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Desengaño cruel

Chicuelo: ¿Te sientes mal o solo me lo imagino? ¿Por qué estás como alicaído?

Tontuelo: Por la lectura.

Chicuelo: ¡Qué! Creía haber escuchado todas las excusas para no entregarse a ese voluptuoso placer, pero tú te has volado la barda.

Tontuelo: No, en serio…

Chicuelo: A ver, explícate porque no encuentro un vínculo causal entre leer y sentirte mal.

Tontuelo: Es que acabo de leer que tomar multivitaminas todos los días no evita el cáncer ni los ataques cardíacos ni los accidentes cerebrovasculares y tampoco previene una muerte prematura.

Chicuelo: Pero eso ya te lo había dicho tu suegra, que es médica, y no le hiciste caso.

Tontuelo: Porque creo que ella siempre quiere llevarme la contraria.

Chicuelo: Pues ya ves que no.

Tontuelo: Te juro que después de tomarme mi píldora diaria me sentía con más fuerza y energía e incluso más tranquilo.

Chicuelo: Bueno, ese es el efecto sicológico que prometen los que venden esos productos. ¿Sabías que las compañías que los producen son las que más invierten en publicidad para seducir a sus potenciales clientes y también que su mercado abarca a niños, jóvenes, adultos y ancianos? Supongo que efectivamente debes tomarlas si estás anémico, que no es tu caso, o bien si tienes déficit de exposición a la luz solar, que tampoco es tu caso, menos aquí en Yucatán donde hasta con la resolana casi te chamuscas.

Tontuelo: Pero dentro de lo malo hay que ver lo bueno.

Chicuelo: ¿Como qué, por ejemplo?

Tontuelo: Según leí, si bien esas sustancias no te hacen ningún bien tampoco te hacen ningún mal, ya que tu organismo las desecha. Algo es algo, ¿no?

Chicuelo: Sí, y también te vas a ahorrar una buena lana, que puedes invertir en algo más productivo.

Tontuelo: Pero tú no me debes de sermonear porque bien que te zampas todos los días tus tabletas de vitamina D y aceite de salmón noruego (Omega 3).

Chicuelo: Sí, para fortalecer mis huesos y mi sistema inmunológico.

Tontuelo: Pues déjame decirte que en la misma publicación que leí eso que tomas tampoco sirve ni para lo uno ni para lo otro.

Chicuelo: ¡No me embromes!

Tontuelo: Así como lo oyes.

Chicuelo: ¡Pasumecha! ¿Y ahora que vamos a tomar?

Tontuelo: Nada, bueno, sí, debemos tomar suficiente agua durante todo el día, tengas o no sed, comer de manera balanceada y hacer ejercicio en la medida de nuestras posibilidades.

Chicuelo: ¡Ay, Dios mío! ¿No será bueno regresar a las grajeas de víbora de cascabel o a las de aleta de tiburón?

Tontuelo: ¡Se ve que no eres nada empático con los animales!

Chicuelo: Le consultaré a tu suegra para ver qué me receta.

Tontuelo: No te va a recetar nada porque ella es partidaria de la desmedicalización.

Chicuelo: ¿Qué?

Tontuelo: Sí, milita en la corriente de los profesionales de la salud que, en vez de alentar el consumo de fármacos innecesarios, orientan a los pacientes en sentido contrario.

Chicuelo: No, pues sí que tu suegra es todo un caso. ¿Será que los grandes y medianos laboratorios ya no la invitan con todos los gastos pagados a sus seminarios o congresos en paraísos turísticos?

Tontuelo: No creo que sea por eso, pero es un hecho que se arriesga a perder clientela con esa actitud.

Chicuelo: ¿Cómo está eso?

Tontuelo: Sí, el otro día que acompañé a mi compadre al médico por primera vez puse atención a cómo interactuamos los pacientes con los médicos. Después de su chequeo, que arrojó resultados normales, el doctor le preguntó a mi compadre que cómo se sentía. Mi compadre, que está a punto de ingresar al equipo de los septuagenarios, dijo que en general estaba bien, aunque en ocasiones como que creía sentir un dolor en las articulaciones. 

Chicuelo: ¿Y qué hizo el doctor?

Tontuelo: Ni siquiera le preguntó si ese dolor era ligero o intenso o si podía tolerarlo y menos le dijo que era normal que a su edad sintiera esa molestia. Simplemente sacó su recetario, escribió el nombre de un conocido medicamento, y le dijo: tómese esto y listo.

Chicuelo: Ahora que lo dices, el otro día mi comadre me comentó que estaba chiveada con su médico familiar porque no le recetó nada, no obstante que le insistía en que necesitaba tomar un desinflamatorio o algo por el estilo para sentirse bien. Como si ella fuera la especialista.

Tontuelo: Pues así está la cosa.

Chicuelo: No cabe duda que todo está en permanente cambio.

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