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Parques y paseos (12)

Desde mediados del siglo XIX, los gobiernos progresistas procuraban que los habitantes de ciudades importantes contaran no solo con lo necesario para vivir decorosamente, sino con infraestructura de ornato que les permitieran mejorar su salud física y mental, convivir de manera civilizada, relajarse o simplemente pasar el tiempo de manera segura. Para ello no había nada mejor que los parques y paseos públicos.

Pero no se trataba únicamente de construirlos, sino de cuidarlos, mantenerlos limpios y recrear en ellos los más bellos paisajes de la naturaleza, tales como:

[…] accidentes del terreno, árboles preciosos, montículos, riachuelos, grutas, cascadas, bosquecillos, plantas variadísimas, fuentes, exquisitas flores, cómodos y elegantes asientos, etc. […] […] Higiénicamente considerados, los parques y paseos son los grandes pulmones de los pueblos, y por lo mismo, reclaman, sobre todo en regiones como la nuestra y en medios ambientes como el de Mérida, la mayor solicitud, la más constante dedicación, a fin de atenderlos debidamente y de conservarlos siempre en condiciones tales que llenen las necesidades a que responden en la civilización contemporánea […] (1)

Según Rodolfo Menéndez de la Peña, en Yucatán, gobierno y sociedad habían contribuido en los últimos años a erigir hermosos parques y jardines públicos, tanto en la capital, como en las cabeceras de partido y otras localidades, tales como Valladolid, Izamal, Motul, Ticul, Hunucmá, Tekax, Sotuta, etc. Empero, los esfuerzos no habían sido suficientes ni persistentes:

            […] En esta populosa capital, desgraciadamente, el estado de los parques no corresponde al movimiento e ilustración a que hemos llegado: la plaza de la Independencia reclama con premura el enladrillado de todas sus avenidas y calles, la reparación de la verja y otras mejoras. Debe tenerse presente que este es el principal respiradero y centro de recreo de nuestra ciudad en los calurosos días de nuestro ardiente clima y que en tal sitio se da cita mucha parte de la población de Mérida en determinados días y aún épocas del año.

            El parque de “Velázquez”, o de San Juan, el de Santa Lucía y el pequeño parque “Rosado” requieren una especial atención, de parte de autoridades y vecinos, a fin de que respondan debidamente a las nobles miras de sus fundadores, que no pudieron ser otras que el solaz y bienestar de las familias.

            El extenso parque de Santa Ana, regularmente cuidado, merece ser favorecido por el público de la capital, o cuando menos, del suburbio, pues reúne condiciones que le hacen propio para tomar el aire de las mañanas y tardes y pasear por sus avenidas […] (2)

Don Rodolfo también subrayaba la importancia de concluir el paseo “Montejo”, pues entroncaría con el pueblo de Itzimná, con lo cual se favorecería su desarrollo, además de que se convertiría, sin duda alguna, en la principal arteria de la circulación pública. (3)

En Valladolid, a principios de 1900 se comenzó a construir un jardín en la plaza principal, al que los componentes del ayuntamiento acordaron imponer el nombre de “Parque Francisco Cantón” […] en atención a los beneficios que ha recibido el partido de Valladolid, del actual Jefe del Ejecutivo […]. Asimismo se informó que ya habían llegado a Progreso las ciento veinte bancas pedidas a Monterrey para ese espacio. (4)

En Izamal, a finales de 1900, comenzó a tomar forma el parque 5 de mayo:

            […] Siguen adelantados los trabajos emprendidos en el jardín público de esta localidad. Ya es un buen centro de recreo para las familias. El jardín primitivo ha desaparecido. Apenas se tiene idea de él. El proyecto de su primitiva fundación se debe al Dr. D. Braulio A. Méndez, quien hizo emprender la obra cuando era Presidente del H. Ayuntamiento de la ciudad y cuando en la Tesorería sólo contaba con cien pesos de fondo para los gastos respectivos. Se habrá fundado en que toda obra útil que se comienza, al fin se termina. Y es la verdad […] (5)

