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Mimí Derba: Tres Partes de Afrodita (III)

Historia de un corazón  (1950). Dirección : Julio Bracho. Mimí Derba, Rosario Granados y Alberto Carriére.

Mimí retornó a los escenarios capitalinos hasta 1927 y fue en el teatro Principal con la Compañía de Revistas Mexicanas Campillo. En la cía. se encontraban la tiple Eugenia Galindo, quien se haría celebre en el cine por su actuación de madre abnegada y esposa sufrida junto a Fernando Soler en Una familia de tantas (1948).

 En agosto, Mimí debutó en Amapola del camino en el teatro Lírico, actuando al lado de Luis Barreiro.

 En noviembre de ese año la entrevistaron para Jueves de Excélsior, ahí ella expresó:

“-¿Piensa usted abandonar pronto el teatro?

-Sí; lo he pensado muy seriamente, y tal vez lo haga al cumplir los treinta y cinco años. No quiero que me retiren los públicos…

-¨Y ha ganado usted dinero en el teatro?

-Lo suficiente para vivir bien – dijo con displicencia – pero no lo suficiente para haber asegurado el porvenir, ni mucho menos.”

 En los años siguientes Mimí trabajó en todos los teatros de la época. Y fue en 1938, contando con 45 años cuando decide retirarse para siempre de la escena teatral y abocarse completamente al cine.

 El cronista teatral Armando de Maria y Campos escribió en Hoy:

 » Voluntariamente en plena madurez artística, acaba de poner fin a su brillante carrera teatral tan cerca y tan lejos de nosotros. El público que llenó la Sala de Bellas Artes para oírla cantar por última vez la Rosalía de «La Torre de Oro», le tributó una conmovedora ovación de despedida, como si quisiera otorgarle, en unos cuantos minutos, esencia y zumo de gratitud a una vida consagrada al teatro.»

 Mimí se retiró del teatro y aunque usted no lo crea, lector, trabajo varios años en una dependencia del nuevo gobierno de nuestro país.

 Hasta que el cucús del cine la llamó de nuevo y en 1931 actúo en la versión sonora de Santa. Después actuó en muchas cintas en donde hoy la recordamos como la abuela adusta, la dama de la aristocracia inflexible, la madre adusta y de puño duro. Estos fueron mayormente los roles que le tocaron actuar para nuestro cine. 

 HISTORIA CINEMATOGRÁFICA

 En 1916, inflamada por los aires revolucionarios que bañaban el país, Mimí participa de uno de los primeros movimientos sindicalistas de actores, en el que llegó a fungir como secretaria del interior. Esta actividad la dejó, al igual que a sus compañeros síndicos, sin trabajo.

  Es así como da comienzo la historia cinematográfica de Mimí en 1917, un poco por el veto teatral, y un mucho por el espíritu emprendedor y «moderno» de nuestra bella tiple. El “financiador” económico esta empresa fue el general Pablo González, con quien ella sostuvo un largo romance.

 Junto con el fotógrafo Enrique Rosas, Mimí fundó la productora de películas Azteca Film, cuyas oficinas se encontraban en la esquina de Juárez y Balderas. Esta empresa rodó cinco cintas a partir de marzo de 1917, y permitieron a la naciente crítica cinematográfica darse vuelos y soñar que nuestro país podía hacer del cine una industria similar a la italiana y a la gringa.

 La empresa falló, tendrían que pasar casi dos décadas para que la industria cinematográfica nacional fuera productiva para directores, actores, guionistas, técnicos y productores.

 Con este proyecto empresarial y artístico, Mimí se convierte en la primera mujer que es productora, argumentista y directora de cine en nuestro país.”

 Las cintas fueron:

EN DEFENSA PROPIA (1917)

Producción: Azteca Film, Enrique Rosas y Mimí Derba

Dirección artística: Joaquín Coss

Argumento: Mimí Derba

 El 16 de julio de 1916, en la sección Escenarios y Pantallas del periódico Excélsior, el cronista Zeta escribió:

 «En resumen, la primera producción de la casa citada demuestra con creces que en México hay en la actualidad elementos suficientes para hacer cintas cinematográficas de la mejor calidad que pueda hoy obtenerse. Y la empresa citada tiene en su abono el haber sido aporte principalísima para la consecución de esos elementos que son la clave del arte cinematográfico, en la parte que podríamos llamar plástica.

 Hecha esta justicia a la empresa, creo que es la oportunidad de hacer unas cuantas objeciones a su primera creación.

 La principal de ellas es la deficiencia de la dirección de escena, notable sobre todo en los cuadros de conjunto. Una casa de la importancia que tiene y, mejor aún, que puede tener en lo futuro la que es capaz de producir trabajos como En defensa propia, está obligada a corregir inmediatamente este mal. La dirección de escena, como digo, deja mucho que desear. Los que recuerden las escenas del día de campo en Xochimilco, en las cuales los actores se apelotonaban de modo lamentable quitando toda naturalidad y toda espontaneidad a los grupos, sabrán darme la razón.

 El argumento es ingenuo hasta lo infantil; casi no es argumento, y apurado me vería si intentara resumirlo aquí (…)

 Pero no quiero insistir en los defectos, que, por lo demás, son perfectamente explicables en toda primera producción. Lo importante para el arte cinematográfico nacional es la brillante comprobación de que en el país basta un poco de entusiasmo y de constancia para obtener la independencia industrial en la producción de obras para el cine.”

 En su Crónica del cine mudo mexicano Gabriel Ramírez anota:

«…la verdad era que en el papel, Azteca Film parecía tener las instalaciones fundamentales como para aspirar a grandes cosas, aunque era evidente que la realización de los promete dores planes de producción exigían algo más. En teoría, se deducía que del estudio saldrían las primeras películas auténticamente profesionales y en verdad, ésa era la única posibilidad real para quienes habían invertido tanto en el proyecto sin disponer de ninguna o casi ninguna información o experiencia cinematográfica como no fuera la de seguir lo más cerca posible a los modelos extranjeros que les habían precedido. Las reglas eran las mismas para los pequeños o grandes productores, pero las pretensiones de la Azteca constituían un riesgo tal que para ellos no había otra elección más que la de triunfar a como diera lugar, cuidando no malgastar el dinero y emprendiendo películas, no de interés local, sino de «asunto internacional» como pretendidamente lo era En defensa propia. Su mínima trama, como tenía que ser, era una repetición incansable de las rentables películas europeas.»

Fernando Muñoz Castillo

Escritor, hacedor de libros objeto, dramaturgo y director de teatro. investigador e historiador de teatro y cine. curador y museógrafo. periodista cultural. ha publicado varios libros.

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