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Santa Lucía, un barrio génesis de la trova yucateca

El barrio de Santa Lucía, tiene una larga historia. Es el primer barrio que surge después de fundada la ciudad. A tan sólo cuatro cuadras del centro de la ciudad, en 1668, surge el barrio de Sata Lucía, originalmente fue barrio de indios, y poco después se transforma en barrio de afroamericanos, llegando incluso a tener su propio cementerio frente a la parroquia, y aledaño a los que años después serían sus soportales. El barrio se va desarrollando, y llega a tener una fisonomía propia y mus especial; ésta se completa en el S. XIX, con la construcción del llamado “Parque de los Héroes”, con un obelisco dedicado a la memoria del coronel Sebastián Molas, héroe blanco de la Guerra de Castas. Si bien el nombre oficial de la plazoleta es el de Parque de los Héroes, el habla popular lo llamó y llama, Parque de Santa Lucía, y así se le conoce hasta nuestros días. La fuerza del criterio popular, se impone siempre sobre cualquier pretensión oficial.

Los soportales, o portales, que cubren en ángulo recto dos costados de la plazoleta, guardan en su seno una profunda historia musical, pues desde inicios del S. XX, la costumbre quiso que, este rincón de la ciudad tuviera un sabor bohemio que atrajo siempre la reunión de poetas y trovadores, que, bajo sus arcos y el follaje de los huayos, dieran rienda suelta a sus estros, y de este rincón sin igual, surgiera una importante cantidad de las mejores obras de la época de oro de la trova yucateca. Los amplios corredores de arcos de medio punto y columnas de piedra labrada, dieron albergue a casas habitadas por familias de la localidad, las cuales, por las noches, sacaban a los corredores sus mecedoras, y formaban amplias tertulias familiares, a las que se agregaban los poetas y compositores. El ambiente de arte de este rincón de Mérida, resulta poco comprensible para la realidad de la vida de hoy. Por muchos años, una de las casas de esos corredores, estuvo habitada por la familia Barrera, cuyas hijas, por muchísimos años, fueron las encargadas de ornamentar con flores el altar de la Parroquia de Santa Lucía, para las ceremonias de bodas o XV años, que se efectuaran ahí.

Augusto Cárdenas Pinelo Guty.

En las inmediaciones de este rincón de Mérida, quiso el destino que vivieran varios personajes que legarían a ser figuras de la trova yucateca. En primerísimo lugar, y a tan sólo unos pasos del este parque, vivió la familia Cárdenas Pinelo, en lo que hoy es la Biblioteca Central del Estado “Manuel Cepeda Peraza”, y el hijo mayor, Augusto, llegaría a ser la figura señera de este género musical, bajo el popular apelativo de Guty. A contra esquina, vivía la familia Castaldi Gamboa, cuyo hijo, Gonzalo, “El Gallo”, arrastraba la pluma en forma afortunada, y al hacer mancuerna con su esposa, Judith Pérez Romero, también aportó a la trova alguna canción destacada. A un par de cuadras de ahí, vivían los hermanos Cámara Zavala, Fausto y Carlos Renán, popularmente conocido como “Chalín”, ambos discípulos de guitarra de Ricardo Palmerín. Palmerín, iba a casa de los Cámara Zavala a dar sus lecciones, pero Guty concurría también a la casa, y a la distancia, aprendió más que Fausto y Chalín. Un par de habitantes del barrio de Santiago, se unió profundamente a esta reunión nocturna, Ermilo Padrón López, el gran “Chispas”, y el también trovador Sérvulo Buenfil, conocido como Licho Buenfil. Ocasionalmente, este grupo se veía enriquecido por la concurrencia de otros trovadores y poetas. Esta mezcla de personajes habría de ser la raíz de una serie de las más importantes canciones de la época de oro de la trova yucateca.

Fausto y Chalín Cámara Zavala.

Existen fundadas razones para que se crea que, canciones de la importancia de “Rayito de Sol”, “Nunca”, “Para Olvidarte a Ti” o “Quisiera”, surgieron bajo los arcos de los Portales de Santa Lucía. O el extraordinario caso de “Desdén”, bolero de primerísima importancia en el género. Asienta el Profr. Luis A. Pérez Sabido que: “Licho Buenfil había escrito la música para un bolero, y una noche, después de la acostumbrada reunión en Santa Lucía, éste y Chispas Padrón se encaminaron a Santiago, barrio donde vivían ambos, y en el camino le enseña la música a Chispas, quien se pone a pensar y, en la caminata a Santiago, borda la letra de la canción inmortal. Al llegar a Santiago, estaba hecha. Así surgió “Desdén” en una caminata iniciada en Santa Lucía”. Así que, Santa Lucía, es por derecho propio cuna y génesis de lo más granado de la trova yucateca.

Ermilo Padrón López Chispas.

Por todas estas razones, no es de extrañar que, en 1965, las voluntades combinadas de un alcalde y un director de cultura del Ayuntamiento de Mérida, tomaran la histórica decisión de crear ahí los jueves por la noche, de cada semana, las ya tradicionales y popularísimas Serenatas de Santa Lucía, que constituyen ya un legado cultural inmaterial de la Blanca Ciudad de Mérida. Los nombres de Luis Pérez Sabido y Agustín Martínez de Arredondo han trascendido la historia, desde el 14 de enero de 1965, fecha en la que se efectuó la primera serenata en el parque, como continúa siendo hasta nuestros días. No hay exclusión alguna, iniciativa de uno u otro, voluntad de ambos, las Serenatas de Santa Lucía son un legado cultural sin precedentes, y en el caso de Luis Pérez Sabido, ha aportado mucho más a la cultura musical de esta tierra, en iniciativas, creaciones e investigaciones que inscriben su nombre de forma indeleble, y lo ligan indisolublemente al nombre de Santa Lucía.

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