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José Díaz Bolio: una visión sobre las casas y calles de Mérida


Alonso Gutiérrez: Retrato de José Díaz Bolio con poema “Sencillez”, óleo sobre tela.

En sus artículos periodísticos José Díaz Bolio (nacido en Mérida en 1906 y fallecido en 1998), poeta e investigador de la cultura maya, vertió opiniones críticas constructivas acerca de las condiciones ambientales de la vivienda en Yucatán y respecto a los cambios urbanísticos que estaban ocurriendo sin la debida planeación y control, con potenciales resultados dañinos.

En esta ponencia se remarcan y comentan algunas de estas observaciones, incluyendo su idea de relacionar la arquitectura y la personalidad. Los artículos de referencia pueden leerse en el sitio José Díaz-Bolio (josediazbolio.com.mx), promovido por el Patronato Pro Historia Peninsular, Prohispen.

Díaz Bolio demostraba mucha perspicacia para darse cuenta de situaciones problemáticas de tipo urbanístico y arquitectónico, derivadas en gran medida de su capacidad de observación y de sus investigaciones en los sitios arqueológicos de la Península de Yucatán y de otras regiones. Con intención propositiva, recalcaba la necesidad de observar el modo en que procedían en estos casos los antiguos pobladores de estas tierras a fin de mantener las condiciones más propicias para hacer posible lo que ahora llamamos sustentabilidad.

Utópicamente, proponía que así como se manda a hacer un traje a la medida, las casas se construyeran también a la medida del propietario, en el entendido de que sería edificada conforme a su personalidad y no como algo prefabricado. Que el ingeniero le tomara las medidas tanto materiales como espirituales y culturales. Esa personalidad haría que las casas tuvieran características conformes al temperamento de quien habría de habitarlas. Él soñaba con una torre donde pudiera instalarse con sus sueños, su pluma y sus libros. Hubiera pedido también una casa que tuviera a su biblioteca en total resguardo, por lo cual, si era necesario, él se iría a vivir a la casita del jardinero.

Sin embargo, la realidad es que las casas que se estaban construyendo de manera estandarizada distaban mucho de apegarse a la personalidad de sus moradores: casas con espacio muy reducido, pésima ventilación y limitadísimas áreas al aire libre. Don José planteaba hace 50 años esta situación nada acorde con las condiciones ambientales de esta región, pero que tristemente se han vuelto la pauta constructiva a seguir hasta nuestros días, a pesar de los estudios críticos de arquitectos y sociólogos en relación a la mala planeación de las construcciones, sobre todo las de interés social.

Luego de describir cómo eran la casa maya y la colonial, Díaz Bolio lamenta que no se consideren factores como la relación entre los materiales y la temperatura, los problemas de la radiación solar y la cuestión ergonómica de que por el insuficiente espacio las hamacas no se estiren de manera conveniente, algo que sabemos que provoca serios problemas de espalda y que en la actual reglamentación legal se toma en cuenta, aunque en la práctica se sigue ignorando. Don José es muy enfático al mencionar estos problemas: se han copiado, con perjuicio para la salud, los sistemas de construcción buenos para otros climas, pero malos para Yucatán. En la confusión creada después de desecharse el viejo estilo de construir, distinguimos como perjudiciales: a) los techos bajos y planos y vaciados de “concreto”; b) las piezas menores de cuatro metros por lado; c) el empleo de ventanas de cristal en la parte poniente. Decimos que estas características son perjudiciales porque el techo de concreto, bajo y plano calienta de un modo intolerable las habitaciones, como si fuese un tostador sobre las cabezas; las piezas pequeñas de 3.50 y 3.80 metros de lado no permiten colgar debidamente una hamaca y el habitante de la casa duerme medio encogido, y los cristales instalados en muros que miran al poniente dejan entrar la radiación solar que vuelve muy calurosas las habitaciones.

Por ello establecía una comparación con los habitantes originarios, algo que podemos considerar sensato, ya que llevaban siglos o milenios residiendo en esta región y por el proceso de transmisión generacional del conocimiento es de suponer que sabían a qué riesgos medioambientales se enfrentaban:

Los antiguos mayas, que tenían el secreto de su tierra, hacían “las casas altas” de los señores, cuyas piezas, por lo elevadas, estaban a salvo de esas corrientes rastreras de aire calentado por la piedra. Quien desee aprender algo de los mayas en ese sentido, debe visitar el templo del Sacbé en Dzibilchaltún, elevado a unos seis o siete metros sobre el suelo y con ventanas en sus cuatro costados. Es la pieza más fresca en Yucatán.

