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Ofertorio

Cuando desde la ojiva veas que se acerca, descalza la sandalia de tus pies.
Reviste de seda tu cuerpo.
Perfuma cabellos y vellos con esencias de Chipre y de Persia.
Pinta tus palabras de azul de Egipto.
Los sueños con tinte de Campeche.
Esparce las flores más bellas para que sus pies no sientan las piedras del camino.
Danza, inventa otra vez aquella música que un día te descubriste ejecutando bajo el frondoso almendro.
Cuando el viento te traiga el sonido de su respiración,
Suelta en anunciación los petirrojos más hermosos hacia el alba.
Y prepárate.

Descubre tu carne y tu alma para que pulse la cítara de tus emocio-nes.
Baja cauteloso y abre de par en par las puertas de la fortaleza. Las telarañas y el olor a guardado se escurrirán sin tu percibirlo.

Llegará con las miradas limpias y el cuerpo terso para
ofrecerte de la alforja de su alma colores jamás soñados,
sonidos nunca antes percibidos. Si, serán aquellos que una
madrugada te despertaron y que alucinaste como el rozar de
alas de arcángeles lascivos.
Juntos caminaran por el huerto.
Al contacto de su presencia, el paraíso, aquél que loaron los poetas de antaño, se abrirá solo, sin más ni más a vuestros corazones de jóvenes enamorados del amor.
Podrán alcanzar las estrellas con tan solo alzar las manos
y formar guirnaldas para todos lo hombres y mujeres bellos que en la tierra existen.
Será cuando el caballo alado de vuestros sueños, emprenderá el via-je hacia ese Dios desconocido y hermoso que ama el placer
y la vida.
Sólo hasta entonces el otro Dios, el de la venganza y el miedo, el
de la muerte y la guerra, caerá preso de un dolor tan grande
-infimito- , como con el que ha infligido a esta humanidad por más
de veinte siglos.
Sólo hasta entonces.
Mientras tanto observa bien desde la ojiva y no confundas, por
piedad, al viajero que debe llegar.
Hasta entonces guarda la ambrosía de tu amor. Sólo hasta entonces.

Recomendaciones:
Aquí dejo la llave de la fortaleza.
En tus manos la pongo. Te dejo además el fuego. Hay que avivarlo
con intensidad.
Con la intensidad de tus sueños.
Con la pasión que brota de tus manos y de tus ojos de niño solitario,
extraviado y divagante.

No temas al canto de las sirenas ni a las preguntas de la esfinge.
La llave es tuya, pero recuerda que es para abrirle al viajero,
al que debe llegar. Aquel que viene más allá de Lemuria.
Vendrá cansado. Deseoso de besos y caricias.
Hambriento de humanidad. Harto de lo vivido.
Sediento de nuevas experiencias que sólo tú y tu poesía pueden sa-ciar.
Los gusanos de la morera han comenzado a tejer tu traje.
En el estanque de nenúfares y lotos, los peces de grandes colas transparentes te contarán las historias, aquellas que un día yo le conté al viajero que habita dentro de mí.

México Tenochtitlan /6/abril/83

Fernando Muñoz Castillo

Escritor, hacedor de libros objeto, dramaturgo y director de teatro. investigador e historiador de teatro y cine. curador y museógrafo. periodista cultural. ha publicado varios libros.

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