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Fiestas patronales (4)

En Mérida y en otros municipios de Yucatán se llevaban a cabo las denominadas fiestas tradicionales en honor de un santo patrono. Con estas ganaban todos: la iglesia, con el pago de misas por las entradas y salidas de gremios, los empresarios con las ganancias que obtenían de la venta de productos o servicios y, desde luego, los ayuntamientos con el pago de impuestos. En 1900, las ferias más importantes en la capital eran las de Santiago, San Sebastián e Itzimná.

En estas ocasiones se organizaban bailes populares y vaquerías, corrida de toros, se instalaban tamazucas, puestos de frutas, de dulces y de refrescos, cantinas, sorbeterías, tómbolas, loterías, carruseles, teatros o carpas donde se ofrecían espectáculos de zarzuela, prestidigitación, fantoches (como los de los famosos Rosete Aranda), cinematógrafo y otros atractivos.

[…] Ved el embullo de nuestro pueblo cuando suenan las músicas y chisporrotean los fuegos y luces de una alborada de fiesta: parece tocado por un resorte eléctrico, parece que ha llegado para él la hora del supremo deleite, de su afán más ardiente. Desde ese momento, su voluntad, sus deseos, sus inquietudes, son por y para la fiesta. Habla de ella con calor, se dispone a gustar de ella y, en medio del trabajo, interrumpiendo los quehaceres del taller, del almacén o de la oficina, evoca recuerdos o refiere sus propósitos que acaricia con loco amor, en una palabra, maniatado por la ilusión o por los goces que le esperan, se entrega a la fiesta sugestionado por ella, NI MÁS NI MENOS QUE COMO SE ARROJA CUALQUIER hombre en brazos de lo que satisface y colma sus apetitos […] (1)

Sin embargo, esta irreflexiva actitud, según un anónimo autor, representaba no solo un riesgo personal, sino social, sobre todo cuando los ciudadanos tenían a la mano casas de juegos de azar, en la que se desplumaba a los incautos, así como prostíbulos y corridas de toros.

            […] Es incuestionable que éste [el pueblo] perderá cada vez más en ese sentido, pues a medida que fiestas de ese género se multipliquen y el desenfreno del placer sea tan fácil y tan expedito sentarse a una mesa de juego y apurar a porfía copas de aguardiente, y embrutecerse con las corridas de toros y entregarse a las glorias (?) de Venus, ¿Quién dudará que el pueblo irá aficionándose también cada vez más al vicio, perdiendo el gusto por el trabajo? No se necesita más que ver la concurrencia a las casas de juego en tiempos de fiesta o no, para persuadirse de tan triste verdad […] (2)

Para que no se pensara que se exageraba, se informó que a principios de julio de 1900 la Caja de Ahorros de Mérida contaba con un fondo de quince mil pesos, depositados principalmente por gente de la clase obrera; sin embargo, por el comienzo de la fiesta de Santiago se retiraron diez mil pesos, es decir, las dos terceras partes. (3)

En consecuencia, se subrayaba que, ante la necesidad imperiosa que tenía el pueblo de divertirse, las autoridades, en su carácter de educadoras, reguladoras y guardianas de la moral y de la disciplina, tenían el deber de fomentar espectáculos o fiestas progresistas y cultas, acordes con la moral, la moderna ilustración y la ley.

El excesivo celo de los reformadores sociales de entonces percibían excesos incluso en ciertas costumbres vinculadas con las actividades religiosas:

[…] Mas con ser la fiesta de las Ampollas tan clásica fiesta, hay en ella actos que contrastan lamentablemente con esas otras manifestaciones simpáticas que la cultura acoje (sic). Todavía dura, como una enfermedad crónica, en los miembros menos civilizados de varios gremios, la costumbre inveterada de quemar, a porrillo, cohetes y petardos cuya detonación atruena los aires con salvaje estruendo; todavía, como herencia desgraciada, como legamo (sic) de pasados días, persiste la ignición de toros de fuego, a través de la vía pública, y de interminables hiladas de bombas, en holocausto al Cristo de las Ampollas, práctica que rechazan de consuno la civilización y buen gusto y que ojalá fuese abolida siquiera por el nombre de nuestra sociedad […] (4)

