CulturaEspeciales

Se cae el teatro Peón Contreras al compás de los acordes del Huapango de Moncayo

La Orquesta Sinfónica de Yucatán reanudó actividades a tambor batiente, pues brindó al numerosísimo público que, materialmente, abarrotó el Teatro Peón Contreras en todos sus niveles, que lucieron pletóricos, un ilustrador paseo por lo mejor de la música mexicana, compuesto exprofeso para este tipo de orquestas. El atractivo y brillante programa incluyó a autores como Rodolfo Halffter, sus discípulos, Daniel Ayala y José Pablo Moncayo, así como al romántico mexicano Juventino Rosas, y al contemporáneo Arturo Márquez. El equilibrado programa fue un ameno paseo por la música nacional en diversas etapas del S. XX; si bien no llevó en su desarrollo una línea temporal, sino más bien dio saltos en el tiempo para ir y volver sobre sus pasos. La culminación del concierto, fue la esperada, el atractivo principal que atrajo tan abundante concurrencia a la sala de conciertos, la interpretación de la máxima obra sinfónica mexicana, el ya inmortal “Huapango” de José Pablo Moncayo, que fue recibido por el respetable con profundo amor, que siguió electrizado cada uno de sus pasajes sonoros y que, al terminar, provocó en el multicéfalo uno de los estallidos más grandes que recordemos en un concierto dominical de nuestra orquesta.

Rodolfo Halffter, es un músico nacido español y naturalizado mexicano, emigrante de la terrible Guerra Civil Española, y que en nuestra patria se incorpora como catedrático del Conservatorio Nacional, donde fue mentor de los grandes compositores del Nacionalismo Mexicano. De este autor escuchamos “La Madrugada del Panadero”, que es una rica colección de danzas variadas, con un pasaje de gran delicadeza, el Nocturno. Está compuesta por siete movimientos: Entrada, Escena y Danza Primera, Danza Segunda, Danza Tercera, Danza Cuarta, Nocturno y Danza Final. Esta obra está inspirada en una idea de José Bergamín. Es rica en disonancias. El Nocturno tiene un brillante pasaje de trompetas que le ponen un brillo especial, y luego viene un sentid solo del chelo principal que hizo vibrar todas las almas. La Danza Final es una consecuencia de toda la obra que nos lleva a un brillante final. La primera ovación se deja caer fuerte y sonora.

Arturo Márquez, es uno de los compositores vivos más importantes de nuestro país. Su música es plenamente contemporánea, pero a ella incorpora elementos de la más profunda tradición. Una de sus obras más importantes es “Espejos en la Arena” para chelo y orquesta, escrita especialmente para el chelista Carlos Prieto; pero indudablemente los más populares son sus Danzones, en especial en No. 2, que fue el que interpretó nuestra orquesta. La obra está llena de ritmo y cadencias que nos hacen flotar en una fantasía dancística. Las diferentes secciones van alternando en su protagonismo. Los solos de clarinete, oboe, flauta y piano se van alternando y, finalmente, entra el tutti en pleno para llevarnos a brillante final. Nueva y sonora ovación premia a la orquesta y sus solistas.

Me emocionó especialmente volver a escuchar en vivo “Tribu” del yucateco Daniel Ayala. No la escuchaba así desde 1970, en que la escuché con la Sinfónica de Veracruz, y dirigida por el propio autor, para la grabación del maravilloso espectáculo de Luz y Sonido de Uxmal, del que la innombrable Michelle Friedman nos privó. Es una obra esencial del Nacionalismo Mexicano con una profunda fuerza de expresión. Se compone de tres movimientos: En la Llanura, La Serpiente Negra y Danza del Fuego. La obra reviste una profunda solemnidad que alterna con pasajes llenos de sonora alegría. La obra tiene un profundo carácter descriptivo que se deja sentir de principio a fin. Nuestra orquesta logra una interpretación precisa y justa de la obra y culmina también con tremenda ovación del respetable.

La “Sinfonieta” de José Pablo Moncayo, es una alegre y agradable obra de tono menor del compositor. Es amena y muy llevadera, no tiene la profundidad ni fuerza de, por ejemplo, “Tierra de Temporal” del mismo autor, la cual sería muy deseable que interpretara nuestra orquesta, por ser un reto de tono mayor. La obra tiene un tema inicial que se desarrolla y va variando. Destacan las partes de solistas de flauta, oboe y del concertino. Casi al final la tarola marca un redoble que da paso al alegre desarrollo del final de la obra, que es muy brillante. Nueva y trepidante ovación premia a la orquesta y los solistas.

Juventino Rosas y su vals “Sobre las Olas”, no necesitan presentación, autor y obra son verdaderos iconos del romanticismo mexicano de fines del S. XIX y principios del S. XX. Como todo vals que se respeta, tiene un tema central que se desarrolla y cambia con variaciones, y llega a una alegre coda final que nos pasean con cadencia y ritmo. Como su nombre nos indica, este vals nos lleva flotando en sus armonías, para depositarnos alegres al final de su desarrollo. El respetable premia con entusiasta ovación la interpretación.

¿Qué podemos decir del Huapango de Moncayo que no hayamos dicho ya? Es la máxima obra del sinfonismo mexicano. Desde el redoble inicial de los timbales, el alma se pone a vibrar con un desbordamiento de emociones que van creciendo a medida que la obra se va desarrollando. A la altura del brillante y entusiasta diálogo final entre trompeta y trombón, el sentimiento se ha desbordado y las lágrimas resbalan por el rostro. ¡Es inevitable! Con el vibrante final de la obra, el teatro entero se cae a pedazos por la sonora, vibrante, majestuosa ovación, como pocas se han registrado en los conciertos dominicales. El público no se cansa y la ovación se prolonga interminable.

Salimos del Peón Contreras con el alma vibrando al compás del Gavilancito.

Deja un comentario

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba
error: Este contenido está protegido. Gracias.