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El Cochero II

El hombre de blanco estaba dando su acostumbrado y vespertino paseo.  ¡cómo le gustaba llamar la atención! Ahora estaban por el rumbo de la más aristocrática colonia. El “ingeniero” love ya tenía conocimiento del sueño de chalo por tener casa propia.

¿y cuanto tienes ahorrado para la compra de tu casa amigo? “pues como cien mil pesos ingeniero, toda una vida de trabajar muy duro en esto, ya hasta amor le tengo al caballo”.

Pasaban en esos instantes por una enorme casa en construcción.

“para, para”- continuó el ingeniero, esta casa yo la estoy construyendo y por lo que veo andan muy atrasado. Inmediatamente salto del coche caminando firmemente entre el material desvanecido para la construcción. “pero que les pasa”- gritó a los asombrados albañiles- ¿no les han traído los bloques que pedí?- dijo con segura e imperativa voz. El que parecía el “Maistro” se acercó y miró al hombre. Este le sostuvo la mirada y aulló mas fuerte- que no ven que mi socio el ingeniero Cholalisa y yo, el ingeniero love, necesitamos entregar la obra en el plazo estipulado en el contrato. Hay que apurarse. No sean huevones.

Y ante la firmeza y autoridad de su tono y su presencia, luciendo el traje regional de manera tan elegante confundió a los albañiles que aligeraron su trabajo ante el ingeniero tan exigente. Hecho un vistazo a toda la construcción no sin antes advertir que se asomaría por allá más seguido.

De regreso, Chalo estaba tan orgulloso de que su cliente, su amigo, y aunque el no se diera cuenta, fuese un ingeniero de tan altos vuelos. Ese si era casa. No la pequeñísima y estrecha que el gobierno le otorgó. Pero que se le iba a hacer. La vida siempre ha sido así y seguiría siendo así. En el coche fumando una pipa el “ingeniero” mirando de reojo a Canche. “Entonces, dices que tienes cien mil pesos ahorrados mi querido Chalín”. Si señor cien mil pesos.

“Mira, para que veas como soy yo en realidad, la casa es tuya.” El cochero pareció no escuchar bien. “si, ahorrando gastos te voy aceptar los cien mil pesos, nada mas que para que la cosa sea derecha porque eso de la donación, es una bronca grande. Tu me das los cien mil pesos y la casa es tuya. Pero tenemos que ir con un abogado para que todo quede claro y legal, el cochero tenía los sesos volteados. Aquello no podía ser real. El, un indio ex campesino dueño de esa casota. Si, cabía duda el ingeniero el “ingeniero” era un ángel enviado por dios para protegerlo y ayudarlo.

Los trámites fueron cosa de nada. El “abogado” era otra bellísima persona. El dinero de la casa ya había sido entregado al ingeniero. Ahora nada mas había que pagar sus emolumentos al licenciado por las escrituras de la mansión que le serpia entregada en el plazo de tres meses. Pero sucede que el pobre chalo todo lo que tenía eran los cien mil pesos que ya había depositado.

“Déjamelo a mi, decía en voz baja el ingeniero”. Se fue a un rincón con el licenciado y le susurró algo. Al cabo de unos minutos, aviso a Chalo que habría problema. Pero tendría que entregarle al litigante su coche calesa, y su caballo. El pobre chalo no vio problema, él lo que quería es estrenar su casa. Y fue así como el infeliz Rocinante, paso a manos del ingeniero.

El día esperado por Gonzalo llegó, se dirigió en taxi con su familia a la aristocrática colona México a tomar posición de su casa, pero, la misma ya había sido ocupada por sus legítimos dueños, los duques de Salsipuedes. Miembros de la Orden de Calatrava que ya se habían establecido en la enorme y bellísima residencia.

Chalo trato por todos los medios de convencer a aquel señor de que la casa era suya.  Ante la negativa del dueño y su asombrada familia, el cochero se metió por la fuerza, amenazando de muerte aquellos burgueses que se querían robar su taza. El duque llampo a las fuerzas del orden y el infeliz chalo fue sometido a punta de madrazos.

Al siguiente día de las notas policiacas decía más o menos lo siguiente: “Ayer, alrededor de las cuatro de la tarde un sujeto se intentó introducir por la fuerza a la residencia de la familia del duque de Salsipuedes. El tipo, de nombre Gonzalo Canché alias Chalo, fue remitido a la cárcel pública y posteriormente al hospital psiquiátrico. Ya que se le diagnostico una grave perturbación de sus facultades mentales ya que insistía en decir que era dueño de la casa, se la había comprado al ingeniero amor”.

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