En Mérida, el establecimiento La Ciudad de París importaba todo tipo de fuegos artificiales “para grandes fiestas cívicas, para fiestas de campo, para alboradas, para días de santos y fiestas de familia”, tales como:

            […] Nidos de dragón, o sea chillidos en los aires. Rueda de espuma de oro, se levantan primorosamente. Torbellinos giratorios. Ruedas verticales. Triángulos. Ruedas de pitos, gran novedad. Lentejuelas eléctricas, juegos para niños. 50 cs. docena. Luces de rubí. Antorchas eléctricas, verde y rojo, iluminan y están mucho tiempo encendidas, pueden encenderse las que se quieran en un segundo. Velas romanas de 3, 4, 5 y 6 bolas. Velas de estrellas, muy bonitas. Velas de pito y trueno. Jack silvadores. El Diablo entre los sastres, el fuego más primoroso que pueda imaginarse. Flores de colores. Garbanzos en cajas, tirarlos y al caer revientan. Luces de Bengala, hay tamaños hasta para iluminar la ciudad. Tenemos además, cajas surtidas de fuegos artificiales con una colección escogida, listas para quemar, desde $ 12 caja, con envases de madera y zinc para seguridad y fácil exportación. ¡Globos! Tenemos un espléndido surtido, con y sin luces, listos completamente para soltar, no se necesita ninguna preparación para la cestilla, viene todo listo, desde 50 centavos uno. ¡Globos de animales! Cochinos, pescados, elefantes, etc., etc., lo más bonito al elevarse. Mixtos en cajitas, y cuanto pueda desearse en fuegos artificiales […] (5)

Finalmente apuntaremos que en 1900 hubo al menos tres novedades en la feria de Santiago: un autorama, que proyectaba vistas en un local rentado por el empresario Juan Regato, en el que también […] está aquel famoso burro adivinador que tanto divierte a los chiquillos y no chiquillos por lo delicado y galante de sus respuestas, sobre todo a las señoritas […] (6); […] unas hermosas fuentes de agua de distintos y hermosos colores que ofrecerán un bello espectáculo […] (7) y un museo de cera que trajo Vicente Guanche y que recibió mucho público, pues, aprovechando el interés por la guerra anglo-bóer, a la que nos referimos en otro artículo de esta serie, trajo, entre otras figuras, las de Paul Kruger, presidente del Transvaal, y las de sus famosos generales Petrus Joubert, Piet Cronje y Louis Botha; desde luego que no podía faltar la del Gral. Porfirio Díaz, a quien acompañaron la Reina Victoria de Inglaterra, Wolfgang Amadeus Mozart, Adelina Patti, así como Dewey, [¿Emilio‚] Aguinaldo, Mariano Carvajal (?), así como otras que representaban la decapitación de Holofernes.  (8) (Continuará)

Referencias

(1).- Las diversiones públicas. El pueblo y el gobierno. (1900, 29 de mayo). El Eco del Comercio, p. 1. 

(2). Íbid. Véase también: Las diversiones públicas. (1900, 22 de mayo). La Revista de Mérida, p. 1.

(3).- Oh, Los Juegos.(1900, 24 de julio). El Eco del Comercio, p. 1.

(4).- Saint Faust. (1900, 27 de septiembre). Mis Domingos. El Eco del Comercio, p. 2.

(5).- Fuegos artificiales. (1900, 12 de octubre). La Revista de Mérida, p. 4.

(7).- Fuentes luminosas en Santiago. (1900, 19 de mayo). La Revista de Mérida, p. 2.

(8).- Personajes en Mérida. (1900, 22 de junio). La Revista de Mérida, p. 3; Gran Exhibición de figuras de cera en la Feria de Santiago de 1900. (1900, 27 de julio). La Revista de Mérida, p. 4; Haz de noticias. (1900, 4 de noviembre). La Revista de Mérida, p. 2; véase también: Figuras de cera. (1900, 13 de marzo). El Eco del Comercio, p. 1; Información local. (1900, 5 de julio). El Eco del Comercio, p. 2; Las figuras de cera. (1900, 24 de julio). El Eco del Comercio, p. 2.

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