Otro tema que trató es el de las calles anegadas, los encharcamientos con el peligro que conllevaban, un verdadero azote que aún padecemos y si quieren ver una de tantas muestras penosas dense una vuelta por la esquina suroriente del Mercado de San Benito después de un aguacero. Díaz Bolio proponía en 1981 un sistema de filtrado, consistente en hacer perforaciones de unos 25 centímetros de ancho por un metro de profundidad, que corrieran junto a las escarpas -como llamamos en Yucatán a las banquetas o veredas- y que se llenaran de arena con una capa de piedra fina en la parte superior para servir de filtro a la basura y se depositasen en la arena.

Para su molestia, las zanjas que abrieron las autoridades de la época estaban tan mal hechas que ello le hizo decir:

da la impresión de que en Mérida no se sabe hacer las cosas a la altura de la civilización, sino incluso a modo de tiempos tan primitivos que habría que fijar antes del florecimiento de la civilización. Y si los mayas de Uxmal y de Labná vieran cosas tales no vacilarían en calificarnos de salvajes, ellos, que trabajaron tan espléndidamente la piedra, y no con instrumentos de hierro o acero, sino sólo con pedernal. Y nosotros, con todo el instrumental de este tiempo tecnológico, barbarizamos nuestras calles con semejantes rellenos de piedra burda, que los turistas han de ver con sorpresa y fotografiar como muestras de nuestro primitivismo.

Al menos, esos rellenos ya no existen. En cuanto a lo general, ya preveía un crecimiento incontrolado de la mancha urbana, como terminó ocurriendo, al proponer un plano regulador para Mérida, que aunque en 1972 se estaba planteando oficialmente, corría el riesgo de que fuera obra de gente que nunca había residido en Yucatán, pues don José notaba que en las colonias periféricas las casas carecían por completo de patios y tierra para sembrar aunque fuera un árbol, además de que estaban pegadas unas a otras con los consiguientes problemas de ruido, “que hacen de la vida un tormento”. Las condiciones de construcción no son extrapolables de una región a otra y por ello remarcaba que “se ha cometido el error de hacer las casas como deben hacerse en otras geografías como la de la ciudad de Méjico, que es diametralmente opuesta a la de Yucatán”.

También se refirió a la destrucción de las casas de valor arquitectónico en Mérida. En el artículo titulado “Un crimen de lesa arquitectura”, de 1975, se refiere a la demolición de una casa construida por Manuel G. Cantón -que por la ubicación en Paseo de Montejo al parecer era propiedad de su padre don José Dolores Díaz y Díaz- y pedía que se mantuviera aunque sea la fachada. Sin embargo, la casa fue demolida por completo, dentro de ese largo proceso de destrucción del Paseo de Montejo, para mayor absurdo, la arteria que más se presume en la abrumadora propaganda turística que se le hace a esta maltratada Mérida.

Las ideas de Díaz Bolio bien se pueden cotejar con las recientes de un novelista y ensayista de origen bengalí Amitav Ghosh, quien en el libro The Great Derangement (que podría traducirse como “El gran trastorno”) plantea la necesidad de observar los sitios donde los habitantes nativos construían sus casas, porque ese conocimiento milenario corresponde a un conocimiento ancestral y profundo de las condiciones climáticas y del modo de sobrellevarlas, tal como pudo constatar al cubrir periodísticamente el tsunami ocurrido en 2004, donde las casas de los nativos de Indonesia, ubicadas lejos de las costas, permanecieron prácticamente intactas. Ese autor indostano previó como inminentes los problemas que se están viviendo ahora en Pakistán, pero al igual que como ha ocurrido con las ideas de José Díaz Bolio los políticos y muchos constructores han hecho oídos sordos a estas recomendaciones y advertencias.

Tales opiniones de tema arquitectónico y urbanístico son demostrativas de una voluntad de mejorar las condiciones de la vida pública, una actitud propositiva derivada de la conjunción del conocimiento histórico y arqueológico y la experiencia personal. Estas observaciones tan vigentes sobre Mérida están al acceso en el sitio electrónico José Díaz-Bolio (josediazbolio.com.mx), donde también se podrán conocer las ideas estéticas, acerca del pasado maya y de muchos temas más, propias de la vigorosa personalidad del polígrafo y hombre sabio que fue don José Díaz Bolio.

*Ponencia leída en el Séptimo Encuentro Cultural y Literario “Mérida en la literatura y otras artes”, organizado por la UADY, la Filey y UC Mexicanistas.

Jorge Cortés Ancona

Licenciado en Derecho, con Maestría en Cultura y Literatura Contemporáneas de Hispanoamérica. Es egresado del Doctorado en Literatura de la Universidad de Sevilla con una tesis sobre teatro y boxeo, y cuenta con un DEA (equivalente de maestría) de la misma institución. Ha impartido clases y cursos en diversas instituciones educativas y culturales sobre literatura e historia de las artes visuales. Ha escrito numerosos artículos y entrevistas sobre temas culturales y figura en varias antologías de poesía.

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