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 El Mensaje

  Ayer, cuando dormía, a mis oídos un dulce y veloz relámpago

apagó el sueño de sinfonolas con tus risas y tus charlas de café, de vino y queso con aceitunas negras.

 Desperté sobresaltado y lo ví, sí, lo ví erguido en la ojiva, batió sus alas mitológicas y fue a caer sobre el taburete de terciopelo verde esmeralda con cintillas doradas.

-Buenas noches Omar

-Buenas noches tengas, quién eres y que quieres, y por qué irrumpes mi sueño, mi hermoso sueño bordado con esmero. ¡Te exijo que me digas quién eres!

        (Breve silencio)

-Qué esperas pajarraco de faz varonil y bella. ¡DIME QUIEN ERES!

       (Largo silencio)

-¿Esperas pasarte la noche entera mirándome con tus ojos re fulgentes de acero y de fuego?

      (Risa grotesca y hondamente cavernaria)

 Al ver que no contestaba, me hundí entre las sábanas blancas de satín y escondí mi rostro cuajado de interrogantes en la almohada.

 Hoy, paseando por el mercado, dispuesto a adquirir una nueva y bella esclava reluciente como el ébano, lo volví a mirar, iba andrajoso y repleto de hojas ocres. Sé que era él, lo sé por sus ojos, ojos de mirada calcinante y fogosa…

 Olvidé la esclava y corrí tras él, pero huyó. Se volvió humo, polvo, aire, sol…

 Cansado retorné a mis habitaciones. Zafiro, mi fiel eunuco, me depositó en las manos un telegrama, lo abrí presuroso y al leerlo comprendí:

         Hola Omar

  Yo soy tú, tú eres yo. Recuerda… 2,700 años cósmicos nos faltan por vivir. Te veré en la noche a la misma hora, hasta

que te decidas aceptarme como parte de tu cuerpo y de tu mente.

                                OMAR

Fernando Muñoz Castillo

Escritor, hacedor de libros objeto, dramaturgo y director de teatro. investigador e historiador de teatro y cine. curador y museógrafo. periodista cultural. ha publicado varios libros.

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