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La biblioteca Carlos R. Menéndez. Pérdida de un importante espacio cultural

Edificio de la Biblioteca Carlos R. Menéndez ofrecido en renta.

Eventualmente pasé sobre la Avenida Colón, por la puerta de la Biblioteca “Carlos R. Menéndez”, sentí un vuelco en el corazón, pues su fachada tiene un gran cartel que anuncia: RENTA. A mi mente llegó una gran cantidad de recuerdos de los momentos pasados ahí, ¡tan gratos!, en mis tiempos de estudiante de secundaria, en los que, la clase de Historia de México nos la impartía el Mtro. Roger Góngora Vadillo, el Theacher, maestro exigente a la manera de la época. El Theacher Góngora, ponía especial atención al estudio de todos los planes y tratados que marcaron el devenir de la historia mexicana, y nos dejaba el encargo de buscar y remitirnos directamente al texto original de estos importantes documentos, y copiarlos a mano en las libretas de la materia. Método eficaz, pues de esa manera se garantizaba que, cuando menos teníamos que leer completos los documentos, y al copiarlos íntegros, algo quedaría, y quedó, en nuestra memoria, que nos ayudaría a comprender esos hechos del pasado, para aplicarlos a lo presente. En primera instancia, nos dirigimos a la Biblioteca “Crescencio Carrillo y Ancona”, ubicada en el Palacio Cantón, y ahí nos enteramos que ésta era especializada en temas de Yucatán, así que no encontramos lo que buscábamos, pero la bibliotecaria nos informó: – Hay una biblioteca nueva, en el Parque de las Américas, puede ser que ahí encuentren lo que necesitan. Luego supimos que la bibliotecaria era Doña Mireya Arjona de Priego, la precursora de la biblioteconomía en Yucatán.

Don Juan Francisco Peón Ancona quien por muchos años fue director de la Biblioteca Carlos R. Menéndez.

En 1964, la familia Menéndez Romero hizo efectiva la disposición que su padre, Don Carlos R. Menéndez González había externado como su voluntad, que su enorme y rico acervo bibliográfico fuera puesto al servicio de la comunidad, estableciendo una biblioteca pública. Para este noble fin, se construyó exprofeso un moderno edificio, con características muy especiales, que le daban una funcionalidad efectiva para la finalidad que el edificio había sido concebido, albergar una biblioteca que diera servicio a un público de una gran diversidad, que lo mismo pudiera servir a un investigador formal que a un grupo de estudiantes, cómo era nuestro caso, que fueran ahí para hacer sus tareas escolares. Con la información recibida en el Palacio Cantón nos dirigimos al Parque de las Américas, en busca de la nueva biblioteca, la cual no fue difícil de localizar, ya que el nuevo edificio llamaba la atención por su estilo dinámico y moderno. Ya en el interior, fuimos amablemente atendidos por un caballero que nos brindó todas las facilidades para el cumplimiento de nuestra tarea. En esa ocasión, el objetivo de nuestra investigación era el Plan de Casamata, plan concebido por el Gral. Antonio López de Santana para deponer a Iturbide como emperador de México, y adoptar la república como sistema de gobierno. Aquel caballero puso a nuestro alcance una obra maravillosa: “México a través de los Siglos”, del Gral. Vicente Riva Palacio, en la que encontramos toda la información necesaria para nuestro cometido.

Nos instalamos en las largas mesas de lectura con la obra a consultar. Miramos a nuestro entorno; el lugar era imponente, perfectamente dispuesto. La sala de lectura con largas mesas, el depósito de libros con largos y altos estantes enfilados formando avenidas llenas de libros. De pronto, descubrimos en lo alto, desde el barandal del mezanine, una mirada severa que vigilaba nuestro trabajo, era la del gran poeta, escritor y periodista Carlos R. Menéndez González, presente en su busto de carácter heroico. El Abuelo Gottdiener me enseñó que, cuando la figura de un personaje es representada con el torso descubierto, se dice que es un busto heroico; y así estaba el de Don Carlos, mirándonos desde las alturas. Aquel caballero que se había prodigado en atenciones hacia nosotros, era Don Juan Francisco Peón Ancona, del que luego sabría que era un gran historiador, cronista de nuestra ciudad, y muchas cosas más, entre ellas, ser director de esa biblioteca por más de cincuenta años. Desde 1964, hasta los primeros años del S. XXI, la Biblioteca “Carlos R. Menéndez” constituyó un importante espacio cultural de esta ciudad, y cumplió cabalmente la voluntad de Don Carlos Menéndez sin menoscabo de ninguna clase.

Por causas que desconocemos, la biblioteca fue cerrada, Don Juan Francisco Peón fue mandado a su casa como se tira una olla vieja, y se murió de tristeza; y ahora, se está ofreciendo en renta el local de la misma. Ante esta situación se impone plantear una serie de preguntas. ¿Qué sucedió con el abundante tesoro en libros que se encontraba en la biblioteca? ¿Por qué se contradijo la voluntad expresa de Don Carlos de que su patrimonio bibliográfico tuviera un noble fin de uso público? ¿Quién tomó estas decisiones y si tenía derecho a tomarlas? La propiedad de un bien da el derecho a su uso, mas no a su abuso, y el acervo bibliográfico había pasado a otro plano, el del servicio y beneficio público, y éste es un fin superior que rebasa el uso particular. La Biblioteca “Carlos R. Menéndez” era un importante espacio cultural de orden público, y en esos términos rebasaba su condición de propiedad particular. Quién tomó estas decisiones le debe muchas explicaciones a la sociedad yucateca toda, que se ve afectada por ellas.

¡Estamos atentos a escuchar las explicaciones!

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