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Bajo la lluvia

El tipo era un sujeto de buena y numerosa familia, huero y de ojos azules, joven. Parecía ser el prototipo de un marqués de la industria del comercio o la banca. Comenzó sus estudios en la Escuela Modelo. Buen futbolista, pésimo estudiante. Sin embargo, las muchachas del cercano Colegio Teresiano, se morían por él. Todo un galán. Elegante y bien vestido todo el tiempo. Comenzó a enamorar a una de las más bonitas alumnas de dicho colegio. Misma a la que no le era indiferente. Es más, se moría por él. Rápidamente le dio el sí, y a los pocos meses los palomos se casaron. La luna de miel fue de ensueño, juntos y felices. Los sueños de teresita, así se llamaba esta hermosa chica. Pelirroja ella, y pecosilla. Sus más caros anhelos se realizaron con aquel hombre que era su príncipe azul. El regreso a Mérida la regresó a la realidad. Su deslumbrante marido no tenia oficio no beneficio. El sólo escuchar la palabra trabajo le daba escalofríos, en lo que si era un as era en la carrera de relevos de alcoholismo con ballas. Todos los días legaba borracho a su casa. Como su papá era dueño de la hacienda Xmatkuil, les proporcionó un cuartito para que viviesen. Ella acostumbrada a los grandes salones de la alta sociedad, vivía ahora en una casa con piso de tierra. En donde coloco una mesa a la entrada para venderles empanadas y panuchos a los trabajadores que pasaban por ahí.

Además de las borracheras, la pobre Teresita se llevaba sus buenas madrizas frecuentemente. En muchas ocasiones sus padres y hermanos todos ellos miembros de las fuerzas del orden, la miraban con un ojo morado y le suplicaban que abandonase aquel borrachales.

Fue tanta la insistencia de tanto esperar, a que se hacen los golpes y las parrandas que un día, ¡santo día! Que por fin lo abandonó. Y se refugió en la casona familiar.

El marido quedó solo como un perro, pero aumentando su adicción a la bebida cayendo cada día mas y mas bajo. Ya no tenía un techo donde dormir. Cuando no estaba ebrio una de sus hermanas que vivía justo enfrente del ex edificio de la policía en la avenida reforma le daba cobijo. Con la condición de que no llegará ebrio.

Cierta ocasión en que andaba encróspido total y había un frío que calaba los huesos y una helada llovizna, acudió a casa de su hermana la buena samaritana buscando un refugio. Temblaba de frío. Tocó a la puerta, pero ella tajantemente y secamente le dijo que no, con toda la pena la pena del mundo. Nuestro amigo sin perro que le ladre, se sentía morir y buscaba la manera de donde pasar la noche. Entro al cuartel de policía, diciendo al oficial de guardia que lo dejase dormir en una celda, ya que el agua entraba hasta las bancas. El policía le respondió sonriendo que no podían meterlo a la cárcel ya que no había delito que perseguir. El tipo insistía. El otro terco ¡es que no has hecho nada! Como te voy a encarcelar. “ahh, ¿no he hecho nada? ,“Pues escucha policía chinga tu repanpanera y purísima madre”, entonces si el agente se encabronó, y lo introdujo a un calabozo de la corporación. “gracias policía, aquí hay un poquito de calor” (había otros 8 presos mas que se daban calor mutuamente). Es la primera vez que alguien le da las gracias a un policía porque lo meta al bote. —hecho real.

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