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La libertad de Salman Rushdie

Salman Rushdie concluye sus memorias en forma de novela levantando la mano para pedir un taxi. Algo tan sencillo como eso, solicitar un transporte en la vía pública, había sido imposible a lo largo de muchos años mientras estuvo condenado a muerte por el líder supremo iraní, Ruhollah Jomeini, considerado fundador de la República Islámica de su país. El ayatolá lo acusó de apóstata del islam y de blasfemo, motivos por los que convocaba a sus seguidores en todo el mundo, a través de la fetua, a su inmediata ejecución, así como de todos aquellos editores, traductores y distribuidores que estuvieran implicados con la novela “Los versos satánicos”, de la autoría de Rushdie, publicada un año antes.

Desde entonces, el escritor de origen indio, pero con nacionalidades británica y estadounidense, vivió escondido en Inglaterra con un equipo de protección policial las 24 horas del día, y con el temor constante de que algún fanático religioso pudiera atentar contra su vida o la de sus familiares. Según algunas versiones, a lo largo de ese tiempo, cambió más de cincuenta veces de domicilio, e incluso, eligió un sobrenombre para no ser identificado fácilmente. Varios de sus conocidos, involucrados en la edición de “Los versos satánicos” sufrieron atentados en distintos países, incluso, algunos de ellos fueron asesinados arteramente víctimas del fanatismo. Vivir fuera del escrutinio público, en los primeros años de la fetua, para Salman Rushdie, no era una opción.

Las memorias de Salman Rushdie se publicaron en septiembre de 2012, con el sobrenombre que precisamente usó a lo largo de su resguardo: Joseph AntonEn este ejercicio literario de autoficción no solo encontramos los motivos que originaron varias de sus novelas publicadas, sino también, parte de esa vida que tuvo que sobrellevar en la clandestinidad por tanto tiempo, ante el temor constante de la muerte. Con el humor ácido característico de su narrativa, Rushdie emprende a la par, una introspección sobre lo que supone estar amenazado por una ficción, es decir, por haber escrito una novela literaria donde parte de su propuesta estética fue reutilizar símbolos tan significativos para el islam, lo que sin duda fue origen de las discrepancias y llamamientos a venganza.

Novela de largo aliento, de abundantes páginas, el libro logra acercarnos a la vida de Joseph Anton hasta el grado de ser empáticos y palpar la angustia de perder la libertad para cuidar de sus hijos, disfrutar de su profesión como escritor, salir al cine o de paseo con su esposa en turno, e incluso, resolver problemas domésticos, como algún desperfecto en el hogar, sin permanecer escondido detrás de algún mueble para que el plomero no lo viera y así arriesgar su entorno de seguridad. Anton, comprende, entonces, que la verdadera amenaza de la fetua proferida por el ayatolá Jomeini no era la pérdida de su vida, sino la pérdida de la libertad para vivirla con serenidad, sin miedo. Es entonces que el protagonista de estas memorias, aún y con la amenaza sobre él, percibe que no puede vivir escondido para siempre, y emprende un regreso gradual pero decidido al espacio público y a su vida misma. La libertad no se regala, se toma, se repite a manera de mantra.  

Joseph Anton, poco a poco fue recuperando territorios personales y libertades. Un catalizador importante fue la literatura misma. Escribir novelas y publicar libros fue su manera de levantar el rostro para vivir con dignidad.  Y, sin embargo, como se detalla en el libro, Anton no solo lidió contra la fetua que era refrendada año con año, sino también con ese otro enemigo más cercano, otro tipo de fanatismo que juzga por pensar distinto, por atreverse a cuestionar temas

complejos como la religión o la fe. En el fondo, también estaban censurando lo más preciado que tenemos, nuestra libertad para expresarnos.  

En las últimas páginas de la novela veo a Joseph Anton levantar la mano para pedir un taxi. Y no puedo sentir menos que aflicción. Levanta la mano poco después de que agentes de seguridad le informaran que el nivel de amenaza era menor, y que ya no ameritaba protección policiaca. Años antes, las gestiones diplomáticas entre países, habían logrado un pacto para que Irán no aplicara la fetua. Un pacto entre comillas, pues el fanatismo y el terrorismo, no saben de razón ni diplomacia.  

Resulta paradójico. Salman Rushdie había encontrado en Estados Unidos un espacio idóneo para vivir sin miedo. Instalado en Nueva York, por algún tiempo, logró disfrutar de la libertad que conquistó con tanto ahínco y pesar. El 12 de agosto pasado, durante una conferencia sobre literatura, Rushdie fue atacado en pleno escenario por un joven de 24 años que logró herirlo de gravedad con un cuchillo. Pareciera que la historia de Joseph Anton no concluye, y el asunto sobre nuestra libertad, tampoco.  

El odio se propaga fácilmente. No entiende de razón. Es su opuesto. Ni el ayatolá ni el joven que atentó el mes pasado contra Rushdie han leído “Los versos satánicos”, según sus propias declaraciones. No les interesa leer. Es un odio y resentimiento que viene de lo que “dicen que dicen”, del escarnio, la difamación, la mentira y la ruindad humanas. La calumnia, repite también como un mantra el presidente de México, cuando no mancha, tizna. ¿En qué medida vivimos sumergidos entre una marea de otros fanatismos (políticos, económicos, sexuales, ideológicos, etc.), que apuestan por la calumnia y el resentimiento? ¿No a escala, la censura a la libertad de Salman Rushdie es también una censura a nuestras libertades de expresión cotidiana?

Una premisa muy clara deja el “Joseph Anton” de Salman Rushdie. A pesar de todo, no podemos vivir con miedo. Cito de la novela “¿Cómo se derrota el terrorismo? Sin aterrorizarse. Sin permitir que el miedo rija nuestra vida. Aunque uno esté asustado”. Larga vida de libertad para este extraordinario novelista.

Manuel Tejada Loría

Escritor, Gestor cultural, Licenciado en Literatura Latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán. Premio Internacional de Poesía Mérida (2016) con el poemario "Inmóvil en el viento", y Premio Estatal de Poesía "José Díaz Bolio (2015). Autor del libro "Inmóvil en el viento" (Ayuntamiento de Mérida, 2018). Coautor del libro "El éter de las esferas (Ayuntamiento de Mérida, 2006).

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