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La voz presidencial y sus efectos en la “valentía periodística”

Al día de hoy, los vídeos en contra del presidente López Obrador, divulgados regularmente por Ricardo Anaya, no han tenido la efectividad política, social y profesional, que tuvieron, por ejemplo, los difundidos en los Martes del Jaguar, por Layda Sansores San Román, gobernadora de Campeche, en los cuales se escuchaban todas las corruptelas de Alejandro Moreno Cárdenas, líder nacional del PRI y exgobernador de esa misma entidad. 

En contraste, el AMLOMETRO, medición diaria del sentir ciudadano respecto a su presidente, arroja muy poca variabilidad en el sentir positivo de la sociedad, a pesar de todos los ataques dirigidos a la figura presidencial desde diversos frentes políticos y de manera continua: LATINUS, FRENA, PAN, Ricardo Anaya, diversos periódicos, mafia intelectual ubicada en Letras Libres, Beatriz Pages y una enorme lista de antimorenistas, anti 4-T y antiobradoristas. ¿Por qué no ha surtido el efecto buscado esa estrategia de denostación vulgar y majadera, en contra del habitante de Palacio Nacional? Pues, evidentemente porque la 4-T, MORENA y la figura presidencial tienen mayor crédito social, que cualquier partido y grupo de oposición y sus representantes.

En ese contexto, parecería que la agresividad periodística y grupal son producto de actitudes valientes y nada temerosas, pero en realidad tienen su base en el mensaje expresado -ene cantidad de veces-, por López Obrador, a todos sus opositores: “No habrá represión a ningún opositor; se respetará el derecho a disentir. Pero haremos uso del derecho de réplica…Ya no es como antes, somos diferentes”.

Las palabras presidenciales de respetuosidad a la disidencia, han envalentonado a muchos periodistas, quienes utilizan la afrenta y la denostación, para sentirse héroes de la información.

Ese actuar “heroico”, les surge porque no han recibido atentados, amenazas, o algún tipo de secuestros. No. En estos tiempos se puede denostar a la máxima figura del país y caminar tranquilamente por las calles y conducir el vehículo sin tener vigilancia detrás de este. Todas esas cosas se utilizaban en anteriores gobiernos, para atemorizar a los disidentes.

Lilly Téllez ha dicho “pejelagarto presidente”, a López Obrador. Loret de Mola, insiste cada vez que tiene el micrófono abierto en la corrupción que priva en este gobierno. Y en esa sintonía, van muchos comentaristas y analistas de televisión.

Es fácil darse cuenta de dos cosas: 1) la inutilidad de las afrentas opositoras a Obrador; y, 2) la integridad física y profesional de que gozan estas personas.

Andrés Manuel López Obrador, es como un muy particular rey Midas, que al tocar cualquier tema o realizar cualquier obra, los convierte en argumentos, alaridos, agresiones y vituperios de la oposición, que no descansa ni de noche ni de día en su afán manifiesto de tumbar a MORENA y a López Obrador de la silla presidencial.

No. No hay valientes periodistas o ciudadanos o agrupaciones sociales que puedan ser calificadas como tales. Existe, eso sí, un presidente que respeta la libre expresión de sus opositores, algo nunca visto en gran parte de la historia política del país. “No pago para que me peguen”, decía López Portillo, dejando ver lo vendido de la prensa y la poca tolerancia a las palabras de la oposición.

“Eso, se acabó, esto es diferente, no somos iguales”, les dice el presidente, en sus mañaneras a la oposición y ella se retuerce como xlukunkán en sal, hasta morir haciéndose pedazos. 

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