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Veladas, conciertos y audiciones (1)

En la agonía del siglo XIX en Yucatán, el divino arte, como algunos cronistas yucatecos gustaban referirse a la música, se manifestaba tanto en el ámbito público como en la esfera privada. En plazas, parques, edificios escolares y otros de carácter municipal, se desplegaban sonidos y armonías que atraían a personas de todas las edades, lo mismo que en teatros, circos, redondeles taurinos, salones de las sociedades coreográficas, casinos, café-cantinas y domicilios particulares.

Para el encuentro con Euterpe todos los pretextos eran válidos: celebraciones cívicas, ceremonias religiosas, fiestas patronales, tomas de posesión, fines de curso, bailes, escoletas, estudiantinas, carnavales, cumpleaños…

La música era cultivada por jóvenes que aprendían a tocar algún instrumento y también por músicos experimentados que participaban en orquestas y/o bandas que surgían transitoriamente para un evento específico o que operaban en forma permanente, casi siempre bajo los auspicios de la autoridad. En ocasiones nos visitaban ejecutantes profesionales para ofrecer conciertos en toda la regla, en tanto que destacados músicos y músicas locales viajaban a Europa, Cuba o a la capital del país para laborar, perfeccionar su técnica y/o enriquecer sus conocimientos.

Antes de iniciar nuestro recorrido, que abarcará de 1900 a 1910, conviene precisar que en este trabajo excluiremos lo que acontecía en el Circo Teatro Yucateco y en el Teatro Peón Contreras. La razón es sencilla: en investigación anterior nos ocupamos de los espectáculos que se presentaron en el primer recinto durante el mismo periodo y, en cuanto, al segundo existe el documentado libro de Gonzalo Cámara Zavala.

Distribución de premios y clausura de cátedras

Comencemos por las muchachas citadinas que estudiaban piano o canto con una maestra o maestro particular, cuyo número, según Saint Faust, no era desdeñable:

            […] La afición y el gusto por el divino arte, se va desarrollando entre nuestra juventud, con manifestaciones cada vez más lisonjeras y cada vez más ajustadas a los preceptos de los maestros, vaciados en moldes de la estética que es el transparente fanal que lo protege contra los atentados de los ineptos y de los líricos, a quienes el ingenio ha negado sus fosforescencias.

            Numeroso es el grupo de señoritas que ya estudian el bell canto, o ya aprenden el mecanismo de algún instrumento de cuerda, de aliento o de teclado, en cuya ejecución se ejercitan, que se adiestran para dar conciertos o audiciones musicales y que en efecto los dan con verdadero lucimiento.

            Es este un respiro […] (1)

Luego de los exámenes, durante julio de cada año, tanto en el Instituto Literario de Yucatán, como en las demás escuelas especiales, se llevaba a cabo la Distribución de premios y clausura de las cátedras.

            […] Esa fiesta es el resumen de todos los entusiasmos, de todas las fatigas y de todas las ansias que espolearon a los alumnos en la faena escolar; por eso todos cooperan, al menos con los alardes de su alegría, a que se celebre y obtenga éxito y lucimiento.

            Consiste en una velada, generalmente de numeroso programa, en que se alternan escogidas composiciones musicales, con la recitación de discursos, la declamación de poesías y números de canto que son como el eco armonioso de las buenas notas pregonadas desde lo alto de una tribuna y engarzadas a los nombres de los acreedores a estímulos y galardón […] (2)

En estos eventos convivían maestros, alumnos e invitados y eran ocasión propicia para que niñas y jóvenes meridanas de clase media y alta mostraran sus adelantos. Por ejemplo, en la velada del Colegio de Enseñanza Preparatoria y Profesional, que tuvo lugar a principios de julio, Dolores Bolio Cantarell tocó con sprit el Rondó capriccioso de Mendelssohn; María E. Monreal y Celia García ejecutaron a cuatro manos la fantasía Cefireta, en tanto que Rosa Urbina cantó la romanza Musica non proibita de Gastaldón, acompañada al piano por Bolio Cantarell. (3)

Y en la del Instituto de Niñas el programa fue como sigue:

[…]

Primera parte

1º.- Discurso por la alumna Crescencia Castro.

