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El Jarabe Tapatío

En este mes patrio, los mexicanos nos llenaremos de orgullo y admiración con las múltiples representaciones de nuestro amado país. La bandera y escudo, con sus reconocidos colores verde, blanco y rojo, las variadas comidas con sus características particulares en cada región del país y sobre todo la música que escucharemos, entre otras cosas, inundarán nuestro alrededor, entusiasmando hasta al más lacónico y poco entusiasta mexicano.

Entre las canciones y bailes que ocupan un lugar preponderante dentro de las fiestas septembrinas tenemos el Jarabe Tapatío, que hace sentir muy mexicanos aun a los habitantes de estados lejanos a Jalisco cuna de este reconocido son. Resulta interesante recordar que esta música tan representativa de la identidad nacional tiene un pasado de prohibiciones y condenas a su práctica y ejecución.

Desde la llegada de los europeos a las tierras americanas, una de las primeras disposiciones dictadas por los clérigos o autoridades civiles, fue que los naturales dejaran de tocar y bailar sus músicas autóctonas, ya que a los ojos y oídos de los invasores les parecían grotescas e inspiradas por el diablo, lo que originó el decomiso y quema de muchos de sus instrumentos musicales.

Ya instalados los tribunales inquisitoriales durante la llamada época colonial, comenzaron a denunciarse diversos bailes, músicas y letras que se consideraron sugerentes o provocativas en el aspecto sexual, irreverentes, o simplemente como herejías idolátricas.

Numerosas músicas, letras y bailes autóctonos se perdieron precisamente por esa persecución y castigo a los que los practicaban, pero ya para los siglos XVIII y XIX en algunos casos, curiosa y precisamente por esas delaciones, se conservaron sus estrofas y ritmos. Las denuncias venían acompañadas de investigaciones y algunas de las bondades de esa rigurosa disciplina en la conservación de los expedientes de la Inquisición, es lo que ha permitido que hoy se haya recuperado dentro de sus archivos, muchos de esos cantos y bailes.

Uno de los primeros bailes que se persiguió, fueron los de los esclavos negros y mulatos, distinguiéndose el son del Chuchumbé. El fraile Nicolás Montero en 1776 incluyó en su denuncia lo siguiente: “Se canta mientras los otros bailan, o ya sea entre hombres y mujeres, o sea bailando cuatro mujeres con cuatro hombres, y que el baile es con ademanes, meneos, zarandeos, contrarios todos a la honestidad y mal ejemplo de los que lo ven como asistentes, por mezclarse en él manoseos, de tramo en tramo abrazos, y dar barriga con barriga. (…) Esto se baila en casas ordinarias de mulatos y gente de color quebrado, no en gente seria ni entre hombres circunspectos, y si soldados, marineros y broza…”
Las estrofas que se conservan de este pecaminoso y prohibido son, dejan ver que independientemente de los movimientos escandalosos para esa época al bailar el Chuchumbé, lo que enojaba a los frailes eran las letras, ya que en ellas se les nombraba y acusaba de abusivos y sobre todo de ser exhibicionistas, siendo la estrofa más famosa y representativa la siguiente:

En la esquina está parado
Un fraile de la Merced
Con los abitos alzados
Enseñando el chuchumbé.
Que te pongan bien
Que te pongan mal
El chuchumbé te he de soplar.


