Bienestar Espiritual

Oración

“¡VÍSTETE CON TRAJE DE BODAS!”
¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

Padre Santísimo: en este nuevo inicio de UN DÍA MÁS, nuestro equipo que en Tu honor madruga, considera, que el traje de bodas es condición indispensable para poder participar con toda dignidad en el banquete de bodas de Tu Hijo Amado, quien es EL CORDERO DE DIOS y se desposará al final de la historia con SU AMADA ESPOSA: “LA IGLESIA”.

Esa Iglesia Santa, comprada con la Sangre Divina de Tu Hijo, quien “… la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable.” (Efesios 5: 26- 27). ¿Cómo no prepararnos para lucir con toda dignidad ese traje de bodas? ¿Por qué exponernos a ser expulsados por no vestir adecuadamente en esa fiesta de bodas que nos hará felices toda la eternidad? ¿Por qué arriesgarnos a perder esa oportunidad de una vida super interesante, única en su género y que no tiene comparación con lo más bello y elegante de la tierra?

Padre Santísimo: nos llena de gozo inenarrable el ser invitados por Ti a ser parte integrante de esa Iglesia Santa que se alegra en ese momento tan deseado por Ti, el verla desposada con Tu Amado Hijo y convertida en Tu Pueblo elegido, de linaje escogido, de sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido por Ti, Señor y Dios nuestro y llamados de las tinieblas a la luz admirable de la Nueva Jerusalén.” (1ª. de San Pedro 2:9).

Justamente, en este momento venimos a ponernos a Tus órdenes, Padre Santísimo, porque esa vestidura nupcial implica revestirnos de Cristo desde la cabeza a la planta de los pies: nuestro interior lleno de la Vida del amor divino y de la divina presencia sapientísima con todo Su inmenso poder y majestad. Nuestra cabeza ceñida desde hoy con una corona de piedras preciosas del conocimiento, de la sabiduría, de la sensatez y del equilibrio. Nuestra lengua que solo profiera Palabras de Vida, de poder, de amor, de salud, de abundancia, de paz y bienestar. Nuestras manos que solo sean para producir, para abrazar a nuestros hermanos, para ayudar a los necesitados, para levantar a los caídos en desgracia y para saludar con amor a nuestros prójimos. Nuestros pies para andar incansables en anunciar el Evangelio de salvación que abarquen a muchos de nuestros hermanos.

¡Gracias, oh Único Amante de nuestra humanidad, por distinguirnos de manera tan especial para ser agraciados por siempre en la Jerusalén Celestial!

¡Que Tu gracia divina nos revista de todo lo hermoso que implica el ser elegido para participar en ese festejo de los festejos de la Pascua eterna! Amén.

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