Bienestar Espiritual

Oración

“SOMOS VASOS AGRIETADOS”

¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

¡Bendito amanecer, tengas oh Santísimo Padre! Puestos en Tu divina presencia, los que estamos ya de pie y buscando Tu Rostro, pensamos que es mucho nuestro atrevimiento de tratarte como nuestro Amigo. Tu inmensidad, Tu majestad y Tu grandeza, contrasta muchísimo con nuestra pequeñez e imperfecciones.

¡Cuán cierto es que Tú nos provocas la felicidad, mil emociones y grandes esperanzas! Esa semilla de eternidad, nos hace amar la vida, en medio de tantas y tan variadas dificultades, pero seguros de que nuestro gozo nos hace ver que todo esfuerzo vale la pena, porque al final, vendrá el éxito soñado.

La imperfección de nuestra naturaleza, ¡no es un problema! Nuestras imperfecciones son las que hacen que nuestro diario vivir sea toda una hazaña, empeñados en obtener la palma del triunfo, pero siempre movidos por Ti. El Espíritu Santo nos demuestra que, “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra que haga el bien y nunca peque.” (Eclesiastés 7:20). Padre Santo: Esa verdad la confirma otra expresión del mismo Espíritu Santo: “Porque el justo cae siete veces, y vuelve a levantarse, Pero los impíos caerán en la desgracia.” (Proverbios 24:16). ¡Nosotros Te suplicamos que aunque tengamos mil recaídas, de todas nos levantes! ¡No deseamos la MALA SUERTE del impío!

“A pesar de todo, Señor, Tú eres nuestro Padre: nosotros somos el barro, y Tú el alfarero. ¡Todos somos obra de Tu mano! (Isaías 64:8). Ante esta verdad, por Tu insistencia en amarnos, vemos que aunque seamos vasos de barro y hasta agrietados, Te complaces en usarnos, porque, afortunadamente ¡SOMOS OBRA DE TU MANO DIVINA! En pocas palabras, somos TUS HIJOS SALIDOS DE TUS MANOS DIVINAS, por lo tanto, ¡Oh Divino Alfarero! No Te resta más que usarnos para cosas grandes, para lo excelso, para lo grande, porque nos creaste para QUE LUCHEMOS EN LAS GRANDES LIDES Y SALGAMOS SIEMPRE VICTORIOSOS, AUNQUE DEFECTUOSOS.

¡ÚSANOS, OH SEÑOR, ÚSANOS! Tal como lo hiciste con Tu Amado Apóstol Pablo a quién le dijiste: “¡Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad!” ¡Solamente así y de buena gana nos gloriaremos más bien en nuestras fragilidades, para que repose sobre nosotros el poder de Cristo! Amén. Amén. Amén.*

(2ª. Corintios 12:9)

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