

invocando á Lucifer,

ebrios de tanto beber

nos vendan liebres por gatos.

Y en fin, para terminar,

que el rico le preste al pobre,

que en estos días no se cobre,

pues no es lícito pagar,

y que la diosa fortuna

de gala haciendo cinismo,

nos empuje hacia el abismo

en brazos de la comuna. […] (2)

Luego vienen dos cuartetas que hicieron época, pues se mantuvieron en la memoria colectiva durante varias décadas:

[…] [¿]Las fibras del corazón

me ofreces por todo bien?

Dame fibra de henequén

que esa es mi única ambición.

Paca, mi dicha, mi bien,

tú acabarías con mis males,

si en vez de Paca, González,

fueras paca, de henequén. (3)

En Ayer y hoy. Lamentaciones jacarandosas se alude, entre bromas y veras, a cómo el carnaval había pasado de ser una fiesta eminentemente popular a una secuestrada por las élites:

[…]

¡Maldito carnestolendas!

¡ya no se puede aguantar!

Así no era el de otros tiempos

en que mi buena mamá,

con unas varas de cinta

y unas yardas de percal,

en los bailes y en paseos,

con mi hermana Trinidad,

nos lucía en todas partes,

con disfraz ó sin disfraz.

Nada de tisú ni sedas

ni de lujo, y ese afán

de ponerse tantas blondas

cuando no hay necesidad.

Lujo que ha costado lágrimas

y que ha venido á matar,

las alegres diversiones

del festivo carnaval…………..

Las que hemos nacido pobres

no podemos alternar,

sin ponernos en ridículo,

con las que tienen caudal.

Por eso á mi Carmelita,

á Eloísa y á Soledad,

me conformo con llevarlas

á los bailes, pero atrás,

para que vean desde lejos

el fausto y la vanidad,

aunque giman y suspiren

porque no pueden bailar.

Si á esto llaman divertirse

Me hago amiga de Satán.

¡Oh miércoles de ceniza

cuánto tardas en llegar……..

………………………………………….

Así exclamaba una vieja

respetable por demás,

conversando la otra noche

con Pérez el de Alcalá;

y por cierto que las chicas

son bonitas de verdad,

prototipos de virtudes

y estrellitas del hogar. […] (4)

Por último, el bando reproduce el programa de gobierno del rey de las carnestolendas, Miguelquito Lavianda, quien, con ironía, establece cuatro firmes compromisos: mantener el estado que guardaban las calles y plazas, casi siempre llenas de hoyancos, polvo y de lodo, cuando llovía, puesto que así daban medios de vida a médicos, sastres, zapateros y lavadoras de ropa; que la Junta de Sanidad sesione en el mercado y establezca allí un laboratorio para analizar los microbios y bacterias acumulados por la falta de higiene; que como salidas a la abundante riqueza producida por el henequén propone quitar impuestos a billares, cantinas, casas de juego, ruletas, al póker y a la malilla y, finalmente, que, en vez de que pagaran al fisco, este diera a las chicas [malas] una subvención mensual para perfumes y cintas. (5) (Continuará)

Referencias

(1).- Recuerdo del Carnaval de 1900. Bando de “La Unión”, disponible en: http://acervo.bibliotecavirtualdeyucatan.com.mx/janium-bin/janium_zui.pl?fn=64402&jzd=/janium/AP2/LXI-1900.23/d.jzd. Consultado el 20 de septiembre de 2022.

(2) / (3) / (4) y (5).- íbid. Véase también: Tres decretos del Ejecutivo. (1900, 11 de noviembre). El Eco del Comercio, p. 2. El primero eximía de impuestos estatales y municipales durante un lustro a billares y otros juegos del Casino de Tekax.

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