Bienestar Espiritual

Oración

“¡LO RELIGIOSO Y TIBIO DENIGRA A NUESTROS TEMPLOS!”

¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

Saludos cordiales de parte de Tus hijos, Padre Dios.

En este amanecer yucateco de mañana húmeda y tibia, pero con un ambiente de lluvia abundante, que regenera nuestros cenotes, da vida y vigor a nuestros árboles y plantas y hace que nuestra fauna se sienta feliz en su hábitat que Tú les regalaste y que nosotros, nos empeñamos en arrebatárselos para hacer proyectos que atentan contra la misma naturaleza y alteran el clima regional y global. ¡Danos inteligencia y mucho talento creativo para que mejoremos y no empeoremos nuestro país, sino que lo hagamos más confortable sin dejar de hacer más y más proyectos tan necesarios y vitales!

Hoy se nos viene a la mente el conversar contigo, oh Padre Amado, sobre “¡El celo de Tu casa me consume!” (Salmo 69:9). Tener la dicha de hablar contigo a diario, es un verdadero privilegio que aunque de Ti dependemos todos y todo, nuestra libertad, creemos firmemente que no está a discusión.

¿Por qué nos reunimos en los templos y nos volvemos adictos a frecuentarlos? Tu amado Hijo sintió gran aprecio y un profundo celo y respeto por el Templo de Jerusalén y exhortó a que no hicieran de él UNA CUEVA DE LADRONES, PORQUE ES CASA DE ORACIÓN. Y justo, Padre Santísimo, nosotros muchas veces nos acostumbramos a lo sagrado y lo hacemos muy común y muy corriente, porque nuestros templos DEBEN SER CASAS DE ORACIÓN FERVIENTE, APASIONADA Y CAPAZ DE PERFORAR AL MISMO CIELO PARA HACER QUE LLUEVA LA GRACIA DIVINA EN ABUNDANCIA. Muchas veces nuestros templos tienen una ceremonia litúrgica muy expresiva, muy propicia para estar en comunión contigo, pero al celebrarla, la hacemos desabrida, rápida, mal ejecutada, con lecturas bíblicas muy interesantes, pero mal preparadas y hasta mal leídas. En estos lugares parece que hasta los mismos ángeles están bostezando, distraídos y hasta dormitando. Creo que hasta Tú, oh Padre Amado, huyes de nuestros templos porque son tibios en sus ceremonias y en vez de elevar nuestra mente y nuestra voz a Ti, nos concretamos a repetir un rezo convertido en murmullo de mal gusto. Estos espacios sagrados, parecen CÁRCELES LLENAS DE PRISIONEROS QUE SOLO ESPERAN LA MUERTE, porque con nuestra actitud tan negativa, estamos matando la fe.

Padre Santísimo: Nos has hecho ver que, Cuando no hay espiritualidad, todo es mecánico, tibio, sin sabor, sin interés y superficial. ¡Llénanos de Ti para que abundando en gracia y en amor, transformemos nuestros templos en espacios de gloria, de luz, de fe y de esperanza, para que los mismos cielos se conmuevan y hagan de nosotros la extensión de Tu gran poder, Tu misericordia y Compasión! Amén.

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