CulturaEspeciales

Don Tomas Castilla

Le llaman el mal de montera que producidos a términos profanos significa tener la sangre envenenada con el gusanito de enfrentarse a un toro. Es una extraña enfermedad que ataca por igual a cualquier persona sin distinción de clase. Y es tan intensa, que quien la padece supedita todo a esa pasión. Muchas fortunas y equilibrios mentales han fenecido en aras de ella. Don tomas hombre ya maduro ya atacado por este virus a la edad de 60 años. De buena posición económica, de un dia para otro, su actitud ante la existencia dio un giro de 180 grados. Solo hablaba de toros, el ambiente que lo rodea, y aunque aficionado de toda la vida, ahora quería pasar a la práctica su obsesión.

Pronto su casa comenzó a ser frecuentada por sus nuevos amigos torerillos pobres. Aunque en el asombro de su familia. Todos ellos verdaderos golfos (gitanos se autonombraban),y que conformaban el máximo elenco de la picaresca taurina local. Capaces de cualquier cosa por ganarse unos pesos, excepción hecha de un trabajo de los llamados estables. Ellos eran artistas, el arte mas grande creado por Dios : la tauromaquia.

A las tertulias de don Tomas acudían también sus amigos de mucho dinero y que eran grandes conocedores de la fiesta brava. En aquellas reuniones se bebía y comía bien.

Inclusive don Tomas vivió un tiempo en la plaza de toros. Una casita sobre la avenida reforma. Se hablaba mucho de toros, y se magnificaban las taurinas aventuras.

Los comensales, pronto se dieron cuenta de la chifladura de don peluche, quien comentaba que si el fuera torero daría enormes faenas, y tomando una sabana daba pases al aire ante los oles de los asistentes. Entonces comenzaron la labor de poda al cerebro y a la febril imaginación de don Tomas. Toda una confabulación que en el espíritu de don Tomas se tornaba en un huracán.

La reunión dejaba un saldo de ebrios, felices de haber cultivado al viejo.

La barricada que todos formaban alrededor del nuevo “torero” se fue haciendo tan inconmensurable que al fin, después de mucha presión psicológica. Don tomas cedió. Torrearía en el próximo festival de beneficencia con otros señores aficionados prácticos.

Todo iba sobre riel. Se mando a hacer con el mejor sastre de toreros Benjamín Campos su vestido de corto. Se lo probo y mirándose al espejo se auto aprobó. El día previo al festival fueron a ver a los animales. Tocaría a don Tomas una escuálida vaquilla, que no llegaba a los doscientos kilos pero que a el le pareció de quinientos. Tragó saliva y comenzó su calvario. No debería de mostrar miedo y mucho menos echarse para atrás. Fingió serenidad. Obviamente nadie se lo creyó. Tenía tal cara de terror que hasta un niño se hubiera dado cuenta.

La noche fue un martirio, no pudo cerrar los ojos. Se imaginaba destrozada por las astas (que aun le estaban naciendo a la vaquilla) de la “bestia enorme” que tenía que torear. Vio llegar el amanecer. Temblaba. Al mirarse al espejo comprobó que era verdad lo que decían los toreros: el día de corrida la barba crece el doble.

Don tomas arribo a la plaza con su familia. El coso estaba lleno. Seis mil personas admirarían su “valentía”. Torrearía gente conocida de la localidad. Gran ambiente. En el patio de cuadrillas al amigo le daba vuelta a la mente “¿Qué hago yo aquí, como diablos me metí en esto?. De buena gana correría a mi casa. El rostro lívido, jamás había sentido tanto pánico en su vida. Temblaba como hoja al viento. Las palmaditas y el animo de los empujadores no cesaban y comenzó el festival.

La corrida transcurría normal. Toco el turno a don Tomas. Con las corvas gritando, las manos congeladas, piel color de cera, el rostro deformado por el miedo avanzo unos pasos en la arena con su capote. En esos momentos sintió algo mojado en las piernas y nalgas. Se había orinado. Vio al tendido y observó a sus amigos carcajeándose.

Lo que para el fue un terremoto, lo volvió a la realidad. Había saltado al ruedo la inofensiva y pequeña vaca despuntada. Aquello fue más de lo que podía soportar el hombre… y se desvaneció.

Cayo como fulminado por un rayo ahí mismo. Se desmayo en la arena en que tantas veces había soñado estar. El escándalo fue de pronóstico.

Nuestro personaje contaba años después a sus nietos la gran faena que realizó en un festival en la plaza de toros Mérida a un enorme toro. Producto, una vez mas (a coro) ¡del cultivo yucateco!

Pd. Este mes hace catorce años falleció el gran guitarrista Mike Manzur. El culpable Andrés Manuel López Obrador.

Deja un comentario

Botón volver arriba
error: Este contenido está protegido. Gracias.