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Un tiro de dados

A pie, por las calles del centro histórico, un sonido peculiar, parecido a un repiqueteo de misteriosos tambores, llamó mi atención. Recordé la película que protagonizara años atrás el desaparecido actor y comediante Robin Williams, llamada “Jumanji”, donde los protagonistas se volvían fichas de un juego de mesa ambientada en una selva apocalíptica. Cuando los personajes tiraban los dados, se escuchaban los sonidos de tambores, a modo de llamado de guerras tribales, muy parecido a lo que de pronto escuché en aquella caminata por la ciudad. Del mismo modo en que apareció, se esfumó, quedando el barullo cotidiano de vehículos, autobuses y gente caminando por doquier. Un momento realmente extraño.
No fue, sino hasta pocos días después que, sumergido en las redes sociales, todo comenzó a cobrar sentido. El año 2024 será un año muy complejo para nuestra democracia. Se realizarán elecciones federales, y en algunas entidades federativas, también procesos electorales para elegir presidentes municipales y gobernadores. El metaverso de Mark Zuckerberg, el inventor del Facebook, parecía dar una explicación a aquellos sonidos de tambores misteriosos. “Sonidos de guerra”, pensé. Y es que Facebook se ha convertido para nuestra poca fortuna en esa ventana que antes jugaron los medios impresos de comunicación. Por ahí se van ventilando y ventaneando cuestiones que por momentos parecen jocosas, y otras, cuando la razón acude, de verdadero terror ciudadano.
Nuevas democracias y nuevas reglas. Con demasiada anticipación, las fichas de este gran juego de mesa que es nuestra democracia han comenzado a moverse, todo con miras a ese gran año de coyuntura que podría ser 2024. Y es precisamente en redes sociales, por donde todo se filtra con tremenda intención, que podemos observar entre divertidos y preocupados, el modo en que integrantes de los diversos grupos políticos comienzan a reorganizar sus fuerzas, alianzas, filias y coqueteos. Algunos, de manera discreta y ordenada, con un claro sentido de compartimentalización, en bunkers u oficina privadas, lejos del escrutinio público; otros, en mesas demasiado públicas, como las de un mercado popular, un botanero vespertino, o un café exclusivo; y algunos más, en sitios tan inusuales sin el mínimo decoro, pudor, ni discreción.
Hace algunos lustros que las ideologías de los partidos quedaron a un lado para dar paso a proyectos colectivos (y hasta individuales) que detenten y avalen el poder político e incluso económico. O, al menos, este nuevo siglo de apabullante posverdad, muestra con claridad la forma en que el sistema democrático se ha quedado anquilosado en la noción de que los partidos políticos son pesados armatostes inamovibles. El coox virar tan repudiado décadas atrás, ahora es una práctica de moneda corriente, pero que, al mismo tiempo, pretende responder a las necesidades políticas de un presente social y político tan convulso como enmascarado.
Cambios, enroques (cortos o largos), sustituciones, alianzas, y otras prácticas bullen ya en nuestra cotidianeidad a todo lo largo y ancho del estado, pero principalmente en Mérida, donde se gesta la deontología del futurismo político. Resulta cándido preguntarnos si los actores y protagonistas políticos estarán pensando en las necesidades reales de la sociedad yucateca. Resulta insulso, cuestionarnos desde hace cuánto que la política, por paradójico que suene, se ha alejado del sentir y opinión del ciudadano, de las familias, de los trabajadores. Aunque ciertamente es divertido mirar en redes sociales los dislates que este “destiempo electorero”, y las “fotitos” y “selfies” que ventanean a más de uno, también preocupa el ninguneo a la sociedad y a los electores que al final del día, terminamos sobreviviendo todas estas batallas tribales.
¿Quién defiende a los ciudadanos de esta retahíla de obscenidades y politiquerías? Deberían existir alertas ante grillas, camarillas, lobbys y cargadas; alarmas para esta mercadotecnia falaz de políticos que ambicionan posicionarse mediante entrega de apoyos, becas y concesiones. He aquí el trasfondo preocupante de este movimiento anticipado de fichas. Se requiere de un despertar cívico y consiente para realmente hacer valer nuestro derecho ciudadano. ¿Y si el tiro de dados lo diéramos los ciudadanos? Mientras tanto, resueltos a mirar nuestros ombligos y desvivirnos en redes sociales, los dados ya están, siguen girando.

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