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La Escuela Modelo en serio peligro

El Mtro. Enrique Vidal organizó con los alumnos la defensa de la Escuela Modelo.

En la década de los 60’s, la familia Barbachano se volvió una de las más poderosas de Yucatán, y aún de México. Su actividad en la industria del turismo les lleva a fundar una aerolínea llamada Aero Maya. Esta poderosa familia adquiere de Olegario Montes Molina una pequeña casa sobre Paseo Montejo, con un enorme terreno que se extendía sobre la Av. Pérez Ponce hasta la calle 56. El extenso terreno había sido ocupado por años por una familia de agricultores coreanos, que lo rentaba para sembrar y cosechar hortalizas. En la Escuela Modelo, a este grupo de agricultores se les llamaba popularmente Los Chinos. La visión empresarial de los Barbachano les lleva a mirar por encima de su división del terreno y vislumbrar la posibilidad de añadir a éste un par de hectáreas, las de la Escuela Modelo, y con ello poseer una terreno de dimensiones fabulosas y con acceso por cuatro calles, incluido Paseo Montejo. Propiedad ideal para crear un desarrollo turístico sin precedentes en la ciudad.

Con gran diligencia investigan quienes eran los propietarios de la Escuela Modelo y se encuentran con una lista de nombres ilustres, pero ya sin el poder económico de antaño. Comienza una activa campaña de visita a estos accionistas para hacerles ver que, aquella acción adquirida por sus antepasados, y que no había rendido un solo centavo de dividendos en más de cincuenta años, podría ser una fuente inesperada y generosa de recursos, sin mover más que un dedo, el necesario para votar en la Asamblea de Escuela Modelo Sociedad Civil Particular, aprobando la venta del inmueble. Frente a este grupo de accionistas, estaba el de los modelistas, maestros y exalumnos que habían adquirido sus acciones en la campaña de oposición a las aviesas intenciones de Don Agustín Vales en 1935, y que defenderían a la escuela a capa y espada contra cualquier intento contra ella. A este grupo se les trató de convencer mediante un vil engaño. El Consejo de Administración citó al grupo de los modelistas a una junta informativa en la que se presentó el proyecto de vender el local de Paseo Montejo, y adquirir de inmediato los terrenos de la antigua hacienda “Buena Vista”, y edificar ahí una escuela con todos los adelantos más modernos.

En la junta de marras, a la que yo asistí con mi padre, se nos presentó los planos y un proyecto de un moderno edificio elaborados por el arquitecto modelista Manuel Cirerol Galán. Todo parecía muy convincente, pero los modelistas se manifestaron a favor de conservar el local que la escuela había ocupado desde su fundación en 1910. Para terminar de dar al traste con este proyecto, sucedió un hecho fortuito. Salíamos al terminar la junta, y yo observé que el presidente del Consejo de Administración había dejado olvidada una carpeta sobre la mesa; la tomé y se la entregué a Don Ramiro Casellas, quien al revisar su contenido llamó a todos a grandes voces, pues ahí se explicaba que los terrenos que se adquirirían de la hacienda se destinarían a hacer un fraccionamiento y no a la construcción de una nueva escuela. Al conocer la verdad, se toma la decisión de organizar la defensa de la escuela. A nivel estudiantil, esta defensa la encabezó el grupo de estudiantes de primero de preparatoria, comandado por los alumnos Enrique Duarte Ferrer, Erick Germon González y Jorge Rivas Cantillo. El Mtro. Enrique Vidal Herrera fue el encargado de convocar a los alumnos para asistir a la asamblea para presionar a los accionistas y que la escuela no se vendiera.