2º.- V. Arche. Polka coreada por las alumnas de la clase de solfeo.

3º.- Poesía por la alumna Elia Rivas.

4º.- Verdi. Un ballo in Maschera. Plegaria cantada por la Srita. Haydée Osorno con acompañamiento de violoncello y piano por los Sres. Jacinto Cuevas y Benjamín Aznar.

5º.- Poesía por la alumna Guadalupe Castillo Vales.

6º.- Distribución de premios entre las alumnas de la Enseñanza Rudimental y 1ª Intercalar.

7º.- Poesía por la alumna Felipa Ferráez.

8º.- “La reina de mi hogar”. Mazurka de salón a dos guitarras por los Sres. Francisco G. Quevedo y Juan M. Vargas.

9º.- Meyerbeer. L´Africana. Aria cantada por la Srita. Sara Sauri Zetina.

10º.- Distribución de premios entre las alumnas de la 2ª Intercalar y primer año de Enseñanza Inferior.

11º.- F. Suppé. Boccacio. Concertante. Mandolinas.

Segunda parte

1º.- Chueca y Valverde. Marcha de Cádiz. Paso doble. Cantado por las alumnas de la clase de solfeo.

2º.- Poesía por la alumna Leonor García.

3º.- Verdi. Il Trovatore. Aria cantada por la Srita. Rosario Pérez.

4º.- Poesía por la alumna Adela Ontiveros.

5º.- Gounod. v. p. 53. Fausto. Fantasía de concierto para violín ejecutado por la Srita. Margarita Arjona. Transcrita por D. Alard.

6º.- Distribución de premios entre las alumnas del 2º. y 3º. año.

7º.- Chapí. El rey que rabió. Fantasía para guitarra ejecutada por el señor Francisco G. Quevedo.

8º.- Poesía por la alumna Manuela González.

9º.- Gastaldón. La música del Baci. Dúo cantado por las señoritas Rosario Pérez y Haydée Osorno.

10º.- Poesía por la alumna Elia Sosa.

11º.- P. Laconde. Aubadé Printaniere. Mandolinas.

Las piezas de canto serán acompañadas al piano por el Sr. Benjamín Aznar […] (4)

Al parecer, en 1900 hubo una tercera velada o se modificó sustancialmente el programa, pues aunque en otra apretada crónica coinciden algunos de los números musicales y los nombres de las que los ejecutaron con los arriba citados, también aparecen otros nuevos:  Haydée Osorno interpretó con amore el aria de Un baile de máscaras de Giuseppe Verdi;Rosa Urbina cantó con entusiasmo y delicadez la romanza La Hebrea de Jacques-Fromental-Élie Halévy; con desenfado, Rosario Pérez abordó la cavatina de El Trovador, también de Verdi; Margarita Arjona Rodríguez ejecutó limpiamente en el violín Fantasía sobre los temas de Fausto de Charles Gounod; la inspirada Asunción Chonita Sauri sorprendió a todos con el allegro molto vivace del concierto para violín en mi menor, Op. 64, de Mendelssohn. También intervinieron como cantantes Fidelia Cámara, María Enríquez, Sara Sauri y Dolores Peraza, quienes junto con Haydeé, hicieron vibrar a los presentes con las frases de La urraca ladrona de Gioachino Rossini, La Africana de Giacomo Meyerbeer, y Libro sagrado, Libro profano y A un retrato, de Luigi Denza. (5)(Continuará)

Referencias

  1. – Saint Faust. (1900, 5 de agosto). Mis Domingos. El Eco del Comercio, p. 2.
  2. – Saint Faust. (1900, 8 de julio). Mis Domingos. El Eco del Comercio, p. 2.
  3. – Íbid.
  4. -En el Instituto de Niñas. (1900, 24 de julio). La Revista de Mérida, p. 2.
  5. -La velada del “Instituto Literario del Estado”. (1900, 31 de julio). El Eco del Comercio, p. 2.

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