Bienestar Espiritual

Oración

¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

“Y TÚ, ¿QUIÉN ERES?”

Padre Santísimo: En esta tibia mañanita rebosantes de gozo Te saludamos, a la vez que queremos pensar ante Ti y con toda honestidad: ¿Quiénes somos? No podemos dudar que somos Tus hijos, porque de eso estamos plenamente seguros, porque Tu propio Hijo nos lo ha revelado.

Hoy a la par que el Bautista, el más laureado de todos los profetas nos da la pauta a seguir: ¿Quién eres? ¿Eres Elías? Juan respondió: —No lo soy. —¿Eres tú el Profeta? Él contestó: —No. Entonces le dijeron: —¿Quién eres tú? Dínoslo y así podremos llevar alguna respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices sobre ti mismo? Él dijo: —Yo soy el que grita en el desierto: “¡Enderecen el camino para el Señor!” (San Juan 1: 21-23).

Padre Santísimo: Las mismas interrogantes que le hicieron al Bautista nos las diriges a nosotros: “Hijitos: ¿Y ustedes, quienes son? ¿Son como mi siervo Elías, quien era tan igual que ustedes, con pasiones, con su misma carne, con sus mismas debilidades, con sus mismas tentaciones y con su misma capacidad?

Recuerden que Elías, mi siervo, no le permití probar la muerte y la corrupción, porque le encomendé UNA MISIÓN ESPECIAL para los últimos momentos de la historia de la humanidad. ¿No pueden ser ustedes tan capaces como él de realizar maravillas en el Nombre de mi Hijo amado? ¿No pueden testimoniar mi gran poder en ustedes, en favor de muchos? La última respuesta es la que pueden llevar a cabo y a la perfección. Cada uno de ustedes, puede responder: “Yo soy el que proclama por donde camina, por donde anda, por donde vive y trabaja: ¡YO SOY LA VOZ QUE PREGONA: ¡ENDERECEN EL CAMINO DEL SEÑOR, PORQUE ESTÁ EN MEDIO DE NOSOTROS! ¡NO CAMINEN POR SENDAS EQUIVOCADAS QUE CONDUCEN A LA PERDICIÓN Y A LA MUERTE! Y ESTE MENSAJE LO HARÉ EN MI CASA Y FUERA DE ELLA, CON MI FAMILIA Y CON QUIENES ME ENCUENTRAN, PORQUE MI VOZ LA CONVIERTO EN LA EXTENSIÓN DE LA VOZ DIVINA. ¡QUIERO COLABORAR CONTIGO, OH PADRE AMADO SALVANDO A MUCHOS DE UNA VIDA SIN SENTIDO!

¡Gracias, Padre Bendito! Yo, a la par que el Bautista y Elías, no me cansaré de pregonar Tu Gran Bondad, Tu gran amor y Tu gran misericordia. ¡El tiempo que me resta, con Tu divino favor, lo dedicaré en cuerpo y alma a proclamar el año de gracia, de misericordia y de oportunidades! Amén.

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