Bienestar Espiritual

Oración

¡QUÉ MARAVILLOSO ES CONTAGIAR LA LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO!

¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

Saludos del corazón, Padre y Señor nuestro: Esta noche nos causó revuelo LA LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO en La Benditísima Virgen María. Al estar leyendo a San Lucas, reparamos en esto: “Tan pronto como Elisabet oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre. Entonces Elisabet, llena del Espíritu Santo, …” (San Lucas 1:42).

Tan pronto como recibe el saludo del Arcángel Gabriel, al día siguiente, muy de mañana, va a ofrecer sus servicios domésticos a su prima Elizabeth. Tan pronto como recibe esos saludos tan efusivos, queda llena del Espíritu Santo; se estremece Juan el Bautista en el seno de su madre, quien ya tenía 6 meses de gestación. Este acontecimiento nos lleva a comprender que de lo que uno abunda, de eso rebozamos contagiando a quienes nos rodean. Pero, ¡qué maravilloso es que llenos del Espíritu Santo, contagiemos a muchos! De ese bendito contagio precisamos en nuestra Iglesia y en todas nuestras familias. Muchas veces nos expresamos diciendo UNA GRAN VERDAD: ¡Nadie puede dar lo que no tiene!

Padre: ¡Haz que comprendamos todos los que en este momento estamos elevando esta oración, que nos urge la llenura del Espíritu Santo! Decimos PLENITUD, porque solo así continuaremos ese Pentecostés, que nos hará ser testigos de LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES EN ESTOS DÍAS DONDE IMPERA TANTA CONFUSIÓN QUE PROPICIA LA MALDAD, EL CRIMEN ORGANIZADO, EL TRÁFICO DE DROGAS, EL ENVENENAMIENTO DE LA JUVENTUD Y LA APARICIÓN DE GOBIERNOS DICTATORIALES QUE FOMENTAN LA MISERIA Y EL DESORDEN.

Quienes de corazón estamos desde temprana hora en comunión contigo, Padre Santo, lo hacemos porque deseamos que deje de imperar el Príncipe de las tinieblas y no se lleve consigo a esos miles y miles de jóvenes que se entrampan en las drogas, el alcohol, la pornografía, en la idolatría de la muerte, en enrolarse en las filas de la maldad, porque viven y aman la maestra de todos los vicios: la ociosidad.
¡Gracias, Padre Santísimo! ¡Cúbrenos con esa nube de la gracia para que ni de día ni de noche nos apartemos de Ti, que tanto nos amas! Amén.

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