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El en la obscuridad

Un día estas con dos ojos, dos piernas, dos manos, y llega ese momento en que la vida de a poco te va quitando ese par, para ser uno solo.

Él se ha sentido afortunado dentro de lo que cabe… no tenía nada… pero a la vez tenia su principal herramienta… sus ojos.

Cuantas historias ha podido ver, cuantos rostros, cuantos paisajes, cuantos atardeceres… y si también cuantos sin sabores… pero ahí estaban, al alcance de una mirada.

Los dolores de cabeza empezaron a ser cada vez mas frecuentes, pero era una cosa “normal” por el insomnio persistente de años atrás. Por la mala alimentación, por la insolación que da el caminar a raja piedra para llegar a un lugar por alimento, una plática, o sentarse a ver la gente pasar. No le dio importancia.

Empezó a percibir una especie de “punto negro”, un punto que parecía ir y ver, un punto que, de ser pequeño, pasó a ser tan grande que no permitía ver ya más nada. Ese ojo sin él saberlo, se le estaba yendo. Se estaba perdiendo de sus ultimas miradas, de sus últimos partidos, de lo que mas disfrutaba: leer y escribir.

Si alguien le hubiera dicho perderás la vista o perderás el oído, creo que hubiera preferido perder la audición.

Cada paso parece ser mas complicado, cada esfuerzo por llegar algún punto parece un esfuerzo enorme. Un esfuerzo que además ya no hay de manera genuina. El cansancio se hace presente cada vez más presente.

Se está quedando sin ese par. A él le esta quedando su “pareja”, a medias. Con la expectativa de no saber si estará en el mismo camino de la obscuridad total que su compañero.

Piensa en lo duro y difícil que resulta el estar en esta situación. Valora el estar en familia. Añora el estar acompañado. Extraña momentos de antaño.

Nadie le imagina, como es por dentro su sentir. Nadie sospecha del dolor que siente. De la oscuridad que vive y le atormenta. A veces parece que no pasara nada, que él se acostumbra y finge seguir. Cuando hasta cruzar una calle es todo un reto.

Él no pensó llegar a estar en esta situación nunca.

Él ve su vida pasar.

Él quiere sentir fuerzas y esperanza.

Cuando llega la noche es peor, y en el día escucha la mañanera, la voz le adormece y le permite distraerse.

Él quiere seguir adelante. Cuando “él” despierta, sabe que soy yo.

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