Bienestar Espiritual

Homilía XXIX Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

Ex 17, 8-13; 2 Tim 3, 14 – 4, 2; Lc 18, 1-8.

“Cuando venga el Hijo del hombre,

¿creen que encontrará fe sobre la tierra?” (Lc 18, 8).

In láak’e’ex ka t’aane’ex ich maya kin tsikike’ex yéetel ki’imak óolal. Ti’e óoxp’éel domingo yáayli’ táan k paayalchi’e yo’olaj u jets’ óolal tu lu’umil México, bejla’e’ tumen utiolal u laakal maaxo’ob kíimsabo. U T’aanil Yuumtsile’ ku ya’alik to’on yo’olaj le fe yéetel paayalchi’o. Juntúul máak u ts’aamal u yóol ti’ Yuumtsile’, yaan u tuukiltik yo’olaj le ma’ax ku mukiajo’. Yaan u beetiko’ob sáansamal paayalchi’o yo’olaj laako’ob.

Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con el afecto de siempre y les deseo todo bien en el Señor en este domingo vigésimo noveno del Tiempo Ordinario.

Este es el tercer domingo de octubre y recuerden que cada tercer domingo de mes estamos teniendo una intención particular por la paz. Hoy los obispos de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), La Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos, La Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús (Jesuitas) en México y la Dimensión Episcopal para los Laicos, continúan con la propuesta de las Jornadas de Oración Mensual, que para este 16 de octubre se dedicará a pedir “por los que sufren la trata de personas y por todos los que trabajan por rescatar a estas víctimas”. De agosto del 2017 hasta julio del 2021 se han contado un total de 3,896 víctimas de trata de personas en México, de las cuales el 75% son mujeres y el 25% son hombres.

Recordemos lo que ha dicho el Papa Francisco sobre la trata de personas: “¡La trata de personas es violencia!… es urgente que avancemos en la lucha contra la trata de personas y de toda forma de esclavitud y de explotación. Los invito a todos a ¡mantener viva la indignación! Y a encontrar cada día la fuerza de comprometerse con determinación en este frente” (video mensaje 8 de febrero del 2022).

Las víctimas de trata generalmente son tomadas de entre los miles de migrantes que a diario atraviesan nuestras calles y caminos; pero también tantas veces se trata de niños, niñas y adolescentes que son raptados para este fin. Ojalá que esta jornada de oración no se limite sólo a esta Eucaristía, sino que se extienda al seno de cada hogar, particularmente durante esta semana. Los hombres y mujeres de auténtica fe debemos tener siempre en el corazón la intención por estos hermanos nuestros, así como por sus familias, sin olvidarnos de pedir por los victimarios para que se arrepientan y cambien de vida.

A propósito de la fe, en el santo evangelio de hoy, según san Lucas, Jesús pregunta a sus discípulos: “cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen ustedes que encontrará fe sobre la tierra?” (Lc 18, 8). No hubo ni un “sí”, ni un “no” como respuesta a Jesús. Recordemos que la Palabra de Dios es viva, por lo tanto, hoy Jesús nos hace esa misma pregunta a todos y cada uno de nosotros. Más que una respuesta hablada, el Señor espera un compromiso misionero, para continuar con su obra hoy, como se ha hecho durante estos dos mil años que han pasado.

Los creyentes en Cristo no hemos de temer que el Señor no fuera a encontrar fe sobre la tierra, pues él dijo a Simón: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16, 18). Más bien la respuesta a Jesús ha de ser el aceptar nuestro llamado y envío para hacer de nuestra vida una misión de amor, respaldada por la verdadera fe.

Antes de hacerles aquella pregunta, Jesús les narró la parábola de la pobre viuda que acudía con frecuencia ante un juez inicuo, pidiéndole que le hiciera justicia contra su adversario. Las viudas en Israel y luego en el mundo judío constituían una minoría social, pues ordinariamente eran pobres y sin las oportunidades que sólo los hombres tenían. La enseñanza de Jesús fue la perseverancia de la viuda en su apelación, tan frecuente, que el juez se fastidió de ella y le hizo justicia, no porque le importara la viuda, sino para quitársela de encima. Así como perseveró la viuda, así debemos perseverar nosotros en nuestra oración ante Dios. Si el juez inicuo obró en favor de la viuda, con mayor razón Dios hará justicia a sus elegidos. Perseveremos en nuestra oración por la paz.

En la primera lectura, tomada del Libro del Éxodo, el ejército de Israel entró en una gran batalla contra los amalecitas, conducidos en la batalla por Josué, mientras Moisés en lo alto de un monte y con las manos extendidas oraba en favor de su pueblo. Cuando Moisés se cansaba y bajaba sus manos, el ejército de Israel comenzaba a retroceder y, al notarlo, Aarón y Jur sentaron a Moisés en una piedra y se colocaron cada uno a su lado para sostenerle los brazos y de este modo perseverara en la oración; así venció Josué con su ejército. Este pasaje encierra el mensaje de la necesidad de perseverar en la oración, durante toda la vida, pues mientras dure, es una verdadera lucha contra el enemigo. Oremos por que se acabe con la trata de personas, que es como un cáncer de la humanidad.

Todos los creyentes suelen pedirnos oración a nosotros los sacerdotes confiando en nuestro poder intercesor, sin embargo, todos los bautizados tienen el poder de intercesión, por la gracia del Espíritu Santo y desde nuestro Bautismo. Así que no dejemos de interceder continuamente unos por otros, sin excluir a las víctimas de trata, aunque no las conozcamos.  

En la segunda lectura escuchamos un pasaje más de la Segunda Carta del Apóstol san Pablo a Timoteo, que hemos venido siguiendo en los domingos anteriores. Ahora en este texto, san Pablo le recomienda al joven obispo Timoteo que persevere en todo lo que aprendió desde niño en su familia, la cual le transmitió el conocimiento de la Sagrada Escritura. Yo me pregunto, ¿hoy cuántas familias instruyen a los niños en el conocimiento de la Sagrada Escritura? No dejemos toda la tarea a los catequistas, pues la familia debe ser la primera educadora de la fe.

También le dice san Pablo a Timoteo que la Escritura es inspirada por Dios “y es útil para enseñar, para reprender, para corregir y para educar en la virtud” (2 Tim 3, 16). Estos cuatro verbos son para educar en las familias, y para que los evangelizadores los pongamos en práctica en la obra evangelizadora. Para que el Hijo del hombre a su regreso encuentre fe en la tierra es fundamental que las familias enseñen, reprendan, corrijan y eduquen en la virtud a sus hijos, inspirados en la Palabra de Dios.

Que tengan todos una feliz semana. ¡Sea alabado Jesucristo!

+ Gustavo Rodríguez Vega
Arzobispo de Yucatán

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