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«Exceso de muerte»

La Organización Panamericana de la Salud describe a la peste como una “enfermedad zoonótica que circula principalmente entre roedores y otros animales pequeños, en áreas de focos naturales en varias partes del mundo. En las Américas hay focos en 5 países (Bolivia, Brasil, Ecuador, Estados Unidos y Perú). El agente etiológico, la bacteria Yersinia pestis, también puede infectar a los seres humanos y esta enfermedad puede ser muy severa y de potencial epidémico. La transmisión entre animales y humanos más frecuente es a través de las picaduras de pulgas infectadas. Otras formas de transmisión pueden ser por contacto directo o indirecto con animales. También puede transmitirse por inhalación de gotitas aerolizadas de una persona infectada a otra”.
Se tiene conocimiento de tres dos grandes epidemias, a nivel mundial: La peste de Justiniano (541), la peste negra (1348) y la peste del siglo XIX (1835).
La primera, informa Cristina Rius i Gilbert, “se extendió desde Etiopía hasta Pelusium en Egipto extendiéndose por el oeste hasta Alejandría y por el este hasta Gaza, Jerusalén y Antioquía. Una vez alcanzó el mar y a través de las rutas comerciales marítimas se extendió a ambos lados del Mediterráneo afectando, en el año 541, a la ciudad de Constantinopla, y extendiéndose posteriormente por toda en Europa”.
La peste negra, “desde 1348 hasta el siglo XVIII tuvo una presencia constante, aunque los brotes fueron más limitados”. El historiador Antoni Virgili, en su artículo “La peste negra, la epidemia más mortífera” (portal de Historia de National Geographic), señala que “a mediados del siglo XIV, entre 1346 y 1347, estalló la mayor epidemia de peste de la historia de Europa, tan solo comparable con la que asoló el continente en tiempos del emperador Justiniano (siglos VI-VII). Desde entonces la peste negra se convirtió en una inseparable compañera de viaje de la población europea, hasta su último brote a principios del siglo XVIII”.
En 1855 la “peste volvió a aparecer esta vez en la provincia de Yunnan en China y a través de las rutas del opio y del estaño fue extendiéndose provincia a provincia hasta llegar en 1894 a Cantón y Hong Kong. La extensión continuó por la India en 1896 y a través de las rutas comerciales marítimas en el año 1900 ya había afectado a poblaciones de los cinco continentes”.
Yucatán: “epidemias importadas”
El historiador yucateco, Sergio Quezada, informa, en su ensayo “Los Mayas de Yucatán, 1550-1750” (en “Historia General de Yucatán”, tomo 2 “Yucatán en el orden colonial 1517-1811, editada por la Universidad Autónoma de Yucatán), que “aparecieron en el mundo maya yucateco enfermedades totalmente nuevas”.
Apuntó: “Una epidemia de causas desconocidas azotó en 1566; la peste en 1569 y 1571-1572; el sarampión en 1580; el tabardillo en 1580, y la viruela, que hacía más de cuatro décadas que no se presentaba, reapareció en 1573 y de 1575 a 1576”.
Sobre la viruela, señala que en 1520 “llegó a Veracruz”, y luego a Yucatán e “infestó a la población indígena de manera generalizada”. Agrega que “Según Landa era “una peste de grandes granos que les pudrían el cuerpo a los indios con gran hedor, de manera que se les caían los miembros a pedazos en tres o cuatro días”.
Da cuenta de otra “enfermedad desconocida en el mundo indígena”, en 1544, que “apareció en el rincón noroccidental de la península”: “los naturales (…) dicen ser dolientes y viven hinchados, y barrigudos, y dolientes, y mueren muchos de ellos”.
“Exceso de muerte”
La colección “Breviarios” del Fondo de Cultura Económica (FCE) publicó en 2022 el ensayo de Armando Bartra, “Exceso de muerte. De la peste de Atenas a la covid-19”. De esta última, Bartra señala:
– “El virus es un ente físico y a la vez metafísico. Un agente material pero también espiritual que nos amenaza biológicamente y a la vez nos desafía ontológicamente al enfrentarnos a la muerte; no la muerte normalizada que a todos nos espera, sino una muerte desbordada, incontenible, torrencial… un exceso de muerte que devela nuestra íntima fragilidad a la vez que exhibe nuestra finitud como especie”.
Agrega que “la pandemia es epítome de la Gran Crisis porque en ella convergen todos los males que padecemos”.
“Exceso de muerte”, está organizado en trece capítulos: “Una epidemia canónica”, “El mal social”, “Desafío ético”, “Morirse”, “Ciudad en vilo”, “Tácticas de evasión”, “Zoonosis”, “Vivir con la muerte”, “Crisis biosocial”. “Recuperar la totalidad”, “Incertidumbre”, “¿El regreso de Levitan?”, “Hacia una política pura”. Y una “posdata: el aullare”.
