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Mínima historia del estancamiento del ballet en Yucatán

Iniciándose los años sesenta del siglo XX, la maestra Socorro Cerón Herrera de Herrera, se encontraba en la cúspide de su tarea balletística en la ciudad, pues, además de haber elevado el rango de esa educación en la escuela de Bellas Artes, había fundado el Ballet de Bellas Artes. Con esos logros encima, decidió ahondar la experiencia de ese arte en Mérida, trayendo a Sonia Castañeda y Tulio de la Rosa, para que “elevaran nuestro nivel técnico”. Luego sucedió lo propio con Nellie Happey, bailarina, entonces, y gran coreógrafa más adelante.

La maestra Cerón dejó Bellas Artes y se marchó a vivir al Distrito Federal. Su exalumno, Alfredo Cortés Aguilar, tomó la estafeta y en el marco de sus enseñanzas en la escuela de ballet de bellas artes, funda, con un selecto grupo de sus alumnas, el Ballet Clásico de Mérida.

Para incrementar los conocimientos de sus bailarinas, trae a la maestra Artemisa Pedrosa. No conforme con ello, decide invitar a bailarines famosos de la ciudad de México, con la idea de calar hondo en el gusto del público meridano. Por las filas del BCM, pasaron Chuny Villanueva, Carmen Olvera y Martha Pimentel y otros bailarines del Ballet Clásico de México.

Todo la etapa anterior sucedió entre 1959 y 1970 y la característica de esos once años es la preocupación por asumir la danza desde dos vertientes, la educativa y la promocional.

En 1974 surge el Ballet de Cámara de la Universidad de Yucatán, fundado por Víctor Salas, quien fuera alumno del maestro Cortés y realizó estudios en la Academia de la Danza Mexicana del Distrito Federal y perteneció, en la categoría de cuerpo de ballet, al Ballet Clásico de México del INBA. Sin apartarse de la ruta trazada por sus antecesores, Salas trajo a Mérida al muy creativo maestro Guillermo Valdez, y más adelante a uno de los iconos de la danza moderna mexicana, el coreógrafo, metodólogo e interprete Xavier Francis. El asesinato de Efraín Calderón Lara interrumpió aquella experiencia del ballet universitario.

Para 1982, Víctor Salas funda la escuela Provincial de ballet y el Ballet de Cámara de dicho lugar, iniciando una labor de difusión sin paralelo, ya que llevaron el arte de Terpsícore a sindicatos, planteles escolares, parques y fue pionero en las actividades artísticas de la feria ganadera de Valladolid. En Tizimín se presentó en la posta ganadera.

La escuela provincial de ballet, continúo el rumbo metodológico, poniendo al día a una buena cantidad de maestras de escuelas particulares que acudían a los cursos impartidos por ese centro educativo.

La Compañía Provincial de Ballet trajo a Mérida a bailarines rusos, para que impartieran el estilo de la escuela Vaganova. Andréi Ustinov, Sasha Yaparov, Vera Semenova y Rafael Ivatulin, fuero algunos de ellos. Así mismo engrandeció su experiencia al traer de Cuba a importantes representantes de esa escuela como Ileana Farrez, Jesús Corrales, Alberto Alonso y Sonia Calero.

Ya con la responsabilidad de director del Instituto de Cultura de Yucatán, Jorge Esma Bazan, decidió unificar y actualizar la educación del ballet en la ciudad. Para ello convocó a todas las maestras de las academias de ballet incorporadas a la SEP, proponiéndoles un plan de estudios semejante al que la escuela cubana de ballet, encabezada por Alicia Alonso, había implementado para sistema nacional de la danza.

El maestro Esma quizá cometió el error de no acudir a la escuela antillana para su proyecto, y finalmente, lo puso bajo la responsabilidad de Tulio de la Rosa, quien había tomado, en el Distrito Federal, el curso con los cubanos.

Para ese trabajo metodológico se permitió que ingresara a él, todo el mundo, lo cual significaba distintas experiencias, niveles de conocimiento, y distintas años dedicados a la enseñanza balletística. Sin embargo, había un denominador común, ninguna de las participantes, había sido bailarina profesional. Es decir, o eran egresadas de escuelas particulares o lo eran de la escuela de bellas artes.

