Cultura

Palabras en la ceremonia de entrega de la Medalla Oswaldo Baqueiro López

En alguna reunión nacional de cultura celebrada en Oaxaca allá por 1995, repartía yo varios libros de poesía editados en Yucatán y un funcionario de un estado del centro de la República comentó en tono de guasa: “Mmm, poesía… En el norte del país se dedican a hacer dinero, en el centro nos dedicamos a hacer grilla y en el sur-sureste se la pasan haciendo poesía, música, pintura”, y remató con una carcajada que nadie más compartió. Una de las personas que estaban presentes le comentó: “Pues esa comparación habla muy bien del sur-sureste”, y otra persona más le dio la estocada verbal: “Quisiste hacer una burla y te salió un elogio”.

En realidad, en todo México se hace dinero y se hace grilla así como también se hace poesía, música, pintura y se viven muchísimas prácticas culturales, sean ancestrales o de tiempos más recientes. Aunque claro que hay particularidades regionales.

La cultura no es necesariamente la cara bonita de una sociedad, puesto que no toda manifestación cultural o artística tiene que conllevar una condición de belleza ni de idealismo. Tampoco cabe estereotiparla como una actividad puramente soñadora, desvinculada de la realidad social y ajena a los problemas económicos.

Por ello me parece importante que la Sedeculta le dé énfasis a través de foros, cursos, talleres y conferencias a las tareas de gestión cultural, a la necesidad de diversificar las posibilidades de financiamiento de las propuestas y los proyectos. Durante años se consideró que el mecenazgo oficial, fuese federal, estatal o de los municipios, era el factor indispensable e insustituible para iniciar y desarrollar cualquier proyecto, pero esa práctica desde hace años dejó de ser viable.

Hace 50 años un funcionario podía darse el gusto de visitar los estudios de los pintores profesionales y conversar con ellos, pues sólo eran cinco o seis. Hoy, gracias al trabajo realizado por las instituciones y la sociedad civil a lo largo de esas cinco décadas, las condiciones son radicalmente distintas, ya que el número de artistas visuales ha crecido enormemente al igual que quienes ejercen las demás disciplinas artísticas y culturales, a la vez que las nuevas tecnologías han potenciado las posibilidades de creación y difusión de las obras y proyectos.

Todos esos creadores, ejecutantes, promotores e investigadores en conjunto conforman un sector profesional integrado a la dinámica de nuestra sociedad.

En ese sentido cabe poner de relieve la aportación que hacen a la economía local quienes se dedican profesionalmente o por afición a este tipo de actividades, que no son para nada accesorias o parásitas. Las acciones relativas a producir obras de arte o literarias o a ejecutarlas o difundirlas o consumirlas por supuesto que conllevan costos y constituyen para mucha gente un medio de ganarse la vida. Son acciones de trabajo, que también contribuyen a la derrama económica de Yucatán.

Esto no significa que toda actividad cultural o artística deba ser evaluada únicamente conforme a indicadores numéricos; que la tarea cultural se reduzca a una ponderación meramente cuantitativa, cuando es fundamental considerar factores como el de la pertinencia de la propuesta, el impacto social que tendrá, las potencialidades a desarrollar, las aportaciones a futuro, el valor simbólico con que cuenta y el interés del público, con independencia de que éste sea escaso o numeroso, de que aporte recursos o no. Más allá de medir solamente la fría rutina de los resultados numéricos es necesario un entrecruce con la contribución significativa que toda acción cultural representa.

Es claro que la actividad cultural es un indicador cualitativo de la situación positiva o negativa por la que atraviesa una sociedad. Es demostrativo de un desarrollo humano y social, que enseguida detectan quienes nos visitan o nos observan desde afuera. Una región donde los recintos culturales son notorios (ya sean centros culturales, museos, bibliotecas, galerías, teatros, librerías, cafés, mercados, etc.) y funcionan de manera permanente está demostrando que tiene cuando menos una aceptable calidad de vida.

Pero además de esa infraestructura y de esa acción formal, hay que mantener los latidos de la cultura en la vivencia diaria, el hecho de que narrar historias y leyendas o tocar una guitarra o una armónica, de contar chistes o de participar en los juegos tradicionales o compartir las comidas y bebidas de esta tierra y de más allá, sean el motivo para propiciar la convivencia y la amistad entre las personas. Esa es antes que nada la cultura viva.

La cultura es un indicador cualitativo del bienestar y la confianza de una colectividad y un elemento activo de la imagen pública de un gobierno y de una sociedad, como manifestación de orden, tolerancia, educación y armonía. De ahí la fundamental toma de conciencia en cuanto a mantener la responsabilidad de los distintos órdenes de gobierno a fin de cumplir con el deber constitucional de promover los medios para la difusión y desarrollo de la cultura.

