Bienestar Espiritual

Oración

“¡HOY ES TIEMPO DE AMAR! ¡MAÑANA SERÁ MUY TARDE!”

¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

Recibe nuestros más afectuosos saludos, Padre bendito.

Papá Dios: Hace poco, estuve en un funeral que me impactó tanto que mi alma quedó destrozada. Fue de una familia conocida y entre ellos, tengo dos amigos. La persona que estaba en el ataúd era una mujer que sufrió bastante en su fase final. ¡Ya estaba desahuciada! ¡Ya casi ni les interesaba a su familiares y solo dos enfermeras eran quienes cuidaban de ella y la atendían en sus necesidades! Lo curioso, es que esta mujer ya era prácticamente UN MUEBLE VIEJO y sus sufrimientos los padecía en su soledad y aislamiento.

Lo interesante es que ella había trabajado mucho y había amasado una buena suma de dinero, pero como POR SU GRAN BONDAD, YA LA HABÍA TRANSFERIDO A LOS SUYOS, ahora ya no le interesaba a su familia el cuidar de ella… contrataron a dos enfermeras para cuidar de ella. Pero eso sí, en la funeraria todos estaban de negro, tristes, serios y algunos hasta lloraron. Yo los observaba contrariado, porque no vi en sus rostros esa sinceridad y esa gratitud a ese ser querido que en realidad los había beneficiado grandemente.

Señor: ya no te sigo narrando lo que vieron mis ojos. ¡Cuánta falsedad hay en nuestra sociedad! ¡Cuánta hipocresía! ¡Cuánta maldad e ingratitud! Esta tía, que nunca se casó, pero si trabajó mucho y en vida les entregó una buena cantidad de dinero, en los momentos más duros y dolorosos de su soledad, ¡su familia la abandonó, la olvidó y la arrinconó donde a nadie estorbara ni causara lástima, mientras ellos estaban de fiesta en fiesta! Al final, fue sepultada, eso sí, en un buen sepulcro de mármol blanco, hubo muchos arreglos florales, coronas y allí estaba reunida toda la familia y muchos amigos. Un familiar derramó sus lágrimas y dijo unas palabras de elogio. En mi interior yo solo escuchaba una vocecita que murmuraba: ¡En vida, hermano, en vida! Ahora, en este momento, es demasiado tarde para expresar el dolor que ni sientes. En este momento resultaba en vano el decirle cuánto se le apreciaba y lo laboriosa que era, porque ella ya no los escuchaba. Ya no cabían las disculpas, porque ya no había poder en sus labios para perdonarles. Ya de nada servían ni las lágrimas ni los lamentos ni las flores, porque su alma ya estaba en la eternidad. Ahora sus lágrimas se evaporaban, secaban sin provecho y sin poder conmover, porque salían de corazones que TODO LO SIMULABAN. Señor: nuestra sociedad está vacía, sin valores espirituales, sin sentimientos, ya no saben orar, solo saben decir AMÉN. Solo repiten una plegaria que ni ellos entienden ni comprenden, mucho menos llega a Tu presencia y conmueve tu corazón divino… ¡Celebran una liturgia muerta!

Padre Santísimo: ¡Te suplicamos de todo corazón y con toda la energía de nuestra alma, que nos concedas Tu divina amistad y así nos mantengamos por siempre en Tu presencia divina siendo cada vez más llenos de Tu gracia, de Tu amor y de Tu poder, porque aunque nuestra cruz sea pesada, con Tu gracia saldremos al final con fortaleza, con paz y con amor despidiéndonos de todo y de todos y obteniendo una bendición para los nuestros. Amén.

¡Bendito seas, Padre maravilloso!

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