La asamblea fue convocada para el 10 de diciembre de 1966, que era sábado. Como hijos dispuestos a defender a su madre, los alumnos nos organizamos con el Mtro. Vidal. Un par de mantas fueron colgadas de las ramas de los algarrobos de la entrada; la una decía: “Los modelistas queremos conservar nuestro local. Modelistas si, traidores no”; y en la otra se leía: “Para gente sin escrúpulos más vale un Judas de plata que un crucifijo de piedra”. Bien dice el dicho que: El interés tiene pies, pues aquel sábado brotaron accionistas hasta debajo de las piedras, gente cuyo abuelo o bisabuelo había comprado una acción en 1910, y que en su vida se había parado ni siquiera cerca de la escuela, se presentó enarbolando su acción, dispuestos a votar la venta de la escuela y recibir por ello una jugosa cantidad. Al iniciar la asamblea, el presidente pretendió cerrar las puertas y hacerla a puertas cerradas, pero Ramiro Casellas se opuso violetamente y casi llegan a las manos, Ramiro argumentó que los alumnos tenían todo el derecho de seguir los acontecimientos, pues estaba en juego su educación. La asamblea se realizó a puertas abiertas.

Durante el desarrollo de la asamblea, se pronunciaron vibrantes discursos en defensa de la escuela por parte de los modelistas Jorge Novelo Vadillo, Jorge H. Aguilar y Aguilar, Carlos H. Avilés Cuevas, Atilio Cámara Zavala e Isidro Peniche Carrillo, cuyo discurso terminó con la frase: “Los modelistas no vamos a permitir que nuestra querida escuela sea destruida por vándalos”, la cual recibió una sonora aclamación de los estudiantes. Jorge Novelo les dijo a los traidores: “Señores, ustedes pueden ser dueños de los muebles, las puertas y ventanas, hasta de los pisos de este edificio, pero no de la escuela, que es toda una comunidad”, nueva aclamación estudiantil refrendó el discurso. Toco su turno a la destacada Mtra. Lucrecia Vadillo pronunciar un discurso que hizo llorar hasta a las piedras. Carlos Avilés se puso de pie y dijo: “Después de lo dicho por Lucrecita Vadillo no debería haber ni votación”. El presidente del consejo respondió: “Maestra, voy a sacar mi pañuelo para secarme las lágrimas, pero aquí venimos a tratar un negocio”, aquella frase hiriente desató la ira de los estudiantes y precipitó el resultado de la asamblea.

Si el presidente del consejo lo hubiera pensado mejor, nunca hubiera proferido esa frase desafortunada, pues la indignación de los jóvenes se volcó en acciones violentas, los estudiantes empezaron a saltar por las ventanas al interior del Salón de Actos, Erick Germon se dirigió al presidente y le gritó: “Usted no sale de aquí”. Como si esta frase fuera una señal esperada, los traidores salieron en desbandada del salón de Actos, rompiéndose así la asamblea, y no se consumó la venta de la escuela, pues habíamos sacado cuentas, y nos superaban en la votación. En el exterior se dio una ridícula corretiza de traidores por los estudiantes. Un par de ellos se pusieron pesados y se fajaron a golpes con Fidel Rodríguez Mézquita y Fernando Pinzón Flores. Uno de ellos realizó un acto infame, Jorge Vega Carrillo, sacó una pistola y parado en el camellón de Paseo Montejo, echo balas al aire, y después abordó un taxi que pasaba y se fue. El inesperado final de la asamblea, dio un margen de tiempo para organizar mejor la defensa de la escuela, pues el caso no estaba cerrado.

Desde 1935, en las asambleas de Escuela Modelo S. C. P. se vota por socio, sin importar el número de acciones que se posea. Así que encontramos el modo de defender a la escuela. Don Pepe Novelo y Don Juan N. Cuevas, tenían, Don Pepe doce acciones, y Don Juanito nueve. Así que, repartieron sus acciones entre sus esposas e hijos para multiplicar los votos. Al fin, después de varios intentos fallidos, el 10 de marzo de 1967, se llevó a cabo la asamblea, en la que, naturalmente, los modelistas tuvimos la mayoría y no se vendió la escuela a Barbachano. Nunca antes en su historia, la escuela había estado en un peligro tan real de desaparecer. La ambición es un motor perverso que mueve montañas, y este caso no fue la excepción. Aquella fue una lección para el modelismo y se tomaron medidas a nivel de los estatutos de Escuela Modelo S. C. P., para que no se repita en un futuro un caso lamentable como este.

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