Las acusaciones y denuncias fueron muchísimas, algunas de ellas falsas ya que con solo inculpar a alguien de estar tarareando la prohibida canción era sujeta a investigación y muchas veces se utilizó esa imputación para vengarse de enemigos.
Otro de los bailes perseguidos en los siglos mencionados, eran los conocidos como “jarabes”, bailes traídos por los españoles, de origen árabe (probablemente proviene de la palabra Xarab que significa mezcla) y común entre los gitanos. Fueron prohibidos por las autoridades novohispanas por considerarlos atrevidos y como alteradores del orden. La primera mención del primer jarabe es el llamado Pan de Jarabe el cual fue muy famoso en México, Puebla, Veracruz, Querétaro y Pachuca entre los años 1772 y 1796, las coplas que se cantaban se consideraron ofensivas y los ejecutores también fueron perseguidos por la inquisición; una de sus estrofas dice:
“ya el infierno se acabó, ya los diablos se murieron, ahora sí, chinita mía, ya no nos condenaremos. Cuando estés en los infiernos todito lleno de llamas, allá te dirán los diablos: ahí va la india, ¿qué no le hablas?
Al muy popular Jarabe Gatuno, el cual sobrevive en Guanajuato y es el antecesor del jarabe tapatío, se le recriminaba por la creencia de que su coreografía imitaba los movimientos y maullidos al enamoramiento de los gatos en celo. El primero en prohibirlo fue el virrey Félix Berenguer de Marguina (1800-1803), quien fue muy estricto con el comportamiento de sus súbditos, prohibiendo que nadie fuera admitido en gremios o hermandades sin estar vestido decentemente. Los castigos a los ejecutantes eran de dos años de cárcel y de 2 meses a los espectadores. Una de sus coplas decía: “Me dijiste que fue un gato el que entró por tu balcón, yo no he visto gato prieto con chaqueta y pantalón”.
En el jarabe gatuno, aun cuando las parejas no se tocaban, acercaban en demasía sus rostros, simulaban arañazos y sus coplas eran atrevidas y con burlas al clero y a las autoridades. (…) el llamado Jarabe gatuno tan indecente, disoluto, torpe y provocativo, que faltan expresiones para significar su malignidad y desenvoltura (…) Parece que el mismo Asmodeo le ha inspirado y le preside para derrocar hasta los fundamentos la honestidad, no sólo la cristiana, sino civil y natural, y es tal el desenfreno y manifiesta la obscenidad en un grado que avergonzarían a los mismos sibaritas (…).
Estos jarabes se hicieron populares entre la población que apoyaba a los insurgentes, tanto criollos como mestizos que los identificaban con la identidad nacional, dándoles un toque de rebeldía ante las autoridades que las prohibían. Surgieron varios de ellos principalmente en el bajío y en la mayoría de las zonas se les dejó de llamar gatuno y llamándoseles simplemente como jarabes.
Sin duda el más famoso es el conocido como Jarabe tapatío, tanto a nivel nacional como internacional, donde también se le llama como el baile del sombrero mexicano, ya que en un momento el sombrero del charro mexicano se asienta en el piso y la mujer lo recoge dando a entender que acepta sus galanteos.
Disfrutemos, cantemos y bailemos este mes principalmente, uno de los bailes que como nación nos representa ante el mundo y nos llena de orgullo.
“Qué bonito es ver el jarabe con su sombrero jarano, convertido de china y de charro, su sombrero color moreliano. Qué bonito es bailar el jarabe, que bonito es ver a tu charro, que bonito es ver a tu china que disfruten bailando también.
Que si me llevan para zapatear, que si me llevan para zapatear, que si me llevan sí, sí, que si me llevan no, no, que si me llevan sí, sí para la plaza para zapatear.
Pasen a tomar atole todos los que van pasando, que el atole está bien bueno, la atolera se está enfriando.
Debajo de un Jericó se paseaba una chinita con su vestido de seda y su rebozo de bolitas…
Da la vuelta y vámonos…”

Laura Elena Rosado Rosado | Mexicanas por Descubrir

Originaria de Mérida, Yucatán es egresada de la Licenciatura en contaduría pública por la UADY y Máster en Grandes Religiones por la Universidad Anáhuac. Entre los cursos y diplomados que ha cursado se encuentran el Diplomado en cultura religiosa, historia, arte y religión en el área maya impartido por el CIESAS y la UNAM y el Diplomado en historia del arte universal por la Universidad Modelo. Es además, estudiosa sobre la historia de Yucatán con diversos cursos en el Centro Cultural Prohispen y el Colegio Peninsular Rogers Hall. Entre sus publicaciones se encuentra los libros “Llévanos en tu zabucán” y “En cuatro tonos de Rosado”. Ha participado también en publicaciones como el libro “Mujeres en tierras mayas” coordinado por Georgina Rosado y Celia Rosado Avilés y es frecuente colaboradora en diversos medios de comunicación impresos.

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