El plan del maestro Tulio de la Rosa fue modificado cuando la maestra Ligia Esther López, responsable del área de ballet en el CEBA, decidió invitar a la maestra Silvia Ramírez, para hacer las cosas de distinta manera.

Aunque fui invitado a participar en todo ese movimiento de estudio metodológico de la danza clásica, no participé, por las razones cognoscitivas expuestas anteriormente.

Después de muchos años de aquel ajetreo escolar para adultos en el estudio de la enseñanza del ballet, los resultados, hasta hoy, no son los esperados. La respuesta la deberíamos de buscar en la falta de experiencia balletística de todas las participantes.

La CIAD y lo motivacional

Por fin llegó “lo que nos hacía falta”: los concursos motivacionales de la CIAD. En Wikipedia se lee: “No es una competencia, es una evaluación individual para apreciar el nivel en que nos encontramos, y con la orientación de los jueces que tienen una gran trayectoria en el mundo de la danza internacional, que les darán apreciaciones técnicas y artísticas con el único objetivo el mejoramiento de su desarrollo”. Los organizadores, de la CIAD, hablaban de vínculos con la UNESCO y otros atractivos más, sin embargo, sus siglas no corresponden a las palabras de su descripción: “Confederación Interamericana de Profesionales de Danza”. En lugar de la “a”, debería haber una “p”. También en Wikipedia aparece la definición de las siglas CIAD, como Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo. Allí si cuadran, las siglas con el significado.

En dichos concursos podían participar viejecitos, minusválidos, y todas las edades de escolaridad en ballet. Aquello en realidad resultó ser el negocio más grande que se haya visto en un concurso, pues todo era cobrado, clases, ensayos, participación individual, por parejas, grupales, por coreografía, para entrar a ver las funciones, y los conferencistas tenían que pagar por dictar su conferencia, y los asistentes, tenían que hacer los mismo. Además, con aquello de la importancia de ser un evento que usaba el nombre de la UNESCO, se les proporcionaba el teatro que quisieran sin pagar un centavo por usarlo.

Participaban -y lo siguen haciendo-, hasta 700 individuos. Échenle pluma y saquen sus resultados. La cantidad que les arroje la operación matemática, es adquirida en un promedio de doce horas.

Argumentaba la CIAD que creaba públicos. No hay mayor mentira que tal afirmación. Hasta hoy, a las funciones de ballet no acuden los estudiantes de las academias, y lo hacen solamente a los festivales de fin de curso de su propio lugar. Algo si produjo la CIAD, un enorme mercado de implementos para ballet.

La CIAD , comenzó a vender titulaciones de todo tipo. Esto significaba certificar la inexperiencia y el conocimiento marginal. Así ha surgido una generación de maestras que ostentan su calidad con documentos de la CIAD.

LA CIAD, produjo otros concursos y ahora se realizan por todo Mérida, y en distintas épocas del año. Estos últimos ya no tienen relación con la agrupación que los trajo a Mérida, la CIAD de Rodolfo Solmoirago. Esto sucedió cuando descubrieron que los concursos eran un negocio redondo. Ahora, el negocio es producto yucateco.

He realizado un recorrido de sesenta años de actividad balletística en la ciudad. En ese tiempo, he vivido todo lo balletístico, participado en él, he sido público, jurado y observador de ese fenómeno traído desde Argentina.

Pese a esa dinámica, el ballet en Yucatán, sigue en su mismo lugar. Y prueba de ello es que, otras entidades con una historia reciente en el ballet, ya tienen un desarrollo reconocido en el país y en el extranjero. Monterrey, Orizaba, Jalisco y Culiacán.

Nosotros tenemos una historia que arrancó en 1934 y seguimos como entonces.

 El último intento por hacer avanzar la enseñanza de la técnica del ballet, lo ha realizado la maestra cubana y metodóloga nacional, Ramona de Saa. Ella lleva algún tiempo en esa tarea y en las ultimas presentaciones de ballet que he visto, no hay un avance correspondiente a la calidad de la metodóloga.

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