En la redacción, Bartra se apoya en autores: Tucídides, Henning Mankell, Albert Camus, Virginia Wolf y Katherine Ann Porter, Daniel Defoe, Susan Sontag, David Quammen; Martin Heidegger y Gabriel Vargas, Tito Lucrecio, Goethe, Edgar Morin, Francois Chátelet, E. Pisier Kouchner y Carlos Monsivais, Mike Davis, Walter Bejamin y John Berger.
“Exceso de muerte” hace un repaso por la tragedia de la pandemia de covid-19, reflexiona sobre la enfermedad, la vida y la muerte. Debería ser lectura obligada, no solo de los integrantes de la sociedad nacional, sino, enfáticamente, de los trabajadores del sector salud, médicos, especialistas, enfermeros, psicólogos, trabajadores sociales, dietistas, nutriólogos, asistentes, autoridades sanitarias, y también políticos y altos servidores públicos.
Éstos, hoy deberían analizar, dada la experiencia mexicana en la aparición de covid-19, su combate, lucha y resultados, la expresión de Mike Davis (en su obra “Llega el monstruo. Covid-19, gripe aviar y las plagas del capitalismo”:
– “En estos tiempos de crisis constante, necesitamos un debate sobre los modelos democráticos de respuesta efectiva a las peste presentes y futuras, modelos que activen el empuje popular, coloquen la ciencia al mando y empleen los recursos de un sistema integral de cobertura sanitaria universal y de medicina pública”.
Después de la lectura de “Exceso de muerte”, a ver si desterramos para siempre estampitas como la conocida como “Detente” y otros amuletos “protectores” contra la covid-19.
Armando Bartra es especialista en Sociología y Desarrollo Rural, cuenta con estudios en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Xochimilco. Se ha desempeñado como profesor en la Facultad de Economía (UNAM) y en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores, nivel III.
En 2020, el FCE publicó de su autoría un relato biográfico, “Suku`un Felipe. Felipe Carrillo Puerto y la revolución maya de Yucatán”. Otras obras son: “El hombre de hierro. Límites sociales y naturales del capital en la perspectiva de la gran crisis” y “Los nuevos herederos de Zapata. Un siglo en la resistencia 1918-2018”.
“La peste del insomnio”
Otra que no se olvida es “la peste del insomnio”, narrada por el escritor colombiano Gabriel García Márquez, en su novela “Cien años de soledad”, calificada como una “obra literaria universal”:
– “Cuando José Arcadio Buendía se dio cuenta de que la peste había invadido el pueblo, reunió a los jefes de familia para explicarles lo que sabía de la enfermedad del insomnio, y se acordaron medidas para impedir que el flagelo se propagara a otras poblaciones de la ciénaga. Fue así como les quitaron a los chivos las campanitas que los árabes cambiaban por guacamayas, y se pusieron a la entrada del pueblo a disposición de quienes desatendían los consejos y súplicas de los centinelas e insistían en visitar la población. Todos los forasteros que por aquel tiempo recorrían las calles de Macondo tenían que hacer sonar su campanita para que los enfermos supieran que estaban sanos. No se les permitía comer ni beber nada durante su estancia, pues no había duda de que la enfermedad sólo se transmitía por la boca, y todas las cosas de comer y de beber estaban contaminadas por el insomnio. En esa forma se mantuvo la peste circunscrita al perímetro de la población. Tan eficaz fue la cuarentena, que llegó el día en que la situación de emergencia se tuvo por cosa natural, y se organizó la vida de tal modo que el trabajo recobró su ritmo y nadie volvió a preocuparse por la inútil costumbre de dormir”.
Excesivas muertes
Aunque las fuentes y las cifras son diversas, se puede concluir que son excesivas las muertes debidas a esta calamidades: “La peste negra terminó con la vida de entre 75 y 200 millones de personas en el siglo XIV”. “La Gripe Española mató a más de 40 millones de personas en todo el mundo”. Bartra dice que mató a 100 millones de personas. “La llamada Plaga de Justiniano registró cifras de mortalidad entre los 25 y los 50 millones de personas fallecidas”. El VIH/Sida, desde su aparición en 1976, “ha matado a 32 millones de personas”. Bartra apunta que han sido 40 millones. La peste de Atenas provocó el fallecimiento de “unas cien mil personas”. En la peste bubónica de Londres en 1665 “más de 100 mil murieron”, dice Bartra.
El 5 de mayo de 2022, la Organización Mundial (OMS) de la Salud “estimó en 16.6 millones del personas que podrían haber muerto en el mundo, por causas asociadas a covid-19”. La OMS informó también que “en 2020 y 2021 hubo en México un exceso de mortalidad ligado a la covid de 626 mil personas”; el número es “casi el doble del número de muertes registradas por las autoridades sanitarias de México”. La covid-19 es la primera causa de muerte en hombres y la segunda en mujeres, según un informe del Inegi, reportado en julio pasado.
(En la primera guerra mundial murieron entre 16 y 17 millones de personas; y en la segunda, entre 40 y 60 millones de personas).
Post scriptum
Gabriel García Márquez, en “El escritor en su laberinto”, en Revista Gente, septiembre de 1996:
– “Lo único malo de la muerte es que es para siempre».

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