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La edecán (Parte I)

Hace algunos años existió en Mérida un caso quees extraño en grado sumo. No habrá manera de calificarlo. Escapa a toda lógica y la protagonista era aun mas extravagante que su propia existencia. Era una mujer de 65 años perturbada de sus facultades mentales.

En el rostro se notaba sin ese experto se veía que estaba completamente loca. Sus movimientos eran tan bruscos que al caminar entre los ruidos que emitía eran de causar espanto. Y le gustaba ese juego. De pronto esta se para pegada a una pared de la manera mas inocente posible, y le extiende la mano a todo quien pasa a su lado lanzando un fuerte grito asustando a sus víctimas, en su mayoría mujeres. A los varones era raro que les haga la maniobra anterior aunque no deja de alcanzársele alguno. Mas esto entra en la normalidad de su mente alienada. Tenía la mujer varias manías y una rutina diaria.

Muy temprano se apersona en una tienda de electrodomésticos enfrente a la CFE. Ahí los empleados de la tienda le proporcionan un buen número de volantes para que reparta entre los transeúntes, a la manera de las bellas jovencitas con diminutas putifaldas que se dedican a esos menesteres que ya conocemos.

Ella es físicamente horrible, sin embargo, la gente habitual del rumbo ya se acostumbro a ella y sus volantes. Pasados unos minutos, añade a su trabajo, yo no me explico porque, un reluciente tambor. Entonces da comienzo un concierto de percusión.

Se prende tanto en la tocada que se olvida de los volantes y concentra toda su atención al instrumento. Lo hace con bastante ritmo y feiling. Sin faltar alguno todos los que están en la cola en la CFE comienzan a seguirle el ritmo con la cabeza y aplaudiendo rítmicamente. Mandando sonrisas de aprobación a la edecán, que al darse cuenta de lo anterior le mete mas sabor, coqueteando con algún admirador. Se nota a leguas que aquello le hace feliz.

Su siguiente paso es caminar dando tamborazos hasta estacionarse en una esquina. Entonces cambia de ritmo adusto toca marchas militares que sepa como aprendió. Se siente en ese momento un mexicano al grito de guerra dando ordenes con su tambor al sonor o rugir del cañón. En este caso como el lugar en que ejecuta su marcha nupcial (59 x 50)ya es bastante conocido no llama mucho la atención. Lo que si llama la atención, lo que de verdad intriga es como adquirió su preciado instrumento, ya que sus posibilidades económicas son nulas. Lo mas seguro es que alguien mas loco que ella, o algún rico de la zona lo haya comprado y regalado para burlarse de ella. Pero lo mejor del caso es que ella no se siente burlada. Se siente agradecidísima con quien se lo regalo ya que disfruta plenamente tocando su tambor vernáculo ringo Star.

PD: El chetumaleño Aguilar Camil (odia a los yucatecos) tiene el trauma del ciclón Janet y su casa con pisos de fondo de botella. Culpa de Andrés Manuel López Obrador

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