Pocos días después se informó que ya se habían trazado las avenidas del parque y que se estaban embutiendo; en la obra laboraban 30 jornaleros y los trabajos estaban a cargo del doctor norteamericano George F. Gaumer. (6) Las bancas que se colocarían allí serían semejantes a las que había comprado el Ayuntamiento de Mérida para el parque de la Independencia. (7)

El Paseo Montejo

La idea de construir este paseo surgió el 2 de enero de 1888, cuando un grupo de vecinos de Mérida, entre los que se contaban Gonzalo Peón, Eloy Haro, Fernando Cervera, José Gómez, Gumersindo Ceballos, Eulalio Casares y Rafael R. Quintero, se reunieron en el Instituto Literario del Estado y acordaron integrar una comisión topográfica que se encargaría de encontrar el lugar idóneo para llevar a cabo esa obra. Hubo en total siete reuniones para conocer las recomendaciones de la citada comisión, abordar lo relativo a la compra de los terrenos, elaborar los planos, recabar donativos, etc. La primera piedra se colocó el 5 de febrero de 1888, pero los trabajos avanzaron poco o de plano se suspendieron casi inmediatamente después de esa ceremonia. Se reanudaron en 1898, cuando se habían terminado la calzada para carruajes y la parte lateral poniente para peatones, además de que comenzó la siembra de árboles. (8)

El 9 de abril de 1900, bajo la presidencia de Alfonso Cámara y Cámara, jefe político del partido de Mérida, se reunieron los integrantes de la junta organizadora para, ahora sí, poner todo de su parte para hacer realidad el mentado paseo.

            […] Asistieron a la reunión, entre otros, los respetables caballeros Sres. Don José Ma. Ponce, D. Ramón Ancona Bolio, D. David Casares, D. Heliodoro Rosado, D. Francisco Álvarez y D. Manuel Zapata Martínez, para solicitar recursos entre los particulares.

            Se nombró Tesorero de la Junta al Sr. D. Ramón Ancona Bolio y el Sr. Cámara y Cámara ofreció hacer con elementos que él mismo procurará, los primeros cien metros del referido paseo.

            En vista de que no existe el plano de nivelación del mismo, se acordó designar al Ingeniero D. David Casares para que lo haga y él se comprometió a entregarlo antes de expirar el presente mes. Para este trabajo la Junta se obligó a proporcionar seis hombres al Sr. Casares.

            Se ha acogido, pues, con verdadero ardor la idea de la terminación del paseo “Montejo” que la cultura de nuestra capital exige, y mucho bueno debe esperarse de los entusiastas y respetables caballeros que integran la repetida junta […] (9) (Continuará)

Referencias

(1).- Menéndez, Rodolfo. (1900, 6 de abril). Parques y Paseos. La Revista de Mérida, pp. 1 y 2.

(2).- Íbid.

(3).- Ibídem.

(4).- Notas de Valladolid / Abril 9 de 1900 / Un acuerdo / Bancas para el parque. (1900, 12 de abril). La Revista de Mérida, p. 2.

(5).- Noticias de Izamal / Noviembre 2 de 1900 / Jardín público. (1900, 4 de noviembre). La Revista de Mérida, p. 2.

(6).- Noticias de Izamal / Noviembre 6 de 1900 / Los trabajos del parque. (1900, 8 de noviembre). La Revista de Mérida, p. 2.

(7).- Menéndez, Rodolfo. (1900, 6 de abril). Parques y Paseos. La Revista de Mérida, p. 1.

(8).- Tello Solís, Eduardo. (1980). Monografía del Paseo de Montejo. Una avenida metida en la entraña del pueblo yucateco. Mérida, Yucatán, México: Ayuntamiento de Mérida; véase las pp. 21-30.

(9).- El Paseo Montejo / Comienzan los trabajo. (1900, 15 de abril). La Revista de Mérida, p. 2.

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