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Lo maya no es lo yucateco

La idea de lo maya, con la que nos hemos desarrollado, pero no con la que hemos crecido, nos viene de los textos del cronista y fraile franciscano Diego de Landa, quien nada más pisar nuestro territorio ancestral, se hizo mayahablante y anduvo por allí y por allá, averiguando todos los significados de los símbolos culturales de cultura originaria de Yucatán. La acuciosidad landiana, dejó, para su posteridad, informes pormenorizados de gran cantidad de actividades, costumbres, entretenimientos y formas de alimentación de esa raza y su cultura.

En lo referente a los alimentos, los datos de Landa (Relación de las cosas de Yucatán), nunca hablan de la cochinita pibil, el relleno negro, el salpimentado, los lomitos de Valladolid, el escabeche oriental, la chicharra y el kastkan, el frijol con puerco, del potaje de x’pelon o del ib, o la carne asada a la yucateca.

¡Claro-que-no-lo-hizo! Y no podía hacerlo, porque el ganado porcino, caballar y bovino, llegó a las nuevas tierras, en las bodegas de carabelas hispanas. Así, pues, era imposible hacer surgir tal denominación como forma de sustento de los mayas ancestrales. Lo de esta raza era el maíz, los tubérculos, el venado, los animales de mar, el cacao y parte de las semillas de la flora regional.

A mediados del siglo XX, lo maya era considerado como algo de “fuchi indio”, y los terrenos de las ciudades arqueológicas eran utilizados para sembrar la milpa del campesino de aquellos tiempos, o para coger las piedras de los edificios y con ellas levantar las paredes, los muros y la albarrada de la casa propia o particular. En síntesis, hasta ese tiempo del siglo XX, había un desprecio por todo lo maya, incluyendo las cuidades arqueológicas como Dzibilchaltun, Oxkintok o Mayapan que eran montículos de piedra, y hasta las grandes ciudades como Chichén Itzá, Uxmal, o Kabah, no lucían, como al día de hoy.

Felipe Carrillo Puerto hizo intentos de volver a aquel pasado glorioso, pero fue ajusticiado. El mestizo yucateco, ese hacendado de casta, acabó con él y su “nefasta” nostalgia.

Después del carrillismo, ¿cuándo se volvió a reconsiderar la importancia de esa cultura o la necesidad de voltear a verla nuevamente? Yo diría que surgió de una confusión, y a esta, la ubicaría en la reivindicación de lo nuestro trascendental, en el gobierno de Luis Echeverría, cuya esposa recorrió el país con un nutrido grupo de mujeres, con la propuesta de rescatar y preservar toda tradición folclórica. Para ello, pidió que se fundaran grupos oficiales que bailaran las danzas antiguas de cada región. (Aprovecho para hacer una puntualización. En realidad -y objetivamente-, el Ballet Folclórico de Yucatán, se fundó gracias a doña María Esther Zuno de Echeverría, quien estuvo en el local de la Dirección General de Bellas Artes de Yucatán, donde se le hizo escuchar jaranas y se las bailaron). El gobernador de Yucatán, -según costumbre de esos tiempos-, recibió la sugerencia de fundar un ballet, como una orden y al poco tiempo se presentaba el ballet mencionado. Ese dato, ¡jamás!, lo ha mencionado el emérito investigador Luis Pérez Sabido, quien nunca utiliza los indispensables antecedentes cuando habla de asuntos de nuestro folclore. ¿Por qué así? Porque de esa manera queda como el promotor de esa agrupación. Yo estuve presente en esa visita que hizo la Primera Dama a la escuela de bellas artes.

Para mí, las expresiones mestizas fueron catalogadas, desde entonces, como mayas. Y así, bailes, comidas, vestimentas, y todo en el Yucatán actual, es maya. Ahora y aquí, hasta los spas son mayas. Pero, ¿cómo ser maya sino no se piensa ni se actúa de acuerdo a los patrones de esa raza? Por el contrario, todos hemos sido educados en el pensamiento cristiano y en los moldes traídos de ultramar.

En Yucatán no se ha detectado la importancia de ser una raza mestiza que ha dado aportaciones al mundo entero. La cochinita pibil, el mucbipollo, son un boom y la presentan como comida maya y no mestiza, que es lo que en realidad es.

En Yucatán hay música mestiza, teatro mestizo, vestimenta mestiza, entorno mestizo, y hasta una producción del campo propia del mestizaje. La cebollita de Ixil, por ejemplo, la gallina del país, nuestra manteca, el cerdo pelón y un sin número de cosas más, que nada tienen que ver con la cultura maya.

En Yucatán viven dos culturas paralelas. Nosotros los mestizos y los descendientes de los mayas. Somos dos grandes razas con portentosas expresiones culturales. Lo que sucede es que el calificativo maya se ha convertido en una divisa que deja mucho dinero, y no se ha buscado la forma de hacerlo con nuestros valores culturales mestizos.

¿Quieren una prueba de ese negocio redondo? Haga concursar un tema cualquiera y póngale el calificativo Maya, y será ganador de un premio con toda seguridad.

Ojalá en un futuro no lejano, alguien inteligente se de a la tarea de proponer lo yucateco como mestizo y no como maya, y por el contrario exponer las cosas mayas en su justa importancia y valor. Lo expresaré en algunos alimentos mayas: el dzikilpak, el dzotobichay, el polcan (o cabeza de culebra), el jororch, el chamchamito (que era de cazón y no de puerco), el pimito con ibes y cebollina y no con chicharra, el tocsel, el x´hua y otros deliciosos alimentos más.

Hay que poner lo maya como maya y lo mestizo como mestizo. ambas cosas como producto de Yucatán. eso, sí.

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