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Una vieja y conocida anécdota

Voy a compartirles una anécdota sucedida hace varios años en nuestra Ciudad. Probablemente la gente mayor la conozca, por lo tanto, y que no por conocida es un claro ejemplo de como era nuestra Ciudad y sus costumbres por aquellos ayeres. Así que este relato, mi amigo lector va especialmente dirigido para los jóvenes que viven hoy un mundo y una realidad tan diferentes a lo de entonces como lo serian un habitante de la tierra y otro de la galaxia de Luxior.

Hoy día la industria del sexo no estaba excluida de la premisa anterior. No se había inventado el table dance, ni los puteros eran tan elegantes, sofisticados, y con tal cantidad de chicas todas ellas muy guapas. En nuestros días cualquier persona puede acudir al mejor restaurante de la Ciudad, o  ir a un concierto de la orquesta sinfónica acompañado por una de estas jovencitas sexoservidoras y nadie la miraría con cara de asombro ya que tanto su estética corporal, su estilo de vestir y su rostro son exactamente iguales  a los de una guapa mujer “decente”. Antes no era así y relatare por qué.

Para comenzar Mérida tenia 300,000 habitantes. Existía la llamada zona de tolerancia un lugar en que se ejercía la prostitución y todo lo que les rodea. Se encontraba en la calle 66 sur Amapola. Y era un microcosmos dentro del resto de la Ciudad. Una especie de Gueto. Los establecimientos eran lugares de perdición  y dentro de sus limites vivían su vida difícil las mujeres fáciles. Calle desierta de día pero en la noche cobraba vida, en cada “establecimiento” entre botellas de alcohol y humo las suripantas se la pasaban sentadas o tomando con los clientes. Obviamente vestían ropa ad doc. Ajustados vestidos de piel de leopardo , color rojo y con generosos escotes etc. etc. Y eran muy buena onda. En la zona de tolerancia existía un mercadito, el molino, la farmacia, y todo lo que se necesita para una Ciudad tan pequeña como era la hoy mítica y que ya es leyenda zona de tolerancia.

Estas falenas tenían libre un día a la semana y una periódica revisión medica. La que estuviera enferma, inmediatamente era retirada de la acción hasta su recuperación. La única protección que existía eran unos burdos preservativos que obviamente nadie usaba jamás. Dicho lo anterior pasemos a la otra Mérida.

Se realizaba el baile anual, lo máximo en el club campestre. Ahí acudían emperipoñadas y con sus mejores galas doñas coquetonas y sus hijas señoritingas. La creme de la creme eso de las once de la noche se presento a las puertas del lugar uno de los hombres mas poderosos de la entidad acompañado acompañado por una conocida mujer de la vida galante vestida con su traje de luces, léase de hetaira que era su “paquete”, “xum”, querida vamos.

Al mirar a tan singular pareja una señora dio a aviso al presidente del club quien giro ordenes al portero de que no los dejasen pasar por ser ella lo que era. “Lo siento don gran potaje, pero no puede usted entrar”- dijo el portero-  “y. porque no?”-respondió el señor, “ es que la señora es de dudosa reputación” dijo señalando a la mujer- “ de dudosa reputación? No!!! Ella no es de dudosa reputación. La señora es una gran puta. Las de dudosa reputación son esas que están adentro

Eduardo Ruiz Healy. Tienes estrabismo de cangrejo . si eres Yucateco lo entenderás. Culpa de Obrador.

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