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Isabel II de Windsor, una mujer que marcó la historia

Isabel II de Windsor reina de Reino Unido.

La joven princesa Isabel de Windsor, ascendió al trono del Reino Unido de la Gran Bretaña, el mismo año en que yo nací, 1952. Así que, desde que nací, Isabel era reina y así ha sido a lo largo de toda mi vida, hasta el día de hoy, que su presencia terrenal se ha ido. Me embarga un sentimiento extraño, al percibir que, alguien a quien tenías presente, como una presencia constante y natural se ha ido, y cómo que, no estabas preparado para ello. Pero mucho más allá del ámbito de mi vida, Isabel de Windsor fue una mujer con una gran trascendencia en la historia del mundo del S. XX, y una parte del S. XXI. La vida y la historia pusieron en su largo camino, una serie de sucesos y hechos de la mayor importancia, en los que, su voluntad y decisión, tuvieron consecuencias para la humanidad toda. Siempre he pensado que, para entender a la gente, es menester ponerse en sus zapatos, y es lo que trataré de hacer con la vida de Isabel de Windsor.

No soy monárquico, ni por casualidad, soy gente de izquierda vertical y bien definida, pero me gusta ser objetivo y, sobre todo, justo. La vida de Isabel hay que mirarla desde la perspectiva de un concepto del deber, desde el punto de vista de una monarquía parlamentaria, y un sentido de deberse a una comunidad, por encima de los sentimientos propios. En esos principios fue educada Isabel en el seno familiar, su padre, que no deseaba ser rey, le puso el ejemplo con su propia vida, e Isabel asumió este compromiso sobre sus hombros y marcó la ruta de su vida por largos setenta años de reinado. Este deber ineludible, no es una carga fácil de llevar a cuestas, ahí está de ejemplo su tío David, el popular Eduardo VIII, que se deslindó del peso de la corona, pero llevó una vida fácil y frívola, al lado de Wally Simpson, su esposa norteamericana, vida subvencionada por la monarquía británica. Isabel, en cambio, llevó una vida vertical y espartana, una vida estoica que tuvo que enfrentar, muchas veces contra su voluntad, a lo seres que más amaba, como su hermana Margarita, o su propio hijo, Carlos

Aún antes de ser reina, Isabel dio muestras de su amor a su patria. No hay que olvidar que, le toca enfrentar los inhumanos y terribles bombardeos a la ciudad de Londres, por las fuerzas de Hitler, y durante esos hechos terribles, la princesa Isabel y su hermana Margarita, se habían alistado como enfermeras voluntarias en un hospital de la ciudad, dónde sus vidas corrieron peligro en los ataques aéreos, y nunca se quebraron ni desertaron de este deber. Esto, el pueblo inglés lo tiene muy presente, y por eso ama profundamente a la reina. Ya como monarca, Isabel recibe duras críticas por volver a nombrar primer ministro al ya anciano Wiston Churchil, que, se decía, se dormía en las juntas del gabinete. Sin embargo, la experiencia y fortaleza moral de Churchil, fueron un baluarte en el inicio del reinado de Isabel. Juntos, Isabel y Churchil, enfrentaron crisis económicas, problemas de salud pública, y mil peripecias más, y la mancuerna salió avante de las duras pruebas. Ya sin Churchil, Isabel tuvo que sortear errores de primeros ministros, como la guerra con Egipto, o la de las Malvinas, que echaron la opinión pública contra el Reino Unido, y gracias a su moderación también salió adelante.

Última foto pública de Isabel II recibiendo a la nueva primera ministra Liz Truss.

Su familia, no abonó precisamente a la causa de Isabel. Margarita, con sus romances y matrimonios fallidos; y sus hijos también pusieron lo suyo, Carlos con sus relaciones escandalosas y su separación de Diana; los escándalos de Andrés, y luego los nietos, en especial el intemperante Harry. E Isabel, como columna de hierro, ha sido el baluarte que ha sacado siempre adelante a la familia, unida a su alrededor. Si bien su vida familiar la hizo sortear múltiples avatares, su labor como estadista tampoco fue fácil. Muchas veces estuvo en desacuerdo con Margaret Thatcher, sin embargo, supo sortear esas desavenencias y sostuvo las decisiones de la Dama de Hierro. Cosa parecida sucedió luego con John Major y Tony Blair, y fue la moderación de Isabel la que sacó adelante con esos temas delicados de estado, y que mantuvieron a Gran Bretaña como una de las primeras potencias del mundo actual. En el plano de la política universal, su figura dio estabilidad, no sólo al Reino Unido, sino al gran conglomerado de países que forman la llamada Mancomunidad, como Canadá, Australia, Nueva Guinea, Nueva Zelanda, Bahamas, Barbados, Samoa, Jamaica y Belice.

Isabel, renunció a tener una vida propia y entrego la suya en aras de un deber, más allá del deber. El peso demoledor de la corona estuvo todo el tiempo por encima de cualquier sentimiento que su alma le dictara. Y ese sacrificio de su individualidad, le llevó a ser un elemento de equilibrio respetado por la comunidad internacional toda. Isabel significó en el mundo del S. XX, un elemento de unión, de paz y de equilibrio; y esta cualidad se extendió hasta los inicios del actual siglo.

Ahora, el peso demoledor de la corona ha caído de sus hombros. Ahora, la princesa Isabel por fin podrá correr alegremente por las verdes praderas de Gales con sus amados Corgis; se podrá elevar hasta la cima de las cumbres borrascosas; podrá mirar desde lo alto sus amados páramos ingleses. La princesa Isabel de Windsor es ahora liviana y etérea, y se podrá mover y elevar ha cualquier dirección a la que la invite el viento.

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