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Un fusilado dado por muerto que vivió para contarlo

Un fusilado dado por muerto que vivió para contarlo

No es una leyenda ni un chisme de los ociosos de los parques: ocurrió en Yucatán por los años 14 del siglo pasado, era la época de los zamarripazos y los golpes de estado tan comunes en aquellos tiempos revolucionarios.

Yucatán en esos tiempos tuvo varios gobernadores, o generales que hacían de gobernadores. Abundaban muertos y heridos y desfalcos por doquiera. El poder ya lo tenía en sus manos un generalote llamado Benjamín Argumedo, que claro, por el apelativo, no era de acá, el gobierno federal movía sus fichas y enviaba al ejercito por todo el país. Buscaba ponerle fin a los abusos y asesinatos y a meter en orden a los facinerosos. Argumedo se olió que pronto arribarían soldados con sus capitanes a nuestro estado y tuvo miedo.

Desfalcó al comercio y a los bancos e inventó un chisme: Yucatán no tenía que pertenecer a la República y la respuesta era el separatismo, integró una pequeña tropa con gente rebeldona que incluía hasta muchos en edad escolar y con todo ello viajarían a Halachó para detener tropas que comendaba el Gral. Salvador Alvarado, y los hechos inesperados que dieron y hubo combates en Halachó y en Blanca Flor y entre los combatientes de Agumedo se hallaba un muchacho de 15 años llamado Wenceslao Moguel quien fue capturado finalmente y fusilado en uno de los paredones del templo de Halachó.

las bazos se metieron hasta en la boca del pobre Wenceslao y lo dieron por muerto abandonándolo los soldados. Pero lo cierto es que Moguel no había fallecido de los balazos y ayudado por gente del pueblo fue rescatado y curadas sus heridas, nosotros le conocimos andando en bicicleta por las calles de Mérida y nos causó una viva impresión por su rostro semidestruido y su voz gangosa.

En esas condiciones el llamado «fusilado» vivió muchos años y tan famoso que hasta fue entrevistado en el programa neoyorkino de Ripley «Aunque Ud. no lo crea» («Belive it or now», en ingles). Cuanto al canallesco Argumedo, se dice que falleció en Europa con la mucha plata que le había estafado al tesoro público y al comercio del estado sin que jamás hubiera pisado la cárcel.

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