Bienestar Espiritual

Oración: ¡Qué hermoso es vivir nuestra fe en todo!

Iglesia Ortodoxa Bienestar Espiritual

¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

Padre Bendito: En esta madrugada resuena en nuestros oídos esa expresión tan atinada y tan llena de euforia que Elizabeth le dirigió a la Virgen María: “¡Dichosa tú que has creído, porque lo que el Señor te ha dicho se cumplirá!” Y vaya que se le cumplió todo al pie de la letra. Nosotros, los que hemos madrugado, nos aplicamos esta gran verdad, porque también NOSOTROS SOMOS BIENAVENTURADOS PORQUE TAMBIÉN HEMOS CREÍDO que cumplirás Tu divina promesa en cada uno de nosotros.

Nuestra Madre Santísima, fue la primera bienaventurada en la Nueva Alianza, porque creyó en el mensaje dado por el Arcángel y por eso, el Espíritu Santo inspira a Elizabeth para que proféticamente exclame jubilosa: “—¡Bendita tú entre las mujeres, y Bendito el Hijo que darás a luz!”

Señor Bondadoso: Cuando creemos en Ti y le creemos a la Palabra de Vida de Tu Hijo Amado, Tú Te regocijas y nos aceptas como Tus amados hijos, declarándonos ¡BENDITOS ENTRE TODA LA HUMANIDAD! Al ser benditos y amados hijos Tuyos, nuestra plegaria cobra sentido y se hace tan ferviente, que el mismo Cielo se nos abre para que la lluvia de gracia sea abundantemente milagrosa.

Te agradecemos con toda el alma porque al ser aceptos y de Tu agrado, esa NUBE DE TU PRESENCIA nos cubre porque somos oración de fuego donde hasta los mismos ángeles se unen a nosotros. En esta unión caemos de rodillas para glorificarte, para escucharte, para rendirte esa espiritual adoración, porque de Ti recibimos ese aliento de vida que nos hace tener firmeza y elegancia en nuestro caminar a la eternidad.

Nos viene a la mente el ver cómo esa Gran Mujer, llegado el tiempo y sin estar en la plenitud de su ancianidad, ella misma deseaba ardientemente que Su Hijo y Su Dios se acordara de ella y la llevara a Su Reino celestial. Llena de emoción en lo más sublime de su oración, exclamó: ¡Vengan de la lejanía, apóstoles de mi Hijo y reúnanse en la Villa de Getsemaní para que sepulten mi cuerpo! Y Tú, Mi Hijo y Mi Dios, ¡ven presto a recibir mi alma!

Bendito seas, Gran Señor y Padre, porque cuando somos benditos de Ti, el vivir en la tierra nos hace suspirar por la eternidad gloriosa.

En esta oración Te suplicamos nos bendigas para que a ejemplo de la Madre de Tu amado Hijo, llenos de lo divino, hagamos de nuestra existencia un trabajo propio de quienes están enamorados y lo que hacen, lo realizan con maestría, con dedicación y con pasión, porque estamos convencidos que EL REINO DE LOS CIELOS RECLAMA GENTE DIGNA, ENTUSIASTA, LLENA DE SENSIBILIDAD, AMANTE DE LA PERFECCIÓN Y DE LO DIVINO. Amén.

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