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Las primas de Aurora Venturini

Ha sido un camino desigual para las autoras de obras literarias, ya sea en narrativa o poesía. Los procesos de difusión y distribución le han dado más cause a las publicaciones realizadas por hombres, propiciando un desconocimiento de los discursos literarios creados por mujeres. Los movimientos feministas están propiciando una apertura de conciencia, de cuestionamientos, y en el mundo literario es una realidad que la literatura escrita por mujeres va tomando el espacio que corresponde.  

Un caso representativo de la invisibilización podría ser Aurora Venturini (1921-2015), escritora rioplatense que por muchos años pasó desapercibida, a pesar de que prácticamente estuvo publicando libros en editoriales independientes de manera continua desde 1942. En 2007, cuando la autora tenía 85 años de edad, ganó el Premio Nueva Novela Página/12 con la obra Las primas que puso los reflectores sobre ella, al superar las más de 600 propuestas concursantes provenientes de Argentina, América Latina y España. A sus 85 años, la literatura de Aurora Venturini sentó sus reales más allá del manto de silencio que sobre ella existía, y no era para menos.

Las primas, es una novela impactante por donde se le analice. Lo primero que notamos al entrar en contacto con el discurso literario de Venturini, es el lenguaje que tiende en apariencia al desbordamiento, muy similar al modo de hablar de algunas zonas de Argentina, con localismos que no impiden la comprensión del relato. Sin embargo, la verdadera fuerza del lenguaje en la narración, no se queda en la enunciación tan contundente de los párrafos ni en la cadencia de los mismos, sino que va de la mano con la historia, la cual va matizada de tintes trágicos, pesimistas y por momentos muy oscuros. Mariana Enríquez, en el prólogo describe: “novela pesimista y brutal, sin heroínas claras, una novela de mujeres extremas, enfermas, obsesivas, maltratadas”. Pero ¿qué nos está contando Venturini en Las primas?

El libro cuenta la historia de Yuna y de las mujeres que conforman su familia poco convencional (su madre, hermana, primas y tías), que, además, sobreviven diversos padecimientos físicos y mentales heredados. “Los relojes me espantaban como el rodar de la silla ortopédica de mi hermana”, confiesa la protagonista, quien hasta los veinte años pudo leer la hora del reloj, lo que nos refiere la existencia de una discapacidad intelectual que, sin embargo, no impidió que pudiera construir, de la mano del arte, ya que era pintora y estudiante de Bellas Artes, una propia existencia más digna aunque con un pesimismo existencialista siempre evidente en el relato: “A veces -dice Yuna- pienso que somos un sueño o pesadilla cumplida día a día que en cualquier momento ya no será”. 

Temas como el aborto, la prostitución, la hostilidad siempre presente de los hombres, pero también lo complejo que pueden ser las relaciones entre mujeres, el abuso sexual (“y supe que dentro de un ser aparentemente bondadoso puede ocultarse un monstruo miserable y pedófilo”), la discriminación, y el absurdo de la vida, van desgranándose a lo largo del relato. Yuna, como personaje, observa la vida desde su pintura, sin juzgar nada, conformando una identidad sin dependencia de ningún tipo, (sentimentales, religiosas, sexuales, familiares). Como si estuviéramos ante una mujer que, pese a los absurdos y tragedias de la vida, va imponiéndose con vitalidad pesimista hacia una nueva manera de habitar el mundo y sus complejidades. “Cada minuto me alejo más y más de lo que llaman familita y cada minuto me tengo más en cuenta”, advierte Yuna. 

Las primas, de Aurora Venturini no es un libro extenso, pero sí, en cambio, sus capítulos son de una profundidad sui géneris, que, por momentos, podrían resultar abismos siniestros. El Ministerio de Cultura de Argentina, refiere su obra en general como una literatura que “atraviesa todo el siglo XX y es una de las más osadas aventuras sobre el castellano rioplatense”. Novelista, cuentista, poeta, traductora, ensayista y docente, Venturini se graduó en Filosofía y Ciencias de la Educación. Vivió exiliada en París más de 25 años luego del golpe de estado en Argentina en 1955. En Francia estudió psicología y conoció de cerca el movimiento existencialista con Jean Paul Sartre, Simone de Beavoir, Albert Camus, Eugene Ionesco y Juliette Greco. De regreso a su patria, fue maestra normalista de filosofía en la Escuela Normal de Antonio Mentruyt de Banfield. 

Y, aun así, Aurora Venturini permaneció en el anonimato tantos años. Nadie, en 1948, cuando ganó un concurso local de poesía (premio que Jorge Luis Borges le entregó, según detallan sus biógrafos), se imaginó la dimensión literaria de la joven promesa rioplatense que por muchos años permaneció sin conocerse. Más de treinta publicaciones tuvieron que pasar hasta que obtuvo el premio por Las primas. “Hasta hace poco era el secreto mejor guardado de la literatura argentina”, escribió el periodista Daniel Gicena para La Nación. ¿Cuántos otros secretos literarios han de permanecer en el limbo de la discriminación por género? 

Sin duda, Las primas, es un libro que requiere de lectura y relectura constante, por todo el descubrimiento que vislumbra su técnica y la historia misma. Ojalá el mundo editorial permita conocer más obras como la de esta gran novelista, y también, nosotros, como lectores, nos atrevamos a sumergirnos en esas otras miradas tan necesarias para comprendernos.  

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