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Cuando las vacaciones escolares duraban hasta 4 meses a fines del siglo XIX

Cuando las vacaciones escolares duraban hasta 4 meses a fines del siglo XIX

¡Algo para Ripley!

A fines del siglo XIX, las escuelas de Yucatán otorgaban hasta cuatro meses de vacaciones a sus alumnos.

Eran otros tiempos, eran otros hábitos. Leyendo libros y periódicos viejos nos enteramos de tan crecido número de holganza (no diremos holgazanes porque los niños no lo hacían por cuenta propia, sino por la del magisterio en esos tiempos).

Casi un cambio de casa

Leyendo las memorias del distinguido tenor y compositor clásico D. Gustavo Río, se nos informa con el mayor detalle sobre el asunto: según nuestro autor, las vacaciones constituían casi un cambio de domicilio para las familias de los vacacionistas. El pater-familias alquilaba un par de carretones para marcharse a Progreso, ya el lugar más frecuentado por los estudiantes yucatecos.

En los carretones iban una batea, una tabla de planchar, la mesa del comedor, y diversas sillas y sillones para armar una sala en la casa que habían alquilado para vacacionar puesto que era difícil rentar una casa amoblada a discreción.

Además de los objetos ya situados, había quien llevaba maíz (¡y hasta a las mismas gallinas!), galones y galones de agua, un montón de hamacas, sábanas, vestimenta marina, y mil cosas más.

La jornada al puerto tardaba todo el día y con mulas de repuesto, algunas chivitas para beber leche de cabra: los infaltables pabellones ya que todos sabían que abundaban por miles los mosquitos en el puerto.

«Nos divertíamos de lo lindo -nos decía el maestro Río- pues no pasábamos los alumnos cuatro meses sin hacer otra cosa que jugar, pasarnos el día en la playa, nadar, y claro, desayunar, almorzar y cenar pescado. ¡Qué vida!».

Hoy en nuestro tiempo, las vacaciones son sólo de un mes o algo así, pero de algún modo, los muchachos encuentran tiempo para la diversión.

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