Bienestar Espiritual

Oración

“EL TEMOR A DIOS ES FUENTE DE PODER”

¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

En este extraordinario amanecer, quienes nos sentimos complacidos por estar en Tu grata presencia, Te saludamos, oh Padre Santísimo, antes de que el astro rey haga su magistral aparición.

El estar unidos a Ti, nos hace sentirnos por unos instantes en ese Cielo donde la paz, el gozo, el bienestar y Tus favores, nos llevan a sentirnos temerosos de ese lugar sacratísimo, que merece todo nuestro respeto. Anque sentimos mucha confianza contigo, Padre Bendito, ¡jamás permitiremos que lo sagrado se convierta en algo común! ¡Tú mereces honra, honor, adoración, alabanza y gratitud! Ese temor santo que Te tenemos es lo mismo que un profundo respeto, porque tememos esa gloria inmensa que Te reviste de esplendor y de luz.

Nos viene a la mente el que, “Las riquezas, honra y vida,” son la remuneración de la humildad y del temor de Altísimo.” (Proverbios 22:4). Eso nos hace estar más que seguros recibir todo ello de Tus manos divinas con una actitud humilde, respetuosa y temerosa de administrar lo que Tú depositas en nuestras manos. Nosotros, acatando la directriz del Espíritu Santo, hacemos nuestra esta alabanza que brota de lo más hondo de nuestro corazón: “¡Aleluya! ¡Alabado seas Señor! ¡Dichosos quienes Te temen, oh Señor, y se deleitan en Tus mandamientos!” (Salmo 112:1).

Deleitarnos, gozarnos, saborear Tus mandamientos es lo que nos hace andar con paso firme y seguro, haciendo Tu Divina Voluntad y caminando por las sendas de Tu justicia. Cuando nuestro gozo está en vivir de acuerdo a Tus decretos, es cuando no sentimos Tu yugo pesado, sino que lo llevamos con alegría sabiendo que es la garantía de nuestra salvación.

Finalmente, “Quien teme al Señor aborrece lo malo; nosotros aborrecemos el orgullo, la arrogancia, la mala conducta y el lenguaje perverso.” (Proverbios 8:13). ¿Cómo no temer pronunciar con nuestros labios maldiciones y perversidades, cuando ellos proclaman las alabanzas, las bendiciones, las palabras de Gran Poder y el Nombre de Tu Amado Hijo? ¿No estamos pronunciando muchas veces: ¡Señor, abre nuestros labios y nuestra boca proclamará Tus alabanzas!?” ¡Perdónanos, oh Padre, porque muchas veces manchamos nuestros labios con palabras de maldición, de muerte, de enfermedad, de pobreza, de miseria, de odio y de impotencia, cuando de ellos deben salir bendiciones, gratitud, alabanzas, palabras de gran poder, palabras de vida, de alegría, de riqueza, de abundancia y de amor!

¡Bendito seas, oh Dios, que al temerte, dejamos de temer al enemigo visible e invisible, porque contigo, le hemos arrebatado su poder! Antes, le temíamos a las fuerzas del mal, ahora con Tu gracia y protección ya no les tememos, porque en Ti gozamos de inmenso poder!

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