Como parte de ese panorama, en Yucatán el periodismo ha sido una piedra angular de nuestra historia desde hace más de 200 años y debe admirarse el arduo trabajo de quienes lo ejercen -sean reporteros, fotógrafos, redactores, correctores, editores, articulistas, diseñadores-, todos ellos sujetos a la actividad del día a día, bajo la presión del tiempo que se ha acelerado más aun en esta época de internet y redes sociales.  

El periodista cultural goza de la leve ventaja de que puede centrarse en la parte opinativa, que si bien concede un poco más de tiempo para escribir el artículo también obliga a la responsabilidad de ofrecer una expresión veraz, orientadora y propositiva. Ese tipo de periodismo constituye un elemento clave del devenir cultural como información, reseña, comentario y crítica.

En específico, el periodismo cultural constituye una de las más altas aportaciones de nuestra región, como fuente constante de conocimiento y proyección hacia el futuro y que nunca pierde su vigencia. En Yucatán se han hecho y se siguen haciendo actividades culturales relevantes en su técnica y en sus propuestas, pero su huella tiende a desvanecerse muy pronto, cuando ésta bien podría mantenerse en la descripción y el análisis como un precedente de otras acciones igual de válidas. De ahí la necesidad de que exista un registro periodístico donde la retroalimentación sea posible.

Me honra recibir esta medalla que lleva el nombre de don Oswaldo Baqueiro López, quien se dedicó de lleno al periodismo y a difundir la cultura, un periodista con mentalidad abierta hacia lo universal, nacional y regional, que promovió suplementos culturales y dio oportunidad a las nuevas generaciones para publicar sus escritos. En una ocasión un veterano periodista de un medio de prensa de ideología adversa a la suya, terciando en alguna conversación donde se mencionó el nombre de don Oswaldo, aseveró con firmeza: “¡Qué enemigos podría tener don Oswaldo Baqueiro si era la bondad en persona!”. Una imagen que seguramente tienen presente siempre su esposa doña Olga y Oswaldo hijo.

También me honra que antes de mí la hayan recibido personas que han dejado una huella profunda en el periodismo y en la cultura de nuestro estado.

Considero un deber expresar mi agradecimiento a quienes me han dado oportunidad de participar en medios impresos, audiovisuales y electrónicos y a quienes menciono en un orden cronológico a partir de 1990: José Antonio Castellanos, José Juan Cervera, Hernán Menéndez, Mario Menéndez Rodríguez, Raúl Maldonado Coello, Gaspar Gómez Chacón, Ariel López Tejero, Joaquín Tamayo, Faulo Sánchez Novelo, Miguel Menéndez Cámara e Hiryna Enríquez.

Agradezco en especial al escritor e historiador Emiliano Canto Mayén, por haber tenido la gentileza e iniciativa de proponerme para recibir este reconocimiento y por las amables palabras vertidas en su escrito de semblanza.

Agradezco a mi familia, incluyendo hermanos, primos, sobrinos y sobrinas nietas, porque han sido un firme y leal apoyo a lo largo de mi vida.

Asimismo, a los amigos y colegas que están acompañándome esta noche y junto con ellos a toda la comunidad cultural, artística y periodística.

Agradezco al Gobierno del Estado, a la Mtra. Loreto Villanueva Trujillo, Secretaria de la Cultura y las Artes, y al personal de la Sedeculta por su amabilidad y eficiencia en todo lo relativo a este premio y esta ceremonia.

También le doy las gracias al jurado conformado por María Teresa Mézquita Méndez, Pablo Cicero Alonso y Elena Martín López, por su decisión favorable hacia mi labor modesta pero fervorosa.

Tenemos que seguir viviendo en las artes, trabajando en la libertad de la cultura. En la cultura de este Yucatán mestizo, maya, mexicano y abierto plenamente hacia el mundo.

Muchas gracias.

Jorge Cortés Ancona

Licenciado en Derecho, con Maestría en Cultura y Literatura Contemporáneas de Hispanoamérica. Es egresado del Doctorado en Literatura de la Universidad de Sevilla con una tesis sobre teatro y boxeo, y cuenta con un DEA (equivalente de maestría) de la misma institución. Ha impartido clases y cursos en diversas instituciones educativas y culturales sobre literatura e historia de las artes visuales. Ha escrito numerosos artículos y entrevistas sobre temas culturales y figura en varias antologías de poesía.

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